sábado, 6 de junio de 2015

Memorias de hospital

¡Urgencias! ¡Hospital!
De pronto, arrastrada por un raro dolor
entro a este mundo de todos y de nadie,
donde estaré quién sabe cuánto tiempo
para salir cualquier hora de un día,
de pie y hacia la vida
o quietamente horizontal y ciega.

Se piensan y se sienten tantas cosas
aquí, donde el dolor, la muerte, la esperanza,
la indiferencia, el miedo,
la rabia, la injusticia y el absurdo
se acercan, se entretejen, se confunden
en una loca danza cotidiana.

Margarita Paz Paredes


lunes, 20 de abril de 2015

Loco de belleza

LOCO DE BELLEZA

Para decir un solo poema
uno solo
hay que estar loco de belleza
vivir y respirar
el aire especial que desvanece los pinos

Cuando ya rindieron su gracia
los aromos

Y las hormigas de la lluvia
transportan la noche
en paracaídas transparentes

Felipe Aldana

domingo, 19 de abril de 2015

Olga Arias: una poeta en el olvido

Tonteando en la red me topé con esta poeta nacida en Toluca pero que, por convicción propia, según la única nota de ella que hay en la red (una nota pésimamente escrita) se declaró duranguense y vivió en ese estado hasta su muerte. Poco se conoce de Olga Arias, al menos en la red se encuentran la nota ya mencionada y una biografía sucinta por parte del INBA en la que resumen todas sus publicaciones y logros. Lo otro que aparece en línea, es que bautizaron un premio estatal con su nombre y a un centro cultural, como suele suceder con muchos poetas mexicanos, la manera de recordarlos es ponerles su nombre a algo, sin que esto logre disimular en algún modo el vacío y la ignorancia respecto a su obra,

Foto: Archivo CNL-INBA
En fin, les comparto un poema suyo. Pueden leer una muestra de su obra en una compilación debida a Fredo Arias de la Canal y que, por fortuna, está disponible en línea.


ANCORA, XII

No obstante,
dramática contradicción,
la soledad me ahoga,
sus prisiones
me cercan como un cilicio,
que al herirme, me cubre
y se transmuta en mi epidermis.
Me he ido convirtiendo
en un monólogo frente al abismo
y sin embargo,
la palabra es mi salvación,
mi antorcha y mi horizonte,
con ella he construido 
la senda que recorro.
Su vuelo
me conduce a otros seres.
Es mi claraboya
por la que surge la claridad
y en la que aparecen
la codorniz y el viento.
Las hojas otoñales 
también la buscan
y de algún modo
mucho me dicen
con su sequedad de muerte.
Y así,
sincronizada a mi cárcel,
vivo un corro de sueños
que son todas las voces que me ocupan,
imágenes en espiga
que se reproducen
inventando con su danza
una red de planetas
y soy nuevamente
la que explora con el asombro vivo,
la que recorre rutas
y concibe senderos,
estupefacta de la creación
y fiel al áncora de sílabas,
más que al instrumento concertino,
mucho de ojo mágico
apenas fuente alucinante
y sin duda
yo misma acaso salva.

Olga Arias

De "Áncora", 1991.

miércoles, 8 de abril de 2015

21 [Cartas al Rey de la Cabina]

Querido Rey de la Cabina:

¿Por qué llamamos amor al amor?
Con lo que cuesta, con lo que duele,
con lo que tarda, con lo que arde,
con lo que falta, con lo que quema,
con lo que ausencia, con lo que tiene,
con lo que viene, con lo que ahueca,
con lo que silencia, con lo que canta,
con lo que arrulla, con lo que leche,
con lo que vibra, con lo que abraza,
con lo que olvida, con lo que vida,
con lo que pajarito, pajarito,
caracolito tan poco mío y de nadie.
Yo, que nunca te tendré.
Y aunque no te lleguen mis correos
te escribo,
y aunque no sepa si los lees,
te escribo.
Te escribía.

Porque voy a cerrar mi casilla, caracolito,
ya no voy a buscarte en los bares
de mi buzón de entrada,
ni en la esquina de cada mail.
Cuando una dice que se despide (lo siento ahora),
lo hace con la esperanza mágica de que...
lo hago,
con la esperanza mágica de que aparezcas,
o de que si yo corro el telón, habré sido yo,
y no tu silencio.
Por lo que es casi seguro que te busque unas veces más.
Pero ya cierro esta casilla que me cierra.
Voy a enterarme de qué trata la soledad, ahora,
y que el vacío de no tenerte, ni esperarte,
busque,
o me lleve,
o sea lo que sea.
Te amé, tanto, tanto.
Te amo, pero te amé.
Tanto.

Adiós en quien te conviertas.


Paloma

Luis María Pescetti.












viernes, 3 de abril de 2015

Poema inédito de Rubén Reches


Miro torvamente al cielo y te cubro
como un mendigo sus fósforos y su botella,
tiempo nuestro,
bosque resplandeciente del que la luz parece ya no querer huir,
precisa suma de las manos
que sin cesar trasladan agua y fuego entre tus árboles,
de los rostros que, entre tus paredes de casa infinita,
sueltan sin tregua músicas y bruma
-todos al fin y al cabo amables cántaros que sólo crecen fuera de la 
tierra,
que sólo sobre la tierra dan pupilas-,
amada caja de contables brillos y oscuridades,
jardín del instante en donde hay viejos y niños y mujeres con las que hacer sal,
luz, luz que rueda y que desnuda
o luz de las lámparas, más amiga de la voz,
tiempo nuestro, solamente nuestro,
tus costumbres son las únicas justas,
tus ciudades los supremos cofres,
tus piedras las más mudas y grises.
Jamás el universo se hallará mejor que hoy,
ni el sol pesará tan dulcemente sobre la tierra,
ni la madera estuvo así a punto de hablar,
ni duraron tanto las mariposas.
Sólo tu barro se habrá sabido negro,
sólo tus árboles habrán intentado temblar,
sólo tus flores habrán oído pisadas.
Ningún pájaro volará más ágilmente que esta lluvia
y ningún muerto pensó más que está sombra.
El débil país de todas tus palabras,
que no circunda de ningún rumor a la tierra,
hace como los otros que encendían fósforos contra el silencio,
pero se ilumina solo además con el viento.
Por vientos y perfumes y animales desvelados
siempre harán saber las noches más oscuras
que en su sótano frutas penden de ramas,
pero sólo de la tuya se habrá contado que bajó
ella misma junto a quien se confundía y asustaba
a avisarle: "¡Calma! ¡No somos los siglos esfumados!"
"¡Aquí palpo los volúmenes de oro!"
............................................................................................................
Pero nadie prepara tu defensa.
Tus vigías mendigos miran más de un instante al cielo y se duermen;
y se despiertan con la pereza de quien ha hablado con Alguien
que ya marchó sobre la hierba que cubrirá tus ciudades,
que oyó ruidos de insecto, tesoro que vas cayendo al pozo,
de cuando ya no haya pirata que te desentierre.



Rubén Reches (Buenos Aires, 1949)

jueves, 27 de noviembre de 2014

Desprendimiento

Dulzura de sentirse cada vez más lejano.
Más lejano y más vago...
Sin saber si es porque las cosas se van yendo
o es uno el que se va.
Dulzura del olvido como un rocío leve cayendo en la tiniebla...
Dulzura de sentirse limpio de toda cosa.
Dulzura de elevarse y ser como la estrella inaccesible y alta,
alumbrando en silencio...
En silencio,
¡Dios mío!...


Dulce María Loynaz


sábado, 8 de noviembre de 2014

Los estatutos del hombre



Los estatutos del hombre/ Thiago de Mello

Artículo 1.
Queda decretado que ahora vale la vida,
que ahora vale la verdad,
y que de manos dadas
trabajaremos todos por la vida verdadera.


Artículo 2.
Queda decretado que todos los días de la semana,
inclusive los martes más grises,
tienen derecho a convertirse en mañanas de domingo.

Artículo 3.
Queda decretado que, a partir de este instante,
habrá girasoles en todas las ventanas,
que los girasoles tendrán derecho
a abrirse dentro de la sombra;
y que las ventanas deben permanecer el día entero
abiertas para el verde donde crece la esperanza.

Artículo 4.
Queda decretado que el hombre
no precisará nunca más
dudar del hombre.
Que el hombre confiará en el hombre
como la palmera confía en el viento,
como el viento confía en el aire,
como el aire confía en el campo azul del cielo.

Parágrafo único:
El hombre confiará en el hombre
como un niño confía en otro niño.

Artículo 5.
Queda decretado que los hombres
están libres del yugo de la mentira.
Nunca más será preciso usar
la coraza del silencio
ni la armadura de las palabras.
El hombre se sentará a la mesa
con la mirada limpia,
porque la verdad pasará a ser servida
antes del postre.

Artículo 6.
Queda establecida, durante diez siglos,
la práctica soñada por el profeta Isaías,
y el lobo y el cordero pastarán juntos
y la comida de ambos tendrá el mismo gusto a aurora.

Artículo 7.
Por decreto irrevocable
queda establecido
el reinado permanente
de la justicia y de la claridad.
Y la alegría será una bandera generosa
para siempre enarbolada
en el alma del pueblo.

Artículo 8.
Queda decretado que el mayor dolor
siempre fue y será siempre
no poder dar amor a quien se ama,
sabiendo que es el agua
quien da a la planta el milagro de la flor.

Artículo 9.
Queda permitido que el pan de cada día
tenga en el hombre la señal de su sudor.
Pero que sobre todo tenga siempre
el caliente sabor de la ternura.

Artículo 10.
Queda permitido a cualquier persona,
a cualquier hora de la vida,
el uso del traje blanco.

Artículo 11.
Queda decretado, por definición,
que el hombre es un animal que ama,
y que por eso es bello,
mucho más bello que la estrella de la mañana.

Artículo 12.
Decrétese que nada estará obligado ni prohibido.
Todo será permitido.

jueves, 30 de octubre de 2014

Hoy dejó de caminar mi padre


El destino no termina de sustraer mi ánimo
La relatividad de las noticias 
se encapsula en sus dos piernas
en el sueño de los encadenados
por la lepra moderna.
Y aún continúa su espalda corintia
exenta de la pátina cancerosa
El pecho no se define
Nunca se termina de
estar triste
a eso se resume
la alegría.

Arely Jiménez

De "La noche es otra sombra", Premios Universitarios 2008-2012, Universidad Autónoma de Aguascalientes.

martes, 21 de octubre de 2014

¿De qué hablamos cuando hablamos del tiempo?



De qué hablamos cuando hablamos del tiempo
De qué hablamos cuando decimos
esto, aquello, lo otro, lo que siempre regresa,
lo que se va y no vuelve.
Las palabras se dicen aquí, en este momento
y retornan a su eterno sistema de silencio.

Y qué es el silencio…
el silencio es un brazo que se aleja,
la llama que se extingue,
las cenizas del fuego.

Y también es la tierra y el cielo,
el árbol y la lluvia,
cuando aún no han sido nombrados
y esperan existir en los labios humanos

Y hablamos y decimos
tiempo
y esto, aquello y lo otro.
Y al renacer en nombre
enmudecen las fuentes,
y se callan los ríos…

En el fondo del alma
hay un mar de silencio.


Teresa Martín Taffarel

lunes, 20 de octubre de 2014

Escribir el instante

Escribir el instante
que no es poco.
Inventarlo, intentarlo
con palabras indóciles.
Acomodar los signos
en desacuerdo con el día.
Saber un poco más
o un poco menos.
Y adivinar que mañana
habrá otro borrador indescifrable.

Teresa Martin Taffarel