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sábado, 26 de mayo de 2018

EL REGRESO de Robin Myers

Carmen Hui


Ésta es la calle donde tu madre te dio a luz.
Ésta es la llave que perdiste en la nieve, y éste es el abrigo que usaste para buscarla.
Ésta es la manera en la que se ve el cielo desde un avión la mañana en que huiste de casa. 
Éste es el lugar que pensabas nunca abandonar.
Éste es el sándwich que comiste en la escalinata de la iglesia, las migas que lanzaste a las palomas. 
Ésta es la funda de almohada que tu cabello delinea. 
Éste es el verano.
Éste es el continente que cruzaste, la carta que metiste a la lavadora por accidente, el cuchillo de cocina
que salpicaste de sangre cuando a solas cortabas una cebolla.
Éste es el asombro al reconocer a un amigo por su tos desde la otra habitación. 
Esto, a pesar de que estés dormido, es un ratón bajo el piso de madera y la luz que se esparce por las
rendijas, y estas son las sombras sobre la columna de una espalda que se gira.
Esto es casi lo que quieres decir.
Esto es alguien que toca a Brahms bajo las escaleras, el vaso de agua que tiembla sobre el piano, se
derrama.
Esto es ira, clases de manejo, un año en tu vida; ésta es la parada de autobús, las sábanas, la onda de
calor; estos son los fuegos artificiales que viste desde lejos y que mudos se abrieron como flores en una
colina oscura.
Esto es la manera en que observas a la gente en el tren y la extrañas. 
Esto es la fe que pones en el nudo de la cuerda
que estás escalando, y estos son tus dedos, calientes y despellejados.
Esto no es una excusa. 
Esto es el océano dentro de una concha. 
Esto es el océano.
Esto es, al parecer, a lo que hemos llegado.
Esto eres tú, si regresas.
Esto eres tú si no regresas.

Robin Myers

Traducción de Jesús Carmona-Robles


Más traducciones de Jesús Carmona-Robles: aquí. 
Más de Carmen Hui: aquí

jueves, 24 de agosto de 2017

Tres poemas de Maricela Guerrero




RETRATO A LOS VEINTIDÓS

De mi mesma soy verdugo
y soy cárcel de mi mesma.

Juana de Asbaje


Me apalabré con algo más que con un hombre,
engaño colorido, digámoslo así, soy gramática:
y soy feliz.

En un abrir y cerrar de persianas
pestañas piernas redonda,
elemental;
con la más elemental de las cocottes de cualquier
época, singular simple
redonda como la más o menos Juana de Arco,
señorita de Avignon redonda
aunque cubista de ángulos convergentes y divergentes
las aguas de cualquier hidrografía hagiografía.
          Santa esquizofrénica, mártir confesa, abandonada
          nomás
para que me creciera otra virginidad más dulce
una ternura inusitada y palabras
sujetas a la noche, corriendo
detrás de las espumas y el color calor de un cuerpo
compañías gramaticales
semánticas corriendo por la
vida, sangre carne rosas;
        y mientras la Gracia me excita por elevarme a
        la esfera
redonda, donde el nombre converge y es sagrado,
digamos,
       gramática, las bodas con la palabra
       un adulterio de aguas mansas.




GALOPE

Viene de todas las muertes un rumor de espejos:
         perdimos un caballo naranja que hablaba de poesía
            y cultivos marinos,
         hace un tiempo:
         -de lo perdido lo hallado-
         él hablaba en naranja oruga pipa de opio the
            wonderland's alicia, dijimos,
mirando el techo mirándonos los pies y la sonrisa naranja
         en cortinas de humo, caballo naranja a galope de la
             locura -no Lorca, algo
más simple y más triste-
         cambiar cambiar de lugar, nadie de tonto sin
             sombrero, muchos no
cumpleaños se nos acumulan: cambiar cambiar cambiar de
         lugar y techos y pies
que las cortinas de humo desmenuzan cuando nos duele el
         sol por lo naranja, por
lo que se nos quita de la noche y su galope de espejos
         -y es hora de cuidarnos de nuestro hígado y de no
          jurar nombres en
vano-: cambiar cambiar cambiar de lugar a galope,
         a galope se desvanece el mar la noche el techo los
               pies y las palabras
naranjas, a galope: ráfagas perdidas naranjas de lo hallado
-de lo perdido: la sonrisa naranja y los sombreros.


CHARLES BUKOWSKI & THAT WOMAN

Y lo conocí.
Si lo conocí, y bueno, no le dije crápula, pero casi.
Y que me le voy encima,
a quitarle los puntitos negros, los barritos:
extraer celosamente esa sustancia blancuzca y deleznable,
dilatarme en la exprimidera, a veces en el coche,
el tianguis, la cocina y en medio de ese placer, coger.
Hasta que el hombre se quedó sin puntos que exprimir
y un poco sin mi amor.

Hallé los pelitos que salían de sus orejas,
de su nariz, los saqué uno a uno con las pinzas:
los arranqué, ¡qué sensación!
con las pincitas, hasta que se quedó sin pelitos.
¡Lástima! Pensé.
Sin barros ni pelitos.
Lo intenté, sí quise. Le sustraje
cerilla de la oreja...traté, pero no pude, amarlo.

Así que agarré mis garritas y me largué.
¡Qué hombre tan mezquino! ¡Tan sin sustancia! Pensé.

                                                                        Esa mujer*


*Este poema juega con un poema de Charles Bukowski titulado That woman.

Tomados de "De lo perdido, lo hallado", Práctica Mortal, CONACULTA.