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viernes, 27 de enero de 2017

Deseando morir



Ya que preguntas, la mayor parte de los días no puedo recordar.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Luego la casi innombrable lascivia regresa.

Aun entonces no tengo nada contra la vida.
Conozco bien las hojas de hierba que mencionas,
los muebles que pusiste bajo el sol.

Pero los suicidas tienen un lenguaje especial.
Como los carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

Dos veces me afirmé con sencillez,
poseí al enemigo, devoré al enemigo,
incorporé su destreza, su magia.

De este modo, grave y pensativa,
más tibia que el aceite o el agua,
descansé, babeando por el agujero de mi boca.

No se me ocurrió exponer mi cuerpo a la aguja.
Hasta la córnea y la orina sobrante se perdieron.
Los suicidas ya traicionaron el cuerpo.

Nacidos sin vida, no siempre mueren,
pero deslumbrados no olvidan una droga tan dulce
que hasta los niños mirarían con una sonrisa.

¡Empujar toda esa vida bajo tu lengua!
eso sólo se convierte en una pasión.
La muerte es un hueso triste, golpeado dirías,

y sin embargo ella me espera, año tras año,
para reparar con delicadeza una vieja herida,
para liberar mi aliento de su prisión maligna.

Balanceándose allí, a veces se encuentran los suicidas,
rabiosos ante el fruto, una luna inflada,
dejando el pan que confundieron con un beso
dejando la página del libro abierto con descuido
algo sin decir, el teléfono descolgado
y el amor, o lo que haya sido, una infección.


Anne Sexton

martes, 10 de enero de 2017

En celebración de mi útero de Anne Sexton



Todo en mí es un pájaro.
Vuelo con todas mis alas.
Querían extirparte
pero no lo harán.
Decían que estabas inconmensurablemente vacío
pero no lo estás.
Decían que estabas enfermo casi muriendo
pero estaban equivocados.
Cantas como una colegial
Tú no estás rota.
Dulce peso,
en celebración de la mujer que soy
y del alma de la mujer que soy
y de la criatura central y de su placer
Canto para ti. Me arriesgo a vivir.
Hola, espíritu. Hola, taza.
Fijar, cubrir. Cubre lo que contiene.
Hola a la tierra de los campos.
Bienvenidas, raíces.
Cada célula tiene una vida.
Hay aquí bastantes para satisfacer una nación.
Basta que el populacho posea sus bienes.
Cualquier persona, cualquier grupo diría:
“Es bueno que este año podamos plantar nuevamente
y pensar en otra cosecha.
Una plaga había sido prevista y ha sido eliminada”.
Así que muchas mujeres están cantando juntas:
una en una fábrica de zapatos maldiciendo la máquina,
una en un acuario cuidando a una foca.
una aburrida al volante de su FORD,
una cobradora en el peaje,
una enlazando a un becerro en Arizona,
una con una pierna de cada lado del violonchelo en Rusia,
una cambiando panelas en un fogón en Egipto,
una pintando del color de la luna las paredes del cuarto,
una muriendo pero acordándose de un desayuno,
una acostada en una estera en Tailandia,
una limpiando el culo de su bebe,
una mirando por la ventana del trén
en el medio de Wyoming y una está
en cualquier parte y algunas están en toda parte y todas
parecen estar cantando, aunque algunas no puedan ni siquiera
cantar una nota.
Dulce peso
en celebración de la mujer que soy
déjame llevar una echarpe de tres metros,
déjame tocar el tambor por las que tienen diecinueve años,
déjame llevar tazas para ofrecer
(si es eso lo que me toca).
Déjame estudiar el tejido cardiovascular,
déjame calcular la distancia angular de los meteoros,
déjame chupar el peciolo de las flores
(si es eso lo que me toca).
Déjame imitar ciertas figuras tribales
(si es eso lo que me toca).
Por eso el cuerpo necesita
que me dejes cantar
para la cena,
para el beso,
para el cierto
sí.