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lunes, 27 de octubre de 2025

La correa de Ada Limón


Lek Chan

Después del parto de bombas de horcas y miedo,

las frenéticas armas automáticas desplegadas,

el rocío de balas en una multitud cogida de manos,

ese crudo cielo abriéndose en fauces pizarra metalizado 

que sólo se tragan lo indecible en cada uno de nosotros,

¿qué queda? Hasta el río escondido en ningún lado

es de un anaranjado venenoso y ácido por una mina de carbón.

¿Cómo puedes no temerle a la humanidad, querer lamer el fondo 

del arroyo hasta dejarlo seco, succionar el agua mortífera con tus

propios pulmones, como veneno? Lector, quiero decir: No mueras.

Aun cuando uno tras otro pez plateado emerja boca arriba, 

y el país caiga en picada en un cráter crepitante de odio, 

¿no queda acaso algo que todavía canta? La verdad: no lo sé.

Pero a veces, te juro que lo oigo, la herida cerrándose

como una puerta de garaje oxidada, y aún puedo mover

mis extremidades vivas en el mundo sin mucho sufrimiento,

puedo asombrarme todavía de cómo corre la perra hasta las 

camionetas como alma que lleva el diablo, porque cree que los ama,

porque está segura, sin duda alguna, de que eso que ruge fuerte 

la amará de vuelta, su mansa naturaleza viva de deseo por 

compartir su maldito entusiasmo, hasta que tiro de la correa para 

salvarla porque quiero que sobreviva para siempre. No mueras, 

digoy decidimos caminar un rato más, los estorninos febriles 

en lo alto sobre nosotras, el invierno viniendo a acostar su frío 

cadáver en esta pequeña parcela. Quizá nos la pasamos siempre 

lanzando nuestro cuerpo hacia aquello que nos ha de destruir, 

mendigándole amor al raudo paso del tiempo, y quizás, 

como la obediente perra a mis talones, podemos caminar juntos

tranquilamente, al menos hasta que pase la próxima camioneta.

domingo, 25 de diciembre de 2022

Antes de navidad de Landis Everson


 Casi llegaba el primer reno

enviado al polo norte en un vagón

desde Laponia

pero un juguete de un reno

llegó primero. 


Un duende inventó el juguete por su cuenta. 

Era el favorito de Santa. No sabía que los renos

ya existían.


Desanimado, el duende estuvo

a punto de destruirlo

pero apareció Santa envuelto por la nieve.

Le dijo: "Usaré un reno real para mi carruaje

siempre bajo el yugo del que tú creaste". 


Esa noche los engranajes que hacían girar 

el Polo se detuvieron y dieron la vuelta al otro lado.

Y así sería. 


Mi amor es un juguete esperando

a que un reno me lleve consigo. 


Poema original en inglés: Landis Everson

Traducción: Arely Jiménez

Ilustración: Arely Jiménez

domingo, 11 de diciembre de 2022

Oda al pene de Cristina Peri Rossi




No es posible tener muy buena opinión
de un órgano membranoso
que se pliega y se despliega
sin tener en cuenta
la voluntad de su dueño.
Que no responde con la razón
que hace el ridículo cuando menos lo esperas
o se pone soberbio
cuando habías decidido mostrarte tímido.
No es posible tener muy buena opinión
de los misiles
ni de los obeliscos de las ciudades
ni de las bombas testiculares.
No se puede estar muy orgulloso
de un órgano de requerimientos tan imperiosos
que obliga a ocultas manipulaciones
a solitarios deseos
o a rápidas penetraciones en turbios cuchitriles
pagando lo menos posible.

Sublímalo querido,
pinta cuadros
escribe libros
preséntate a diputado
escribe letras de rock
compra acciones en la bolsa
todo, todo, para olvidar
esa oprobiosa sumisión
a un órgano que no puedes gobernar,
que no controlas. 

lunes, 30 de mayo de 2022

Diez años escribiendo poesía



Mi primera invitación para colaborar en Circulo de Poesía, revista de renombre a nivel nacional en el ámbito poético, la recibí alrededor del 2013 o 2014. En ese momento rehice varias veces la selección, hasta que, probablemente, agoté la paciencia de quién me había invitado a publicar. Estaba muy insegura de mi voz poética porque recién la había encontrado, yo que me había decantado casi toda mi vida por la narrativa y aún hoy es uno de mis géneros preferidos para transmitir emociones complejas, situaciones complejas, angulosas y apabullantes que solo la riqueza de un narrador y los elementos narratológicos me permitirían transmitir a través de sus máscaras. Han pasado diez años de que escribí mi primer poemario, en aquel primer semestre del 2012, poco después de que mi padre había sido diagnosticado con un cáncer letal en sus músculos. Me recuerdo llorando en la biblioteca de la universidad. Me recuerdo leyendo a Dolores Castro, a Sabines. 

Ese año fui seleccionada por la Fundación para las Letras Mexicanas en el género de cuento, y viajé a Xalapa dejando atrás a mi padre enfermo. En ese momento, él estaba orgulloso de mí, organizó mi viaje. Era la única persona de Aguascalientes que iba. Para ese entonces, solo tres personas habían ganado esa beca, contándome. Ahora me da gusto de ver a las nuevas generaciones de escritores en Aguascalientes asistiendo al curso nuevamente. 

Después de estar en Estridentopolis, y gracias a las maravillosas clases de poesía que recibí allí, y de escuchar a un lado mío a Xel-Ha López leer un poema; regresé con un montón de poemas escritos a mi padre y su enfermedad, también a su inminente muerte. Ese montón de poemas se convertirían en un poemario llamado La noche es otra sombra, y que después del entierro de mi padre, de quedarnos sin recursos económicos en la familia, me daría una remuneración económica. Luego vendría más poesía, hasta que en octubre de 2014, me enteré de que estaba enferma de algo mortal. Mis riñones ya no funcionaban, les quedaba solo un 15% de su función. 

Saberme enferma fue y es aún un proceso complicado. Las enfermedades crecen con nosotros y son nuestras compañeras. Siempre he sentido una conexión especial con mi padre desde que supe que también podía morir pronto, y al mismo tiempo me empapé de toda la poesía y literatura que encontré sobre el tema. Diez años de aprender y reaprender, de hacer la poesía mi proyecto espiritual, mi aliada para conversar con el mundo. Aprender a vivir sola, el primer gozo de la independencia, el dolor de perder catéteres y saberme cada día un poco más enferma, la primera vez que vi morir a mi lado a una paciente, mi máquina como una ballena, yo como una sirena dentro de la clinica, cada día reteniendo más agua o menos agua, domar mi sed. Han sido tantas cosas que he dejado plasmadas allí, la ruptura con mi actual expareja, la ruptura de mi primer novio de años, cosas que no pensé que fueran a darse en mi vida, en mi cuerpo, y a pesar del dolor que me provocaron, las agradezco. Tanta hermosa vida, a veces imagino que abro los clamps de mis catéteres y en vez de sangre solo saldrán palabras. 

Esta vez nadie me invitó a publicar, gracias a la ayuda de un amigo, mandé mis textos a valoración. La selección fue hilada: la muerte de mi padre, Xalapa como un lugar que siempre me ha servido de centro del mundo, así como cierta estación lo era para Dalí, allí me pienso fuera y dentro de mí misma. Hace unas semanas rechacé una oferta laboral allá, porque sé que me voy a trasplantar en Aguascalientes y desde Aguascalientes. Todavía tengo muchos pendientes aquí, quiero pasar de sirena a mariposa pero con paciencia. Y finalmente, mi enfermedad, mi certeza de que saldré adelante. 

Fue muy hermoso, estoy muy contenta. Les dejo el link por si gustan leer la selección. Gracias a la vida y a las personas en mi camino. Gracias a mi enfermedad, que ha sido y sigue siendo mi maestra. 


Poesía mexicana: Arely Jiménez – Circulo de Poesía (circulodepoesia.com)

sábado, 7 de mayo de 2022

Continuidad de los finales


Ilustración: María Conejo



Para W.

 

No sé cómo se construyen los finales.

Ayer volví noche a la casa

y encontré unas semillas que dejaste

aquellos días que estabas aquí fumando hierba

o cigarrillos.

Siempre en tu mano tan delgada y larga una cerveza,

algunos días, el agua de fruta que te preparaba.

Aunque yo no pudiera tomar agua

pero tomaba a tu lado, un poco.

Tomé un poco también de cerveza.

También fumé dos que tres cigarros.

Quisiera regar todas las semillas en mi cama

y formar tu cuerpo o traer el verde de tus ojos.

Ya no es posible, las tiro a la basura.

Esa foto tuya en la playa

con los pocos tótems donde deposité mi amor:

una pluma, un sol, una luna, una piedra preciosa,

me dejó cálido el corazón.

No sé cómo se construyen los finales,

pero una noche nos abrazamos

y no mentí al decirte

que te quería con todo y tus defectos.

 

 

 

domingo, 18 de julio de 2021

Un poema de Tilsa Otta

Gemma Capdevila

 


Uno sabe dónde debe estar

             como el mar
estás aquí
                           y luego               allá
      te acercas                                              te alejas
                                                                                                      abrazas
             y sueltas
creces                                    como                                el                                  mar
                                                              que empezó
             como una persona
sola

 

 


Hojas en llamas de Louise Glück


Las hojas muertas atrapan el fuego rápidamente

y también así se queman, en poco tiempo

cambian de ser algo a ser nada.


Mediodía. El cielo impasible, azul,

bajo el fuego, hay tierra gris. 


Qué pronto desaparece todo, qué rápido

el humo se aclara. 

Y donde había una pila de hojas,

surge un vacío que de pronto parece vasto. 


Cruzando el camino, un chico está mirando.

Permanece largo rato viendo las hojas arder. 

Tal vez así es como descubres que la tierra está muerta,

al incendiarse.

sábado, 26 de mayo de 2018

EL REGRESO de Robin Myers

Carmen Hui


Ésta es la calle donde tu madre te dio a luz.
Ésta es la llave que perdiste en la nieve, y éste es el abrigo que usaste para buscarla.
Ésta es la manera en la que se ve el cielo desde un avión la mañana en que huiste de casa. 
Éste es el lugar que pensabas nunca abandonar.
Éste es el sándwich que comiste en la escalinata de la iglesia, las migas que lanzaste a las palomas. 
Ésta es la funda de almohada que tu cabello delinea. 
Éste es el verano.
Éste es el continente que cruzaste, la carta que metiste a la lavadora por accidente, el cuchillo de cocina
que salpicaste de sangre cuando a solas cortabas una cebolla.
Éste es el asombro al reconocer a un amigo por su tos desde la otra habitación. 
Esto, a pesar de que estés dormido, es un ratón bajo el piso de madera y la luz que se esparce por las
rendijas, y estas son las sombras sobre la columna de una espalda que se gira.
Esto es casi lo que quieres decir.
Esto es alguien que toca a Brahms bajo las escaleras, el vaso de agua que tiembla sobre el piano, se
derrama.
Esto es ira, clases de manejo, un año en tu vida; ésta es la parada de autobús, las sábanas, la onda de
calor; estos son los fuegos artificiales que viste desde lejos y que mudos se abrieron como flores en una
colina oscura.
Esto es la manera en que observas a la gente en el tren y la extrañas. 
Esto es la fe que pones en el nudo de la cuerda
que estás escalando, y estos son tus dedos, calientes y despellejados.
Esto no es una excusa. 
Esto es el océano dentro de una concha. 
Esto es el océano.
Esto es, al parecer, a lo que hemos llegado.
Esto eres tú, si regresas.
Esto eres tú si no regresas.

Robin Myers

Traducción de Jesús Carmona-Robles


Más traducciones de Jesús Carmona-Robles: aquí. 
Más de Carmen Hui: aquí

martes, 27 de junio de 2017

Tres poemas de Goethe




UNO Y TODO

Por encontrar un mundo sin fronteras,
en que nada será nunca bastante,
lo limitado se disuelve a gusto;
en vez de vago anhelo, querer firme;
no un humilde pedir, sino un derecho;
entregarse a sí mismo es un placer.

Alma del mundo, ven a traspasarnos.
Que fundirse a tu espíritu abrazados
será nuestro ejercicio entero y alto.
Hacia ti se dirigen los mejores,
y hacia ti nos señalan los más sabios,
a ti que creas y recreas todo.

Y en este recrear lo ya creado,
para evitar que rígido se vuelva,
hay una eterna y viva actividad.
Lo que una vez no fue, ya existe ahora,
los claros soles, las vistosas tierras,
sin excepción ni trampa es esta ley.

Debemos, pues, obrar y transformarnos,
y, encontrada la forma, hay que cambiarla.
Que algo perdure es solo una apariencia,
porque lo eterno eternamente cambia.
Así, pues, en la nada todo cae,
pues todo por seguir siendo, suspira.



UN SENTIMIENTO HUMANO

Oh, dioses, grandes dioses
del alto firmamento.
Si nos diéseis aquí,
sobre esta dura tierra,
la firme voluntad
y el claro entendimiento,
tranquilos os dejáramos
disfrutando,
oh benditos
de vuestros anchos cielos.


NORMA DE VIDA

Si quieres ser feliz,
olvida lo pasado,
y si te ves desnudo
hazte de cuenta que acabas de nacer.
A cada nuevo día pregúntale qué quiere,
y cada nuevo día lo dirá.
Sean tus propios trabajos tu alegría,
y alégrate también con los de otros,
que el primer bien es no sentir envidia.
Y deja a Dios el resto.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Más poemas para la madre



MADRE

Madre nuestra
Que estás en cualquier parte
Recuerda que también
nosotras nacimos como tus hijas
Y que nunca hemos sido amadas.

Fuimos desterradas del Padre
Ganándonos cada día
Con el trabajo del cuerpo
El pan, la ropa y las cobijas.

Nunca santificaremos nada
Porque también en el cielo hemos sido
rechazadas

No tendremos nunca el reino
Porque por malas, sucias, adúlteras y
pecadoras
Ya fuimos estigmatizadas

¿Qué más da, si nos queda voluntad?
Poco o nada como opción tenemos ya
Ni el cielo ni la tierra serán nuestra morada

Líbranos del mal, de sabernos humanas
Y que de vanidad de pensar
Que para este mundo
Somos necesarias.
Amén.


NURYA GONZÁLEZ RUIZ





TRAZOS PARA UN RECUERDO

A mi madre


Cuando más me parezco a lo que es la ceniza –sólo gris despedida, disuelta sequedad– humedezco mi boca envejecida por nombres y palabras en una, en una sola siempre joven, como en un vaso de agua matinal. Esa palabra viene como la primavera, con dos manos azules, para tocar el sitio donde todo lo verde tiene puesta su verde memoria de volver. Y es como una de esas mañanas caídas de repente, como una loca y total claridad que devuelve los árboles, encalla en los espejos, sacude la hierba del polvo oscuro de la noche y tiende en el cielo brazadas de nubes para que una niña piense: “La ropa de los ángeles limpia y puesta a secar”. (Eso era lo que pensaba aquella niña de otro tiempo y otro lugar VI que tenía un perro oscuro, una yegua blanca y casi ningún motivo para llorar.) Esa palabra se llama agua, se llama tierra, se llama hilo y manzana, es la rana en medio de la charca y es aquel árbol y su manera de cantar. Es también la flor que estuvo en el prado abierta y misteriosa, como una verdad. ¿De dónde viene el húmedo estribillo que entreabre los tréboles con su olor a verano? No lo sé. Y aquí está. Con aquel gran gato dorado como un ovillo de sol. Con aquel pez jugando a que ardía bajo el agua y cruzaba rayando de granada su sala de cristal. Si yo pudiera decir esa palabra todo me rescatara del invierno, todo me lavara de esta sal. Sé que está allí donde ella estaba y ya no está. Sé que está allí donde me arrepiento y no quisiera haber hecho el mal. Sé que está en la memoria de mi alma y está bajo una piedra que no quiero mirar. Sé que está donde se hacen mis lágrimas donde se alzó mi casa, donde mi hermano canta cuando tengo otra edad y no pienso en la muerte y ato los días como un ramo de flores y los pongo en mi delantal. Sé que está entre unos libros viejos y una tenue escritura y un retrato de niebla, y una lección de música, y unos domingos claros, y unas alas de polvo, y unas matas de mirto, y un enterrado aroma de albahacas y de azar. Sé que está entre unas manos que me quisieron y ya no he de tocar. En todo lo que amo, en eso que me duele y tiene la forma de mi soledad. Es el rostro del eco. La espalda de la dicha. Es un camino que sólo lleva hacia atrás. Y que me voy, me hechiza y me detiene y me quiere llevar allá donde yo jugaba y mis perros corrían y la vida nunca se iba a acabar. Aquí estoy. Donde no hay más adelante y tampoco se puede regresar. Con la palabra entre unos labios que ya no la saben pronunciar. ¿Qué hago con estas flores secas en la mano? ¿Qué hago ante esta casa demolida, ante esta puerta de sal, ya caída y para siempre sellada, por donde nadie más entrará? Muchos ojos me han olvidado. Ojos me han olvidado. Ojos que yo cerré como ha cerrado el tiempo el ojo de este umbral. Detrás de mí, la muerte. Y delante también. Siento que no conozco a nadie de esta hora, que todos acaban de llegar.


MARGARITA MICHELENA





CASA EN RUINAS (fragmento)


En la última carta que escribí a mi madre no sé cómo con qué signos pero le hablé del árbol que plantamos No espero una respuesta si acaso yo pudiera desear algo sería una foto suya Pero le hablé del árbol y de su gris contorno contra el cielo de la bondad con que calla de la amargura con que se va dejando morir y mi instinto me dice él, que siempre responde aunque no lo espere, que por la tarde dentro de algunos meses mi madre tomará la carta y sabrá de toda la desesperación con que la extraño.

ARLETTE LUÉVANO






A TUS PIES OFRENDO MADRE...

A tus pies ofrendo Madre la servidumbre de mis reproches quémala la carcoma de repetirme en la misma letanía de dolor quémala la turbia resaca de remordimientos quémala la viciosa costumbre de esperar lo improbable quémala la excusa del miedo que paraliza cobarde quémala la bastarda disculpa del amor rechazado quémala la mezquina astucia de apresar el tiempo quémala la distorsión que se juzga fiel certera quémala la calculada incapacidad de reparar el daño quémala quema las escorias que lazan mi vuelo y bendice Madre lo que aún me queda por andar…


ESTHER SELIGSON

sábado, 8 de abril de 2017

Insectario de Hernán Miranda


Rafael Trelles, Ensayo de Gregorio Samsa.



Yo me enamoré una vez de una muchacha maravillosa
y los dos preferíamos los vanos de las puertas,
los rincones más oscuros de los cines,
de las plazas públicas.
Huíamos de la luz como los fantasmas que éramos en realidad
y esperábamos la noche
y apagábamos todas las luces para hacernos el amor.
Yo gustaba de recorrer todo su cuerpo
centímetro a centímetro
como un escarabajo por las habitaciones en tinieblas.
Y ella tenaz y laboriosa como ninguna
tejía y destejía en silencio su tela sobre mis labios.
Un día nos equivocaríamos de grieta
o la luz del día nos ahuyentó en opuestas direcciones
y nos perdimos de vista entre la multitud.

De ese tiempo,
mi sensación de llevar antenas en la frente
y los ojos facetados.

De ese tiempo,
mis pestañas sensibles a la luz del sol
y mi forma de andar
de insecto extraviado entre los hombres.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Poema para leer de pie en el autobús entre la puerta Flaminia y el Tritone de Jorge Eduardo Eielson




puedo escribir
así
de ti
contigo
sin ti
tal vez
silbando
como quien no
quiere nada
nada nada nada nada nada nada
o llorando
o comiendo
o bebiendo
o muerto de hambre
resfriado
estornudando
gritando
criatura
que no canto
no pido
no deseo
sino un poco
de alegria
muñeco de las causas
imposibles
monstruo que el rayo ha convertido
en una sonrisa
puedo escribir así
sobre ti
y sobre mí
y nada más
qué tristeza
tú y yo
y nada más
y las calles doradas
de roma
y tú y yo
y nada más
y qué más puede haber
de tú y yo
y los ojos celestes
de roma además
pero qué inútil
tanta luz
entre dos
qué tristeza
tú y yo
y nada más
qué tristeza
escribir y escribir y escribir y escribir
de los dos
hay que ver
prueben
qué harían ustedes
en situaciones tan horrendas
en una habitación tan oscura
sin puertas y sin ventanas
pero claveteada por dentro
sellada por fuera
completamente cubierta de flores perfumadas
crisantemos los nardos y otras flores semejantes
una especie de sarcófago en suma
y qué harían ustedes
qué harían
si tuviera una pierna
en lugar de una nariz
y caminaran con ella
día y noche al pie del tíber
pidiendo limosnas a las nubes
desenterrando objetos llameantes
buscando a dios entre las patas
de una mesa
qué harían
a ver
qué harían entonces
seres con rabo
que la sombra ha pisoteado
respondan temerosos
oh piadosos
maquinarias de rodillas
ante el gran dios fiat
si todo desapareciera bruscamente
por el ojo de la cerradura
del hotel ripetta
o ardieran vuestras propiedades
en un futuro silencio
de uranio
o llovieran carne y huesos
en el vaticano
escupieran pájaros los niños
cruzaran balas
deslumbrantes
flechas
de inusitado poder
afrodisiaco y purgante
y algo más
todavía
yo estúpido animal
avanzo siempre siempre
sin embargo
avanzo siempre siempre
hasta los últimos rincones
donde se orina el sol
se orina la luna llena
se orinan los borrachos
vocifera la mierda
aúlla la soledad
criaturas que arrastráis
un solo
largo
llanto
no tengo nada
nada qué ofreceros
ésta es la realidad
mi vida es humo
humo mi casa
y mis amigos
no reconozco
las dos huellas de mis pies
ni mis rodillas
en la arena
pero miro finalmente
el cielo arriba
el cielo abajo
arriba
abajo
arriba finalmente
fijamente
sin temor
ya no por el hueco
de la cerradura
por donde miraba entonces
¿recuerdas pobre jorge?
a la puta del hotel
ripetta
creyendo que era celeste
ella también
magnitud ígnea
meteoro cuya caída
es el perfume
cuya memoria
es la memoria
de una joven en el trigo
y no era sino un hocico
pintado
dos bolsas de trapo
tres bolsas de trapo
seis bolsas de trapo
y un estómago sonoro
sonrío ahora ya
finalmente
he aquí mi oficio
pero cúanto me ha costado
he convertido en agua
mi paciencia
en pan
mi soledad
doy de comer
a los muros
de beber
a las sillas
me quema todo
y todo me congela
no sé leer
ni escribir
ni contar
y lo que es claro para todos
para mí es tinieblas
no sirvo para nada
ni para conversar
conmigo mismo
ni para devorar
la televisión
o el cine
no sirvo para nada
nada soy
esto lo sé
pero cuando me despierto
cosa que hago siempre
antes que los demás
las estaciones brillan
y cuando estoy dormido
es el invierno
generalmente además
soy más alto de día
que de noche
aunque alto no sea
(yo no sé por qué
mi madre hablaba siempre
de mi padre
como de un caballo
grande y silencioso
como un perro
o de un perro grande
y silencioso
como un caballo
la verdad es que mi padre
era tan alto
y encendido
que me era difícil mirarlo
y cuando lo miraba
me caía el sol en la garganta)
pero de nada sirve
de nada sirve escribir
siempre sobre sí mismo
o de lo que no se tiene
o se recuerda solamente
o se desea solamente
yo no tengo nada
nada repito
nada que ofreceros
nada bueno sin duda
ni nada malo tampoco
nada en la mirada
nada en la garganta
nada entre los brazos
nada en los bolsillos
ni en el pensamiento
sino mi corazón sonando alto alto
entre las nubes
como un cañonazo.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Somos pasto donde la luz madura de Enriqueta Ochoa




En esta momentánea eternidad
alzaste el corazón y lo sajó el tiempo.
Todo se va de paso, en su justo segundo.
Se llena un mismo sitio de improviso;
luego sigue su curso el agua
que colma de infinito
y nos arrastra hacia esa suerte ignota
que hoy te desmiembra el nervio
y arranca el grito de cierva vulnerada.

¡Qué fugaces, qué solos,
qué iguales, Señor mío!

Descansa,
reclina la tensión de arco en lágrimas,
sobre el callo de mi corazón ciego y remendado.
Manará, si allí escarbas con tino,
algún hilo de miel;
y desde este mirador verás tan viejo al mundo,
pero viejo adorable,
trastabillando, ebrio de soledad,
por la zanja de una abismal herida;
perdido en el galgo oscuro
de sus zapatos rotos.
O bien,
tan niños como una hoja en blanco
astronauta vestido de rocío
paciendo entre la hierba de los astros;
girando en la ruleta del espacio.
La cosmonave Soyus, hoy en órbita,
mañana en posesión, tal vez.
Así, viejo y joven el mundo
sin moverse pasa.
Con el pie en el estribo, rumbo a la muerte
llegamos:
cuestas, túneles, empinadas planicies...
Silba el tren,
se agita el pañuelo desgarrado que somos.
Vamos muertos en pie,
la sangre hundida;
muertos a golpe de silencio,
pero frenéticos, pegados hasta el final sombrío.
Es todo, hermana,
oscuro fuego de Dios que nos comprueba,
hambre que se endereza desfallecida
y bebe lágrimas;
fluir sin desprenderse.
Un ir quedándonos doblados
bajo el dulce peso de la mano suprema.
Espera quieta,
somos pasto donde la luz madura.

jueves, 19 de enero de 2017

Noche oscura del cuerpo de Jorge Eduardo Eielson






Cuerpo melancólico

Si el corazón se nubla el corazón
La amapola de carne que adormece
Nuestra vida el brillo del dolor arroja
El cerebro en la sombra y riñones
Hígado intestinos y hasta los mismos labios
La nariz y las orejas se oscurecen
Los pies se vuelven esclavos
De las manos y los ojos se humedecen
El cuerpo entero padece
De una antigua enfermedad violeta
Cuyo nombre es melancolía y cuyo emblema
Es una silla vacía.



Cuerpo mutilado

Cuento los dedos de mis manos y mies pies
Como si fueran uvas o cerezas y los sumo
A mis pesares. Multiplico lágrimas humores
Minuciosas gotas de saliva
En estalactitas tibias y plateadas
Divido uñas y quejidos agrego dientes
Sinsabores luminosos segmentos de alegría
Entre murallas de cabellos y corolas
Que sonríen y que duelen. Todo dispuesto
En cúpulas sombrías en palpitantes atados
De costillas quebradas como si fuera un ciervo
Un animal acorralado y sin caricias
En un círculo de huesos
Y latidos.



Cuerpo en exilio

Tropezando con mis brazos
Mi nariz y mis orejas sigo adelante
Caminando con el páncreas y a veces
Hasta con los pies. Me sale luz de las solapas
Me duele la bragueta y el mundo entero
En una esfera de plomo que me aplasta el corazón
No tengo patria ni corbata
Vivo de espaldas a los astros
Las personas y las cosas me dan miedo
Tan sólo escucho el sonido
De un saxofón hundido entre mis huesos
Los tambores silenciosos de mi sexo
Y mi cabeza. Siempre rodeado de espuma
Siempre luchando
Con mis intestinos y mi tristeza
Mi pantalón y mi camisa.


 


Cuerpo transparente

Completamente azul y despeinado
El corazón y la cabeza entre las nubes
Heme sin mejilla y sin mirada
Con un rayo de luna en el bolsillo
Para vivir
Uso una máscara de carne y hueso
Un cigarrillo y luego una sonrisa
O primero una sonrisa y luego un cigarrillo
Posiblemente encendido
Visto saco y pantalón planchado
Frecuento hoteles amarillos
Nadie me espera ni me conoce ni me mira
Mi cuerpo es humo materia indiferente
Que brilla brilla brilla
Y nunca es nada.



Cuerpo pasajero

Sentado en una silla
Con los ojos y las manos en pantalla
Veo pasar el río de mi sangre
Hacia la muerte
Venas cartílagos y nervios
Resplandecen tiernamente cuando duermo
Y nada me vuelve más dichoso
Que el fulgor de las estrellas
Encerrado en mis arterias
Pero nada me vuelve más sombrío
Que la luz de un cigarrillo
Cuando pienso en el futuro
Y un remolino de ceniza
Bruscamente desbarata mi sonrisa
Y mi pasado.


Último cuerpo

Cuando el momento llega y llega
Cada día el momento de sentarse humildemente
A defecar y una parte inútil de nosotros
Vuelve a la tierra
Todo parece más sencillo y más cercano
Y hasta la misma luz de la luna
Es un anillo de oro
Que atraviesa el comedor y la cocina
Las estrellas se reúnen en el vientre
Y ya no duelen sino brillan simplemente
Los intestinos vuelven al abismo azul
En donde yacen los caballos
Y el tambor de nuestra infancia.

martes, 10 de enero de 2017

En celebración de mi útero de Anne Sexton



Todo en mí es un pájaro.
Vuelo con todas mis alas.
Querían extirparte
pero no lo harán.
Decían que estabas inconmensurablemente vacío
pero no lo estás.
Decían que estabas enfermo casi muriendo
pero estaban equivocados.
Cantas como una colegial
Tú no estás rota.
Dulce peso,
en celebración de la mujer que soy
y del alma de la mujer que soy
y de la criatura central y de su placer
Canto para ti. Me arriesgo a vivir.
Hola, espíritu. Hola, taza.
Fijar, cubrir. Cubre lo que contiene.
Hola a la tierra de los campos.
Bienvenidas, raíces.
Cada célula tiene una vida.
Hay aquí bastantes para satisfacer una nación.
Basta que el populacho posea sus bienes.
Cualquier persona, cualquier grupo diría:
“Es bueno que este año podamos plantar nuevamente
y pensar en otra cosecha.
Una plaga había sido prevista y ha sido eliminada”.
Así que muchas mujeres están cantando juntas:
una en una fábrica de zapatos maldiciendo la máquina,
una en un acuario cuidando a una foca.
una aburrida al volante de su FORD,
una cobradora en el peaje,
una enlazando a un becerro en Arizona,
una con una pierna de cada lado del violonchelo en Rusia,
una cambiando panelas en un fogón en Egipto,
una pintando del color de la luna las paredes del cuarto,
una muriendo pero acordándose de un desayuno,
una acostada en una estera en Tailandia,
una limpiando el culo de su bebe,
una mirando por la ventana del trén
en el medio de Wyoming y una está
en cualquier parte y algunas están en toda parte y todas
parecen estar cantando, aunque algunas no puedan ni siquiera
cantar una nota.
Dulce peso
en celebración de la mujer que soy
déjame llevar una echarpe de tres metros,
déjame tocar el tambor por las que tienen diecinueve años,
déjame llevar tazas para ofrecer
(si es eso lo que me toca).
Déjame estudiar el tejido cardiovascular,
déjame calcular la distancia angular de los meteoros,
déjame chupar el peciolo de las flores
(si es eso lo que me toca).
Déjame imitar ciertas figuras tribales
(si es eso lo que me toca).
Por eso el cuerpo necesita
que me dejes cantar
para la cena,
para el beso,
para el cierto
sí.

domingo, 8 de enero de 2017

Llevo tu corazón conmigo de E. E. Cummings




Llevo tu corazón conmigo
lo llevo en mi corazón
Nunca estoy sin él
allá donde voy,
vas tu, querida
y todo aquello hecho solo por mi
lo haces tú, mi amada
No temo al destino
porque tú eres mi destino, mi amor
no quiero ningún mundo
pues hermosa, tú eres mi mundo, mi fiel
He aquí el mayor secreto que nadie conoce
he aquí la raíz de la raíz
y el brote del brote
y el cielo del cielo
de un árbol llamado vida
que crece más de lo que
el alma puede esperar o la mente ocultar
es la maravilla que mantiene las estrellas separadas
Llevo tu corazón
lo llevo en mi corazón.

Asfódelo de William Carlos Williams



Del asfódelo, esa flor algo verde,
igual que un botón de oro
sobre su tallo bifurcado
—si no fuera porque es verde y leñoso—
yo vengo, querida,
a cantarte.
Vivimos mucho tiempo juntos
una vida llena,
si quieres,
de flores- Así que
me alegré
apenas supe
que también había flores
en el infierno.
Hoy
estoy lleno de la memoria borrosa de aquellas flores
que a los dos nos gustaban
incluso esta pobre
cosa descolorida
—la vi
cuando era un niño—
poco apreciada entre los vivos
aunque los muertos la ven,
preguntándose entre ellos:
¿ Recuerdo algo
que estuviera modelado
como esta cosa?
mientras nuestros ojos se llenan
de lágrimas.
De amor, constante amor
contarán que
aunque demasiado débil un baño de carmesí
le da color
para hacerla totalmente creíble.
Hay algo,
algo urgente
que debo decirte a ti
y sólo a ti
pero que debe esperar
mientras bebo en
el goce de tu cercanía
quizá por última vez.
Y así,
con el miedo en el corazón,
dejo que pase el tiempo
y sigo hablando
porque no me atrevo a detenerme.
Óyeme mientras hablo
contra el tiempo.
No durará
mucho
He olvidado
y veo sin embargo con bastante claridad
algo
central en el cielo
que
¡Un olor
emana de él!
¡Un olor dulcísimo!
¡Madreselva! Y ahora
llega el zumbar de una abeja
y toda una marea
de memorias hermanas.
Sólo dame tiempo,
tiempo para recordarlas
antes de que deba hablar.
Dame tiempo,
tiempo
Cuando era muchacho
tenía un libro
al que, de tanto en tanto,
agregaba flores prensadas;
luego, tras cierto tiempo,
tuve una buena colección.
El asfódelo,
agorero,
entre ellas.
Te traigo
resucitada,
la memoria de esas flores.
Eran dulces
al prensarlas
y retenían
algo de su dulzura
por largo tiempo.
Es un curioso olor,
un olor moral,
éste que me trae
cerca de ti.
El color
fue lo primero en irse.
Tuvo que llegarme
un desafío,
tu querido ser
mortal como yo lo era,
¡la garganta del lirio
ante el colibrí!
La riqueza sin fin
pensé,
me tiende sus brazos.
Mil tópicos
en un florecer del manzano.
A sí misma
se dio de buena gana la tierra generosa
¡El mundo entero
llegó a ser mi jardín!
Pero el mar
que nadie cultiva
también es jardín
cuando el sol lo hiere
y las olas
despiertan.
Lo vi
lo mismo que tú
cuando hace avergonzar
a todas las flores.
Además, allí está la estrella de mar
endurecida por el sol
y las otras hierbas
y algas marinas. Sabíamos esto
y lo demás acerca suyo
porque nacimos junto al mar,
conocimos sus setos rosa
al mismo borde del agua.
Allí crece la malva coral,
y cuando es época
las frutillas
y allí, más tarde,
fuimos a recoger
la ciruela silvestre.
No puedo decir
que llegué al infierno
por tu amor
pero muchas veces
me descubrí allí
al ir en tu búsqueda.
No me gustó
y quise estar
en el Cielo. Óyeme.
No te alejes.
Aprendí mucho durante mi vida,
en los libros
y fuera de ellos
acerca del amor.
La muerte
no marca su fin.
Hay una jerarquía
que puede ser recorrida,
creo,
en su servicio.
Su galardón:
es una flor mágica;
un gato de veinte vidas.
Si nadie viene a ponerlo a prueba
el mundo
saldrá perdiendo.
Ha sido
para ti y para mí
como el que vigila una tormenta
viniendo sobre el agua.
Estuvimos
año tras año
frente al espectáculo de nuestras vidas
con las manos juntas.
La tormenta desenvuelta.
El relámpago
juega sobre el filo de las nubes.
Hacia el norte el cielo
es plácido,
azul en los arreboles
mientras la tormenta crece.
Es una flor
que pronto alcanzará
el máximo de su florecer.
Bailábamos,
en nuestras mentes,
y leíamos un libro juntos.
¿Recuerdas?
Era un libro serio.
Y así los libros
entraron en nuestras vidas.
¡El mar! ¡El mar!
Siempre
cuando pienso en el mar
me viene a la mente la Ilíada
y el yerro público de Helena
que engendró el poema.
De no haber sido por él
no hubiera habido poema y el mundo,
si hubiésemos recordado
esos pétalos carmesí
desparramados sobre las piedras,
lo hubiera llamado simplemente
asesinato.
La orquídea sexual que floreció entonces
enviando a tantos
hombres
desinteresados a sus tumbas
les dejó su memoria
a una raza de locos
o de héroes
si el silencio es una virtud.
El mar solo
en su multiplicidad
guarda alguna esperanza.
La tormenta
resultó abortada
pero nosotros seguimos
tras los pensamientos que ella despertó
para
cimentar de nuevo nuestras vidas.
Es la mente
la mente
que debe ser curada
antes de la intervención
de la muerte
y se volverá otra vez
un jardín. El poema
es complejo y también el lugar que hay hecho
en nuestras vidas
para el poema.
El silencio puede asimismo ser complejo también
pero no se llega lejos
con el silencio.
Empieza otra vez.
Es como el catálogo
de naves en Homero:
ocupa el tiempo.
Hablo con figuras
lo suficiente, los vestidos
que llevas puestos también son figuras,
no podríamos encontrarnos
de otro modo. Cuando hablo
de flores
es para recordar
que en un tiempo
fuimos jóvenes.
No todas las mujeres son Helena,
ya lo sé,
pero tienen a Helena en sus corazones.
Querida mía:
lo tienes en el tuyo, por eso
te amo
y no podría amarte si no fuera así, de otro modo.
Imagina que ves
un campo hecho de mujeres
todas de un blanco-plata.
¿Qué habrías de hacer
sino amarlas?
¡La tormenta estalla
o se disipa! y no es
el fin del mundo.
El amor es algo más,
o al menos así lo pensé,
un jardín que se expande,
aunque te conocí como mujer
y nunca pensé de otra forma,
hasta que el mar entero
haya sido tomado
y todos sus jardines.
Era el amor del amor
el amor que devora todo el resto,
un amor agradecido,
un amor a la naturaleza, la gente,
los animales,
un amor que engendra
la gentileza y bondad
que me movieron
y eso fue lo que en ti yo vi.
Debí haber sabido
aunque no lo supe,
que el lirio del valle
es una flor que causa mucho mal
al que la sopla.
Tuvimos nuestros hijos
rivales en la furiosa arremetida general.
Los dejé a un lado
a pesar de cuidarlos
tanto como un hombre
puede cuidar a sus hijos
en la medida de mis luces.
Tú lo entiendes
tenía que encontrarte
después de lo que pasó
y tengo todavía que encontrarte.
Amor
al que también tú reverenciarás
conmigo;
una flor
una flor muy frágil
será nuestra alianza
y no porque
seamos demasiado débiles
para actuar de otro modo
sino porque
en la cumbre de mi potencia
arriesgué lo que debía hacer,
para probar que no obstante
nos amamos
mientras mis huesos sudaban
porque no podía gritártelo
en el acto.
Del asfódelo, esa flor algo verde,
yo vengo, mi amor,
a cantarte!
Mi corazón revive
cuando piensa que te trae noticias
de algo
que te concierne
y concierne a muchos hombres. Mira
lo que se hace pasar por nuevo.
No lo encontrarás allí sino
en los poemas despreciados.
Es difícil
obtener noticias de los poemas
aun cuando los hombres mueren miserablemente todos los días
por carecer
de lo que se encuentra allí.
Óyeme
que también a mí me conciernen
y a cada hombre
que quiere morir en su cama pacíficamente
reconciliado.

lunes, 2 de enero de 2017

Cuerpo de Tusiata Avia

Imagen: The adipositivity project



Mi cuerpo no es una disculpa 
no es un escondite.
No es una fortaleza arreglada y artística 
Mi cuerpo no es una piscina de agua insípida 
Mi cuerpo no está clausurado 
no se puede imaginar con otra forma o textura
no para ti, querido.
Mi cuerpo es una cascada de carne
Mi cuerpo es una manada de animales, gordos y gimiendo en el festín de la matanza
es la celebración invadiendo el rostro de los hambrientos
es abundancia y más abundancia
es tuétano y jalea y grasa chisporroteante goteando constante sobre la hoguera.
Mi cuerpo es un bautismo, un confesionario
Mi cuerpo es la promesa de cien mil soldados vírgenes
Mi cuerpo es la guerra que estremece la tierra
Mi cuerpo es el shalom y el salaam
Mi cuerpo es la madre asesinada de súbito en la calle
Mi cuerpo es la madre muriendo lentamente
Mi cuerpo es el niño asustado al que convencieron de salir de debajo del cuerpo de su madre caída
con la promesa de la miel.
Mi cuerpo es la miel ahogando a los ciegos, los cojos, los sordos, los mudos
 Mi cuerpo es un hospital
Mi cuerpo es un orfanato
Mi cuerpo es cien helados enfilados como los padres
Mi cuerpo es el alofa y la aroha
Mi cuerpo es el Sinaí, el Mar Rojo, Hawai
Mi cuerpo es una habitación llena de ancestros lanzados a través del agujero de mi pecho
Hine-nui-te-po, Pelé, Nafanua, Isis, Afrodita
sus brazos y piernas y el pelo caliente y húmedo y enmarañado cuando se marchan
Mi cuerpo es la distancia entre nuestro huesos, querido.
Mi cuerpo pierde la cabeza y sus modales
Mi cuerpo está temblando, resbaladizo y enrojecido, como un recién nacido
Mi cuerpo es tu madre
Mi cuerpo es tu medicina
Mi cuerpo es la partera apresurando tu propio nacimiento
jalándote desde el interior de tu mismo vientre
Mi cuerpo es el Corán, la Torá
Mi cuerpo es Cristo
Mi cuerpo es la profetisa, la diosa samoana de la guerra
Mi cuerpo deja el infierno y navega los océanos
Mi cuerpo está mojado por el viaje y asusta a los que corren a encontrarme
Mi cuerpo sabe sólo de sí mismo
que es todo el mundo
y el cielo y la luna
y los planetas girando
Mi cuerpo los atrapa a todos con su red de piel
Mi cuerpo es la morada de mi cuerpo y habita en la tierra entre nosotros.

viernes, 30 de diciembre de 2016

En la isla de pascua de William Ospina






Olvidarías esta isla si no fuera por su atrocidad y su belleza, 
por el furor de nuestros rituales y la pasión de nuestros cuerpos,
por sus estanques de fiebre y sus colinas embrujadas,
por esas inmensas cabezas de piedra que miran a las estrellas,
por esos ojos de piedra cuyo horario es lo eterno,
y que cada mil años parpadean.

olvidarías la isla, porque no hay nada más ajeno y más solo.
Este es el más perdido país de los mares.
Mucho tiempo navegarás alrededor sin encontrar una región con  hombres,
sólo el extenso abismo del Pacífico
que efunde estrellas y devora estrellas
y que no explica sus borrascas.

pero en esta remota cumbre que apenas emerge del populoso abismo del mar
una raza extraviada y solitaria labró esos desvelados seres de piedra
que son imagen del desamparo y son imagen de la esperanza.

Los poderes del turbio cielo sólo responden a una larga paciencia,
y el hombre es tan fugaz, que aunque mirara al cielo la vida entera
con ojos de pez, con ojos sin párpados,
no alcanzaría a descifrar una sola palabra del cuádruple abismo.

Si te hicieras de piedra, si tu vida fuera tan lenta como la vida de la piedra,
si tu corazón sólo tuviera la imperceptible palpitación del peñasco,
quién sabe qué verían tus quietas pupilas en la vertiginosa danza del cielo.
Tal vez la piedra lo sabe todo ya, y por eso está inmóvil,
y tú te agitas en la nerviosa hoguera de la carne porque todo lo ignoras.

Estos seres de piedra miran a las estrellas
y su oficio es espera y asechanza,
porque la isla está sola, porque la ciñen sucesivas inmensidades,
ojo de pez en la extensión sin límite de las escamas de agua,
apenas recordados por el tiempo y la estrella.

Olvidarías esta isla, la isla más sola, el rincón más distante,
si no fuera por su paciente rebaño de seres de piedra
que interminablemente esperan una señal del cielo,
una voz o una aniquilación o una nave,
pero la soledad que dicen sus rostros inmóviles
no es sólo la de un arrecife escondido en el amontonamiento de las borrascas,
es la angustiada espera de una raza perdida en un pequeño planeta solitario
bajo la inexpresiva niebla de las galaxias.