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lunes, 30 de mayo de 2022

Diez años escribiendo poesía



Mi primera invitación para colaborar en Circulo de Poesía, revista de renombre a nivel nacional en el ámbito poético, la recibí alrededor del 2013 o 2014. En ese momento rehice varias veces la selección, hasta que, probablemente, agoté la paciencia de quién me había invitado a publicar. Estaba muy insegura de mi voz poética porque recién la había encontrado, yo que me había decantado casi toda mi vida por la narrativa y aún hoy es uno de mis géneros preferidos para transmitir emociones complejas, situaciones complejas, angulosas y apabullantes que solo la riqueza de un narrador y los elementos narratológicos me permitirían transmitir a través de sus máscaras. Han pasado diez años de que escribí mi primer poemario, en aquel primer semestre del 2012, poco después de que mi padre había sido diagnosticado con un cáncer letal en sus músculos. Me recuerdo llorando en la biblioteca de la universidad. Me recuerdo leyendo a Dolores Castro, a Sabines. 

Ese año fui seleccionada por la Fundación para las Letras Mexicanas en el género de cuento, y viajé a Xalapa dejando atrás a mi padre enfermo. En ese momento, él estaba orgulloso de mí, organizó mi viaje. Era la única persona de Aguascalientes que iba. Para ese entonces, solo tres personas habían ganado esa beca, contándome. Ahora me da gusto de ver a las nuevas generaciones de escritores en Aguascalientes asistiendo al curso nuevamente. 

Después de estar en Estridentopolis, y gracias a las maravillosas clases de poesía que recibí allí, y de escuchar a un lado mío a Xel-Ha López leer un poema; regresé con un montón de poemas escritos a mi padre y su enfermedad, también a su inminente muerte. Ese montón de poemas se convertirían en un poemario llamado La noche es otra sombra, y que después del entierro de mi padre, de quedarnos sin recursos económicos en la familia, me daría una remuneración económica. Luego vendría más poesía, hasta que en octubre de 2014, me enteré de que estaba enferma de algo mortal. Mis riñones ya no funcionaban, les quedaba solo un 15% de su función. 

Saberme enferma fue y es aún un proceso complicado. Las enfermedades crecen con nosotros y son nuestras compañeras. Siempre he sentido una conexión especial con mi padre desde que supe que también podía morir pronto, y al mismo tiempo me empapé de toda la poesía y literatura que encontré sobre el tema. Diez años de aprender y reaprender, de hacer la poesía mi proyecto espiritual, mi aliada para conversar con el mundo. Aprender a vivir sola, el primer gozo de la independencia, el dolor de perder catéteres y saberme cada día un poco más enferma, la primera vez que vi morir a mi lado a una paciente, mi máquina como una ballena, yo como una sirena dentro de la clinica, cada día reteniendo más agua o menos agua, domar mi sed. Han sido tantas cosas que he dejado plasmadas allí, la ruptura con mi actual expareja, la ruptura de mi primer novio de años, cosas que no pensé que fueran a darse en mi vida, en mi cuerpo, y a pesar del dolor que me provocaron, las agradezco. Tanta hermosa vida, a veces imagino que abro los clamps de mis catéteres y en vez de sangre solo saldrán palabras. 

Esta vez nadie me invitó a publicar, gracias a la ayuda de un amigo, mandé mis textos a valoración. La selección fue hilada: la muerte de mi padre, Xalapa como un lugar que siempre me ha servido de centro del mundo, así como cierta estación lo era para Dalí, allí me pienso fuera y dentro de mí misma. Hace unas semanas rechacé una oferta laboral allá, porque sé que me voy a trasplantar en Aguascalientes y desde Aguascalientes. Todavía tengo muchos pendientes aquí, quiero pasar de sirena a mariposa pero con paciencia. Y finalmente, mi enfermedad, mi certeza de que saldré adelante. 

Fue muy hermoso, estoy muy contenta. Les dejo el link por si gustan leer la selección. Gracias a la vida y a las personas en mi camino. Gracias a mi enfermedad, que ha sido y sigue siendo mi maestra. 


Poesía mexicana: Arely Jiménez – Circulo de Poesía (circulodepoesia.com)

sábado, 28 de mayo de 2022

Mujeres poetas de la generación del 27: Carmen Conde y su poesía amorosa


 HALLAZGO


Desnuda y adherida a tu desnudez.

Mis pechos como hielos recién cortados,

en el agua plana de tu pecho.

Mis hombros abiertos bajo tus hombros.

Y tú, flotante en mi desnudez.

Alzaré los brazos y sostendré tu aire.

Podrás desceñir mi sueño

porque el cielo descansará en mi frente.

Afluentes de tus ríos serán mis ríos.

Navegaremos juntos, tú serás mi vela,

y yo te llevaré por mares escondidos.

¡Qué suprema efusión de geografías!

Tus manos sobre mis manos.

Tus ojos, aves de mi árbol,

en la yerba de mi cabeza.



AMOR



Ofrecimiento.

Acércate.

Junto a la noche te espero.

Nádame.

Fuentes profundas y frías

avivan mi corriente.

Mira qué puras son mis charcas.

¡Qué gozo el de mi yelo!




ANTE TI

Porque siendo tú el mismo, eres distinto

y distante de todos los que miran

esa rosa de luz que viertes siempre

de tu cielo a tu mar, campo que amo.


Campo mío, de amor nunca confeso;

de un amor recatado y pudoroso,

como virgen antigua que perdura

en mi cuerpo contiguo al tuyo eterno.


He venido a quererte, a que me digas

tus palabras de mar y de palmeras;

tus molinos de lienzo que salobres

me refrescan la sed de tanto tiempo.


Me abandono en tu mar, me dejo tuya

como darse hay que hacerlo para serte.

Si cerrara los ojos quedaría

hecha un ser y una voz: ahogada viva.


¿He venido, y me fui; me iré mañana

y vendré como hoy...? ¿qué otra criatura

volverá para ti, para quedarse

o escaparse en tu luz hacia lo nunca?

miércoles, 25 de mayo de 2022

Tengo 23 años...

 

Damien Cuypers



Tengo veintitrés años y tengo canas.

Tengo veintitrés años y estoy a nada de la fase terminal.

Tengo insuficiencia renal,

tengo dos riñones que decidieron ser colibríes

algo en mi sangre tiembla

y está herido

amenazan con volar.

Tengo veintitrés años y aún sueño

con volar sobre ciudades de imposible arquitectura.

Tengo una dieta restrictiva.

Llevo meses sin saber lo que es la tersura de la leche

por la noche y la mañana.

Tengo veintitrés años y tengo el pelo largo

sucio y débil.

Se me deshace en las manos cuando lo peino.

Tengo veintitrés años y aún quiero ser mangaka

poeta y loca

Tengo veintitrés años y me emociono escribiendo

historias de mujeres solas, enamoradas

no correspondidas o borrachas en la madrugada

Tengo veintitrés años y les juro que amo mis canas.

 



domingo, 13 de septiembre de 2020

CARTA ABIERTA por Arely Jiménez

Caroline Mackintosh 


Para ORT

Dedicado a Cesar Cossio


Hace frío y es de noche.

No sé si ahora el insomnio amenaza
o se trata de ideas oscuras

que flotan en el ocio
y muerden como verdades.
Tal vez sea que alguien abrió una puerta.

Por eso hace frío. 
O tal vez sea esta necesidad de recortarnos    
partir el tiempo y decir hace frío, hace calor
por no decir: duele

por no decir: no lo sé.

No lo sé.

¿Recuerdas cuando soñaste que nadábamos?

En el papel hay agua, arena y una canción.  
Estás cantando algo y mientras cantas,

bailas como imitando las olas. 
Una tortuga que nada distraída a tus pies,

luego se pierde en una hondura que no comprendemos, pero nos cautiva. 
Lo que flota allá lejos son los dos hombres que vi ahogarse 
la primera vez que vine.

Entonces, el mundo fue una mirada larga

que diseccionaba un grito,

hasta obtener una respuesta groseramente obvia.

Pero, debo decírtelo, para eso sirve el mar

para sabernos obvios. 
El agua no nos permite comprender su mecanismo  
y nos reconocemos como fetos, protozoarios o un pañuelo, 
como algo pequeñito y ligero en el oleaje
porque sólo flotamos, ¿sabes?

No entramos con calma a la vida.

De algún modo, tú siempre lo has sabido.

Hace frío y también hace hambre.

Del papel brotó un árbol y escribo con ligereza

la palabra sombra para invocar la tarde.

Tal vez porque pronto anochecerá.

O porque se ha ido el mar.  
Por eso el hambre.

Porque se me acaban las palabras.

Ya no sé si el hambre es la forma más íntima del grito
o el grito lo es del hambre.

 

Ninguna palabra ha saciado un estómago.

Mucho menos palabras como éstas: 
palabras que hablan de palabras

que presentan palabras

que pretenden ser objetos

el mar, un árbol.

Ningún papel merece estos ecos.
Por eso no talaré el árbol que ha crecido en la hoja,

Por eso no invocaré ahora tu voz

pero sí tus manos

para abrir un surco en esta tierra blanca.

Vamos a sembrar flores y no haremos ramos con ellas.

¿Recuerdas cuando fuimos al mercado y me regañaste

por haber comprado ese crisantemo?

Dijiste: Si la flor recién cortada pudiera mirarse

no sabría si llorar conmovida por su belleza

o por su muerte.

He dibujado, sin darme cuenta,

la ciudad en la que vivimos juntos un tiempo.

Aquella ciudad en la que la nube

y la lluvia germinaban míticas arquitecturas de niebla,

donde una poeta vio suspirar a dios.

Escucha. Ahora llueve. 
La lluvia disimula nuestra tristeza,

nos mira tristemente: 
en el fondo quiere ser abrazada,

tener en el vientre árboles y niños que salpican la acera.

Pero apenas soporta el movimiento de hombres grises y sabios. 
Es necesario decirlo: de nada vale saber esto.

Saber que hay un minotauro escondido en mi cuerpo, 
escondido en la ciudad;

buscarlo es encontrarse:

Yo también he embarrado  mi mano con la sangre de otros
y me he calentado con ella el corazón.
He sido una piedra: 
he dejado estallar a los que amo sin reunir sus partes.
He pasado impunemente frente a las mujeres que gritan

y el niño que llora.

También he sido una larga mirada sin voz, 
una soledad ciega y azul que camina por las calles,
celosa de su llanto

hambrienta de ternura.
Me he salvado, lo confieso.

Pero sé que en el fondo
conjuramos la dulzura como un amuleto
y no tenemos a quien preguntarle

pero aun así preguntamos
en silencio:

¿Soy bueno?

Te digo esto con la boca partida

Te digo esto a ladridos.

Porque es necesario.
Pero no sólo será rabia.

No todo será inyectar de anquilosado odio.
No, señalar la luz, no.       Tampoco morder la luz, 
tampoco derramarla sobre las sombras. 
No iluminaremos a nadie.

Trabajaremos         con sangre       con pan     con tierra     con el otro:

con esa patria olvidada del prójimo.

En esta hoja la crueldad  palpita tiernamente 
y duerme la bondad como un niño que se arropa
con la manta de tus manos.
Dame tus manos, otra vez.

Aquí está oscuro. 
Es de noche y llueve.

Tal vez porque estoy llorando.

Porque sonrío.

Porque el papel ya se acaba

porque mis dedos están helados.

Miro las flores en la hoja: están brillando.
las personas congeladas en el mercado,

el crisantemo que compré sólo para admirar su muerte,

los callejones y la niebla de nuestra ciudad, 
incluso la espuma en la boca y los orificios nasales de los ahogados brilla.

Todo brilla pacíficamente.

Ser luz: brillar, apagarnos.

Nadie muere. Lo sabes. 
Morir es otra manera de estar vivos.


jueves, 7 de junio de 2018

El cuerpo paciente de Leonor Silvestri

Mariana Rodrigues

1/5/14


El cuerpo paciente está siempre a disposición. Entran, salen, colocan. Imposible organizar una suerte

de rutina con horarios, aunque de algún modo en la detención, la hay. De acuerdo a lo que otros 

dictaminan o les conviene, el cuerpo es examinado, palpado, pinchado, visitado. El cuerpo paciente 

está a disposición del control, tendido en una cama. Duermo al lado de una luz de una bomba con 

una luz iridiscente que hace una pequeña y sutil música que jamás se detiene, o apaga. Como una 

sirena, vela mi sueño. El cuerpo paciente está echado a la espera, aguarda que le toque y le manipule 

esta medicina humanizada. El cuerpo paciente sin rutina, sin intimidad, cuerpo en expuesto y 

dispuesto al control, al cual se le llama cuidado. El descanso y la soledad se hace inhallable al cuerpo 

paciente. El cuerpo paciente pierde así su sensualidad.


En el cuerpo paciente se replican estas lógicas incluso por los no médicos ni así llamados 

profesionales de la salud. La gente comienza a dejar aguardando al cuerpo paciente por 40 minutos o 

más, total, el cuerpo paciente carece de poder de decisión y no tiene adonde ir. Su fatum es esperar 

en calma. El cuerpo paciente debe atender el teléfono, responder el mensaje, aceptar el llamado en 

casi cualquier horario que el cuerpo no paciente se haga el tiempo y el lugar para incordiarlo. El 

cuerpo paciente no debe sentir ninguna desasón frente a esto, por el contrario, el cuerpo paciente 

debe seguir sin sus horarios, expurgado de toda potencia vital, porque estar enfermo en una cama es 

aceptar a los demás resignadamente. El cuerpo paciente no tiene exterior, no está en una esquina, se 

puede operar sobre él. Detenido en su cama, quien visita, soberanamente, comienza a decidir por el 

cuerpo paciente, cómos y cuándos, el cuerpo paciente debe y tiene la obligación de alegrarse así. Se 

le comienza a inflingir al cuerpo paciente la tiranía de los normales que se trasladan y tienen que 

hacer. El cuerpo paciente es el ama de casa de la dictadura de quienes producen normalidad y 

sanidad. El cuerpo paciente, total, no hace nada, nada más que estar enfermo, sanándose. Ergo, el 

cuerpo paciente tiene que aceptar, de buen grado, lo que se le da, cómo y cuándo. Agradecido y 

servil debe someterse a la caridad de los prolíficos que deciden los horarios de la visita y la amistad 

sin consenso. El cuerpo paciente, poco a poco, se vuelve no cuerpo.



Fragmento de Games of Crohn, Diario de una internación de Leonor Silvestri.

Más de Leonor Silvestri: aquí.


Más de Mariana Rodrigues: aquí.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Ser de Dorothea Lasky

Chrissy Lau

Ser el nombre pronunciado, pero sin la carga de ser
Ser el nombre dicho pero no escuchado
No respirar más, ser aquello
Ser aquello que se respira
No estar a punto de morir, estar ya muerta
No decepcionar
Sin la carga de llegar tarde
o ser puntual
No comer, no tener que comer 
No sentir nada
No ser aquella cuyo afecto es criticado
No recoger las cajas caídas 
Estar en todos lados sin cajas o platos
No romper los platos
No soportar la carga de no estar presente
No tener que sentir dolor o ser herida
Dejar ir el dolor 
Y que sea solo mi imaginación 
Y la imaginación está en todas partes, en todos los colores
No tener color, ser el color
No hacer sonidos, ser el sonido
No tener lenguaje, ser eco, proyectar el lenguaje
Ser la transmisión de palabras
No estar triste 
No tener por quiénes estar triste
No comer sola
No coger con quienes no creen que mi cuerpo es hermoso
No coger
O algo
Ser cenizas sin lugar
No estar sin lugar, pero tampoco estar en alguna parte
Entrar en el océano no por capricho, por un impulso 
Donde no haya centro 
Donde no haya seguridad
Allí nunca hay
Allí nunca hay ira
Nunca hay algo qué mirar
Nunca mire nada
Solo fui y caminé 
Traté de amar
Pero el amor no tiene esperanza
Y yo la he perdido toda, tan sombría que voy más allá
Estoy más allá de lo que podría considerarse bajo
Hay bajo o alto, espacio o tiempo,
Yo he ido más allá de aquello que es pronunciado
No tengo la obligación de hablar 
ni de hablar por mí
Croar eternamente al pantano
No digo una cosa
Existo
No, no lo hago
Nunca lo hice
Puede que tú lo hayas hecho
Pero yo ya me había ido
Y aún sigo allí
Aquello que pronuncias
Ya lo he pronunciado
En un mundo de cenizas y luces
Ellos llaman por mi nombre
Ellos me esperan
Y ahora sé que
Yo siempre estuve allí
con ellos.
Más de Dorothea Lasky: aquí.
Más de Chrissy Lau: aquí. 
Traducción del inglés: Arely Jiménez. 

sábado, 26 de mayo de 2018

EL REGRESO de Robin Myers

Carmen Hui


Ésta es la calle donde tu madre te dio a luz.
Ésta es la llave que perdiste en la nieve, y éste es el abrigo que usaste para buscarla.
Ésta es la manera en la que se ve el cielo desde un avión la mañana en que huiste de casa. 
Éste es el lugar que pensabas nunca abandonar.
Éste es el sándwich que comiste en la escalinata de la iglesia, las migas que lanzaste a las palomas. 
Ésta es la funda de almohada que tu cabello delinea. 
Éste es el verano.
Éste es el continente que cruzaste, la carta que metiste a la lavadora por accidente, el cuchillo de cocina
que salpicaste de sangre cuando a solas cortabas una cebolla.
Éste es el asombro al reconocer a un amigo por su tos desde la otra habitación. 
Esto, a pesar de que estés dormido, es un ratón bajo el piso de madera y la luz que se esparce por las
rendijas, y estas son las sombras sobre la columna de una espalda que se gira.
Esto es casi lo que quieres decir.
Esto es alguien que toca a Brahms bajo las escaleras, el vaso de agua que tiembla sobre el piano, se
derrama.
Esto es ira, clases de manejo, un año en tu vida; ésta es la parada de autobús, las sábanas, la onda de
calor; estos son los fuegos artificiales que viste desde lejos y que mudos se abrieron como flores en una
colina oscura.
Esto es la manera en que observas a la gente en el tren y la extrañas. 
Esto es la fe que pones en el nudo de la cuerda
que estás escalando, y estos son tus dedos, calientes y despellejados.
Esto no es una excusa. 
Esto es el océano dentro de una concha. 
Esto es el océano.
Esto es, al parecer, a lo que hemos llegado.
Esto eres tú, si regresas.
Esto eres tú si no regresas.

Robin Myers

Traducción de Jesús Carmona-Robles


Más traducciones de Jesús Carmona-Robles: aquí. 
Más de Carmen Hui: aquí

lunes, 21 de mayo de 2018

Diario de una mujer de ojos grises de Atenea Cruz

Elena Pancorbo.

Los siguientes poemas pertenecen a la antología personal Diario de una mujer de ojos grises (2009, ICED), que se compone de cuatro poemarios distintos: "Canción contenida" (2008), "Diario de una mujer de ojos grises" (2007), "Metodología del olvido" (2004) y "Del amor y otras enfermedades venéreas" (2002). Los comparto al azar, conforme fui hojeando el libro, el cual está exquisitamente ilustrado, definitivamente es uno de esos libros que son hermosos no sólo por los poemas, sino por el manejo y acompañamiento que se les dio.


IV

Deberíamos recordar
esa canción
que nos reveló que teníamos alma.
Deberíamos llevar en la cartera
una foto
un papel
una carta
que nos identifique humanos.

Deberíamos llevar
en la punta de la lengua
la pregunta que pueda destruir
lo que sentimos cierto.

Habría que beber un poco,
chillar por los errores
que no podemos perdonarnos,
regresar al amor,
mirar con los ojos torcidos,
llorar como un niño,
apedrear a los que no sean como nosotros,
caminar hablando de lo que no tenemos,
de lo que por suerte no somos,
de los lugares donde no nos dejan entrar.

Deberíamos recordar
las estupideces que nos han enseñado
y caminar derechos
y decir buenas tardes.

Recordar,
porque la vida es corta.



Elena Pancorbo



DULCE

La gente me dice
¿por qué no puedes ser más tierna?
¿Por qué no intentas ser más dulce? 
¿Por qué no aprendes otras palabras
además de las negras? 

No es que no sepa hablar de ese modo,
es que no quiero hacerlo.

Dejen de molestarme. 

Si fueran tan buenos como dicen
se parecerían un poco menos a mí. 

Viviríamos en silencio
sin mirarnos a los ojos
pero al fin en paz. 






RESIGNACIÓN

Al final
sobra tiempo para contemplar las estelas de las mariposas.
Tender al solo los recuerdos que nos mantienen erguidos
para sacudir las cenizas.

Al final hay espejos que lastiman
y oscuros escondites donde la memoria juega al póker.

La vida es un ejercicio de resignación y olvido.
Una cuestión de fe.

Lo doloroso es ver pasar los años
el amor
las tragedias
el cuerpo
y al final descubrir
que todo era tan simple.

Lo importante fue siempre
estar tranquilo.
Intentar ser feliz
en caso de que Buda nos mintiera
por si acaso no existe el Paraíso
por si es cierto que aún no estamos muertos.

Acaso sea probable
que la vida no trata más que de eso:
aprender a estar vivos.



UNO PARA HENRY CHINASKY

Él dijo: 
"Anoche
soñé que te metía la verga
pero 
no pienses
que estoy dándote entrada
o que significa algo para mí".

Sonreí. 

Nunca fui más. 

Su nombre todavía me dolía hasta la carne.
Cada vez que cogimos
me hizo creer en la posibilidad del cielo. 
De un Dios.

Aún es mi única razón para existir. 

Pero sólo dije: 
"Pene se oye menos vulgar"
y salí. 



Elena Pancorbo



SRITA. BLUE

Señores, 
como última voluntad
quiero mostrarles mi radiografía: 
soy morena clara
como una noche remojada de agosto.
Me gusta el agua,
pero cuando viene del cielo
me entristece.

Le temo a los vampiros
a pesar de que duermo
con la ventana abierta.

Alguna vez,
probablemente de niña, 
creí que un vaso de esperanza
no se le niega a nadie;
ahora sé
que estar marchito
no necesariamente
implica que estés muerto.

A estas alturas
no sé diferenciar 
catorce atardeceres
de dos cuerpos.

Y mi capacidad de formar parte de un todo
decrece
en proporción directa al aumento
del azul en mis córneas.

La mayor parte del tiempo
preferiría dormir,
estar leyendo,
o hacer el amor con alguien
digno de quitarle a mi angustia
este olor a soledad. 

Pero 
para cualquiera de las tres
se requiere de tiempo y energía: 
olvidé mencionar
que estoy obscenamente enferma
de fastidio
frigidez en el habla,
y demás afecciones nerviosas 
que conlleva
dejar de tener diez años.

Señores, 
hay algo cuando río
que no me deja ser
completamente honesta. 

Todo lo dejo a medias.
Desde hace años cuando me acuestio
sueño sombras corriendo tras de mí. 

Los perros me dan lástima
por fieles, 
por estúpidos; 
a veces no me gustan los gatos
pero en mi casa han habido hasta doce.

Me siento fracasada
y el entusiasmo me dura lo mismo
que la erección de un hombre a los sesenta.

Aun así,
hay gente que me envidia
y lucha por destrozarme. 
No soy ninguna víctima
pero lo más ridículo
es 
que han logrado
acabar con la ración de fe
que el buen Dios me vendió
a cambio de mi silencio. 

Ya que hablamos de Él
déjenme confesar
que soy una traidora.
No creo en el infinito.
Por diecisiete años
he visto los milagros
como una transacción.
Me di un receso
y ahora busco la fe
plenamente consciente de mi incapacidad
para confiar.
Sólo por miedo a condenarme. 

Señores: 
es todo lo que puedo declarar en mi defensa. 
Como última voluntad
quiero venderles mi radiografía.

Vamos a imaginar 
que es el retrato
de la perfecta niña feliz
políticamente correcta,
y cuélguenla en la estancia 
de una casa
cualquiera. 


Más de Atenea Cruz: aquí.

Más de Elena Pancorbo: aquí. 

Canek (fragmento)




No basta la doctrina de Jacinto Canek
para entender por qué cuando miro las estrellas
siento que me hundo; 
como tampoco le basta el cielo a la poesía, 
ni la tristeza a la insistencia
ni el asombro a lo que muere.

No entiendo.
¿Por qué sigue siendo insuficiente 
el acto de voltear hacia arriba? 
¿Por qué amo al maya sobre el sendero, a oscuras,
descalzo, puesto en el libro? 
¿Para esto sirven los libros, Canek?

martes, 6 de marzo de 2018

Poemas de Rupi Kaur

By Ricardilus

Sobre la naturaleza del cuerpo de una mujer 

Al parecer es de mal gusto el mencionar mi período en público pues la biología de mi cuerpo es demasiado real. Está bien el vender lo que está entre las piernas de una mujer mucho más de lo que está bien el mencionar su funcionamiento interno. El uso recreativo de este cuerpo es visto como hermoso, mientras que su naturaleza es vista como algo feo.




Sobre la libertad de expresión

Así que dime que me calme porque mis opiniones me hacen menos hermosa, pero no fui hecha con un fuego en mi vientre para poder ser sofocado. No fui hecha con una claridad en mi lengua para que fuera fácil para mi el tragar. Fui hecha fuerte, mitad espada mitad seda, difícil de olvidar y no fácil de seguir por la mente.


Sobre el vello corporal 

La próxima vez que él señale que el vello de tus piernas esta creciendo nuevamente, recuérdale a ese chico que tu cuerpo no es su hogar, que él es un invitado, adviértele que no limite su bienvenida.


Sobre ser fuerte

Las palabras más amables que mi padre me dijo: mujeres como tú extinguen océanos.


sábado, 17 de febrero de 2018

La víbora de Silvia Madero

Fotografía: Yoliztli Ramos.

Mamá está enamorada
cuando baja los parpados como dos ventanitas
que ven caer las estrellas

Sus labios mecen la noche
mientras un vaso yace a la deriva

Blanca la piel, blancos sus pliegues
Un reptil merodea su sombra/Ella está distinta

Bifurca su cuello
y una parte de él se enreda como una serpiente
que pasa a tientas por el suelo
a través de los pies de las personas

Mamá está enamorada

Lo dice el aroma que desprenden las flores que ha puesto en su sostén
y su lengua sempiterna que lame las heridas de él
que la imagina en algún espacio de la tierra, él

Mamá es una mujer que guarda los años debajo de los ojos
A veces los muestra en una mirada o en un llanto
y en sus dientes que son puente a una sonrisa
y en sus manos que son la noche que guarda los escombros del hombre

Mamá está enamorada
y su corazón cuando cae no revienta
porque algo en el mundo lo sostiene.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Cuatro poemas de Martha Lizarzaburu

Fotografía por Yoliztli Ramos.




SOBRE EL BARRO DEL MUNDO

Mis pies caminan
sobre el barro del mundo.
Soy su misma dulzura que se enciende
en cada angustia con la misma verdad.

Ser terrestre,
ato la soledad a la esperanza.

Y me siento vivir en la vehemencia
del fruto amanecido.





VISIÓN RECOMENZADA EN EL SILENCIO

Me busco.
Me camino.

Una nueva verdad sobre mi tiempo me ahorra
la esperanza.

Cada día distinta,
desemboco en esta ardua soledad:
me reconozco en mi visión más íntima
y recobro mi sueño
desterrado de la lumbre frugal.

Aquí mi corazón es el comienzo
de todo canto
y de toda alegría pequeña.

Más allá,
las estrellas de siempre
y los mismos silencios acoderados en la niebla.





PEQUEÑA HISTORIA

Un día
mis iluminaciones se volvieron palabras
y me empezó a crecer sobre los pies la
tierra.

Nevé mi nieve oscura
para que en las alondras se me ahuyentara
el alba.

De tierra el dulce harapo suspendido del
alma.

Y el dolor de las manos sobre el
viento: curvatura sonámbula.

Liana de piel en tránsito
anudada al silencio de la página.

A la armazón insólita del tiempo
a la hora sin cenizas y sin lágrimas.

Entonces las alondras cruzaron ligaduras a
sus sombras delgadas, y me empezó a crecer
sobre la voz la nieble
y sobre el corazón
el camino hacia un cielo de paja.





MEMORIA DEL FUTURO SILENCIO 

Es así como tengo que madurar mi muerte:
a pasos desolados.

Entre el hueso y la piel,
el ascua negra desbordará cansancio,
y quedará en silencio la tersura
de mi cuenco de tierra.

La sed.
Esta llovizna inconmovible
sobre el rostro.

Y mi muerte en sigilo
inventando sonidos en los charcos.




Poemas tomados de la antología Ocho poetas tanáticas del Ecuador.

jueves, 24 de agosto de 2017

Tres poemas de Maricela Guerrero




RETRATO A LOS VEINTIDÓS

De mi mesma soy verdugo
y soy cárcel de mi mesma.

Juana de Asbaje


Me apalabré con algo más que con un hombre,
engaño colorido, digámoslo así, soy gramática:
y soy feliz.

En un abrir y cerrar de persianas
pestañas piernas redonda,
elemental;
con la más elemental de las cocottes de cualquier
época, singular simple
redonda como la más o menos Juana de Arco,
señorita de Avignon redonda
aunque cubista de ángulos convergentes y divergentes
las aguas de cualquier hidrografía hagiografía.
          Santa esquizofrénica, mártir confesa, abandonada
          nomás
para que me creciera otra virginidad más dulce
una ternura inusitada y palabras
sujetas a la noche, corriendo
detrás de las espumas y el color calor de un cuerpo
compañías gramaticales
semánticas corriendo por la
vida, sangre carne rosas;
        y mientras la Gracia me excita por elevarme a
        la esfera
redonda, donde el nombre converge y es sagrado,
digamos,
       gramática, las bodas con la palabra
       un adulterio de aguas mansas.




GALOPE

Viene de todas las muertes un rumor de espejos:
         perdimos un caballo naranja que hablaba de poesía
            y cultivos marinos,
         hace un tiempo:
         -de lo perdido lo hallado-
         él hablaba en naranja oruga pipa de opio the
            wonderland's alicia, dijimos,
mirando el techo mirándonos los pies y la sonrisa naranja
         en cortinas de humo, caballo naranja a galope de la
             locura -no Lorca, algo
más simple y más triste-
         cambiar cambiar de lugar, nadie de tonto sin
             sombrero, muchos no
cumpleaños se nos acumulan: cambiar cambiar cambiar de
         lugar y techos y pies
que las cortinas de humo desmenuzan cuando nos duele el
         sol por lo naranja, por
lo que se nos quita de la noche y su galope de espejos
         -y es hora de cuidarnos de nuestro hígado y de no
          jurar nombres en
vano-: cambiar cambiar cambiar de lugar a galope,
         a galope se desvanece el mar la noche el techo los
               pies y las palabras
naranjas, a galope: ráfagas perdidas naranjas de lo hallado
-de lo perdido: la sonrisa naranja y los sombreros.


CHARLES BUKOWSKI & THAT WOMAN

Y lo conocí.
Si lo conocí, y bueno, no le dije crápula, pero casi.
Y que me le voy encima,
a quitarle los puntitos negros, los barritos:
extraer celosamente esa sustancia blancuzca y deleznable,
dilatarme en la exprimidera, a veces en el coche,
el tianguis, la cocina y en medio de ese placer, coger.
Hasta que el hombre se quedó sin puntos que exprimir
y un poco sin mi amor.

Hallé los pelitos que salían de sus orejas,
de su nariz, los saqué uno a uno con las pinzas:
los arranqué, ¡qué sensación!
con las pincitas, hasta que se quedó sin pelitos.
¡Lástima! Pensé.
Sin barros ni pelitos.
Lo intenté, sí quise. Le sustraje
cerilla de la oreja...traté, pero no pude, amarlo.

Así que agarré mis garritas y me largué.
¡Qué hombre tan mezquino! ¡Tan sin sustancia! Pensé.

                                                                        Esa mujer*


*Este poema juega con un poema de Charles Bukowski titulado That woman.

Tomados de "De lo perdido, lo hallado", Práctica Mortal, CONACULTA.








sábado, 12 de agosto de 2017

Se distraía el viento de Enriqueta Ochoa




Al registro de mis días
sé que lo único vivido
se circunscribe a ti,
varón para mi amor,
varón para mi sed. 
Fructificaste en mi vientre
cuando el luto paterno más dolía.
Marruecos fue nuestro hogar primero.
Allá se distraía el viento,
entre los aromas de la mimosa y el azahar. 

Se inquietaba la noche
ante el ir y venir incansable
del mar contra los peñascos oxidados.
Se inquietaba la noche,
todo lo invadía un sabor de menta y sal.

Tus manos se deslizaban,
era como si mi piel infiltrara la tuya.
Crepitaban los leños en la chimenea,
serpenteaba la avidez,
la desesperación amorosa cuando tus labios
subían por mis muslos. 

Las llamas de la hoguera 
lamían suavemente los muros del fogón.
Estábamos en movimiento al compás de la música,
entonces, tú me dejabas hacer.
Era la palpitación universal del ritmo dentro de los cuerpos. 

A toda velocidad, incesante, 
el mar se estrellaba contra los acantilados
y caía desde la punta del grito desfallecido,
estirando en su espumoso fervor la piel de la arena. 

martes, 8 de agosto de 2017

El ángel custodio de no-sentir de Jorie Graham



Como donde sopla un viento.
Te lo puedo enseñar.
La forma de desesperación que llamamos “mundo”.
Un robo, sí, pero murmurador, lleno de miedo.
En el cual el “yo” es visto meramente como espécimen,
incompleto por ello, dotado en exceso,
maniobrado para librarse de precipitados
biológicos –hipótesis, humildades,
propensiones…
¿Quieres venir conmigo?
¿Sabes cómo se ven distancias en un paisaje?
Podemos emborronarlo. Podemos disolverlo
todo. ¿Conoces la edad previa?
¿El modo en que carece de forma hasta que el amor
la recorta? Degustamos el cariño crudo, taciturno, duradero,
hasta gastarlo, lo picoteamos, lo erosionamos, hasta hacerlo
desaparecer, el coraje liviano, el equipaje agujereado
en el que llevas de un sitio a otro
tus sueños traspasados de corrientes –sueños de formas, de
conciencias
en bisagras, todos entrelazados –sueño adelante –
la cadena que echaste está sonando,
aunque está hecha de aire, de menos, mira, por aquí
refleja, por aquí se curva
en espacio, por aquí se asemeja – rápido – sólo por una
milésima de segundo –a la felicidad – conjunto incorruptible –
qué relajante, tan real, un saliente sobre
la cascada – sucede con la música, cuando
escuchas –cuando intentas escuchar –
el aislamiento de lo exiguo, el tú en soledad,
un ínterin erizado de argumentos, ilusiones –
constituyen lesiones, se despliegan por una piel
desnuda, una ondulada extensión planetaria de piel humana,
no como la sensación de una presencia inadvertida,
no como – oh demolición de ola,
Estamos esperando a que suene el teléfono,
Estamos ocupados - ¿o no? – nos aferramos – las versiones
de la desolación que marcamos en listas, en
millas – la ola, aparece la ola
pero cuando se retira se encrespa en su borde
como paradero, la luz de la luna azota
en su rizo, repiquetea como inventario en su rizo,
la ola – despierta – la ola cuyos trozos
te daré si todavía piensas –
Pospón el día del debilitamiento,
deja que la barra de arena se alce a nuestras espaldas,
la cama servirá,
el salpicar de la textura, la sombra – manga con brocados
sobre la silla – el corredor de misterios
que denominas tu pelo – la mampostrería de tus
retrasos – pluma, tinta, papel – amigo mío,
mira la tinta, hunde los dedos por su cuello abierto,
pon la mano en el labio – así – hazlo otra vez, otra vez,
borda la boca, frota, exagera –
pequeñas formas en halo alrededor de los dientes,
el espejo en la pared lo muestra todo,
furioso, votivo –
oh, mira, el corazón pequeño
pronunciando, declamando, expulsando sus ceros negros,
crujientes, inaudibles.