lunes, 9 de mayo de 2016

Crónica de mí misma de Matilde Alba Swann




Y querer merecerme; de veras merecerme.
Revisar mis dispersas escrituras,
mi palabra, revisarme el sollozo,
la garganta,
auscultarme el latido, desollarme,
revisarme las venas, las arterias.
todo el complejo existencial
que asumo.
Revisar mi conducta, mis proyectos,
lo soñado, ensoñado,
lo vivido,
conformarme de nuevo, aun no inscripta,
sin visión, sin recuerdo, sin mentiras,
sin verdades ocultas, temerosas,
sin impulsos,
sin deserción, sin este yo
impreciso.
Revisarme hasta el fondo, descifrarme,
prenderme, saberme, perdonarme,
tanto pude y no hice,
tanto hice febril
a manotazos,
en apremio suicida, lograr algo, dejar
algo, quedarme allí incrustada,
en la trama inicial, impenetrable,
indestructible, quedar, estar,
ser siempre,
y vencer de la muerte,
y de la vida.
Permanecer y ser, por solo acto
de ingerencia en un sino
de criatura.
Despedacé mi carne, carne mía, fatigada
de esfuerzo y sinsabores, me derramé, me di,
me hice guiñapo; al costado de holgura,
fui miseria.
Quise tanto y a tantos, y la tierra,
ese soplo de polvo que me aguarda,
y mi aventura batalladora hecha
de timidez, de inermidad
y miedo.
Estos árboles rudos que me vencen
la mirada, cada vez menos útil, y esta noche
que circunda mis noches y me azuza y me manda
no dormir, y pensar, y sentir frío,
y volver al dolor que hice a un costado.
Yo debo revisarme desde el antes,
descubrir el motivo, causa, impulso, la razón,
el por qué, y el hacia adónde, y el por qué
del por qué de la pregunta.
Ascender la montaña hacia la cima,
y mirarme, un abismo,
en el abismo, y elevarme al azul
por propio esfuerzo apoyándome en mí,
envolviéndome en mí,
desde mí misma,
tirar de mí hacia arriba; tocar siquiera
una sola estrella, una sola, o su fulgor
siquiera, o siquiera seguirla
desnudando
mi vergüenza a su luz. Esta corteza,
que resquebraja
cada vez que pienso,
y estas raíces que me petrifican
bajo la inercia de un planeta
muerto.
Quiero salir maleza a herir caminos,
y punzarme de heridas, ser, de pronto,
este mundo y un próximo intuido,
y recordar, de pronto, un otro antiguo
mundo en seres golpeados que lloraron
mucho antes de mí, y que derramaron
en mi llanto de hoy, su sal y acíbar.
Ser el ánfora quieta de una ignota,
milenaria mansión
sin nada dentro,
y esperando.
Un océano en peces y vitrales, y en suicidas
y barcos milenarios; ser la orilla, el camino
sobre el agua, ser la brújula, el sol rojo
de noche y el marinero que perdió la novia,
la llegada y el puerto, abigarradas
multitudes ruidosas,
y en mí, nadie.
Asomarme a la ardiente boca ígnea
de un volcán que despierta en el incendio,
y saber que soy fuego y quemadura,
que la lava soy yo,
descascarando;
desnudada, sentirme leña al rojo, derramado
mineral,
embistiendo la ladera, burbujeante y hervida.
Merecerme, de veras merecerme;
en cuclillas orar, sin darme cuenta,
porque quiera la entraña de mi madre,
exhalarme a la luz, y ser pequeña,
respirar, prometer, ser la esperanza
para alguien, sin nada más que el hilo,
que amenaza romper de una esperanza.
Merecerme de veras; ya retorno
del altar y del lodo, del sollozo,
del gemido y del canto, de mi propio
funeral, y me escucho como corro
anhelante y jadeante
a mi bautismo.

sábado, 7 de mayo de 2016

La mazorca de Rubén Bonifaz Nuño





Eclipse prenatal, escudo
contra el ojo del sol, herrumbre amarga
comedora de labios.

Y frente a rente, mi palabra
bien dada, mis maneras de pelado,
aunque me hagan sufrir, y mi agua fría
para bebérmela de madrugada.

Pues en verdad bien poco que tenemos:
nos calentamos apenas, nuestra cara
hacemos un momento, y nos lo vuelan
todo: la casa pobre, la morada
polvorienta del pobre; la cazuela.

Perdido su gobierno, su nobleza,
su oficio de señor, queda extranjero
el pobre, y sin paredes. Mi costado,
mi fraterna mazorca, mi familia.

Y entonces, ¿por qué lado,
a qué nopal me acojo, con qué espinas
me coso el alma al hueso, y en qué chile
me curto el corazón para mañana?

Prueba mi espejo su raíz, y calla
su máscara, y se mira desde el fondo,
en una calavera, la enjoyada
sal llameante en gotas, la lujuria
y el ademán metido de los ojos.

Y digo: mundo, cueva, mi agua firme;
mundo de gemas rojas, fruta roja
en capullo de agujas, mi biznaga.

Yo digo: lengua, piel de olor, alegradora,
o muslos rojos, cómplice, adyacente,
o mundo boqueando; fuego
para achicar la noche cuando aprieta.

Y frente a frente, desde el esqueleto
medular de los huesos, resollando,
mi condición de macho. Al fin que andamos
en lugar peligroso, y nadie olvida.

Donde empieza el que canta, y bien conocen
todos el canto. Bien lo saben.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Retrato del artista decrépito de Ramón Rodríguez




Damas y caballeros
me considero
sin pruritos de falaz modestia
el máximo matador de cucarachas
que opera en el centro de Veracruz
pero oíd bien por favor
no afirmo de ninguna manera
que yo sea el eminente matador de cucarachas
de todo Veracruz
pues no soportaría
que me saliera al paso alguno por allí
aclarándome no sin malsano regocijo
que por ejemplo en Tuxpan o en las Choapas
o peor aún que en algún pueblo furris
alejado muchos kilómetros de Xalapa
mas nunca de su corazón
existe un habitante
que ha validado con creces mis hazañas.

Mi modalidad o técnica es sencilla
no se trata por supuesto de aplastar
dejando un rastro de sustancias viscosas
regadas por doquier
ni de andar dando zapatazos
ni de usar diarios mundos crónicas
soles gráficos políticas o dictámenes enrollados
ni mucho menos efluvios tóxicos
que deterioran al ambiente
basta un certero y vertiginoso golpe con el índice
en el lugar preciso
en donde localizaríamos
el cerebelo de la cucaracha
si ésta lo tuviere

Sin embargo
reconozco que el pulso y la vista
me irán fallando imperceptible pero fatalmente
cuando llegue un amanecer cualquiera
y la guitarra esté tendida
en silencio sobre la mesa
me iré solo por un camino de alguna estación
haciendo sonar con mis botines
el pedregullo a la orilla de un río
dirán entonces
le tenemos mucho cariño a este hombre
por ejemplo más que a un billete de veinte dólares
vaya inclusive
más que a un compacto cochecillo japonés
era el mejor de todos
era el mejor de todos
por supuesto
por supuesto
aunque fuera sólo en el centro
de Veracruz.

miércoles, 20 de abril de 2016

Algún día de Ana Istarú


Algún día
algún misterioso día húmedo
me volcaré en mí misma para siempre,
y no podrá nadie llamarme
por mi nombre,
porque seré un encierro de paz,
único y eterno.
Algún día húmedo,
con el sello infinito de dos palabras:
no volveré.
Y la vida abierta y dolorosa
bajará rodando por las gradas.



martes, 19 de abril de 2016

Escrito en el polvo de Luis Alberto Arellano

Victoria Clare Gray


Caminamos oscuros por el bosque
Atrás quedó el campamento donde
todos bailan y ríen junto al fuego.
En un claro encontramos un grupo grande de luciérnagas.
Sus cuerpos encienden y apagan un ritmo
pausado que parece un mensaje a los cielos.
Mi hijo grita y señala el abrasarse,
como teas al viento, de los bichos.
Parece que los cuerpos interrogan a las estrellas
por el paradero de Dios.
Algo urge que le comuniquen.
La noche nada responde.
Sólo el croar de algunas ranas
y el parloteo inútil de las aves en la enramada.
El aire sabe a sal como una lágrima.
Amenaza lluvia y la inminencia todo lo cubre.
La mano de mi hijo en mi mano
me salva del mudo abandono de las estrellas.



Material tomado de Poesía Mexa Archivo de poesía (1940-2016).

domingo, 17 de abril de 2016

Memoria de la noche de Juan Carlos Mestre





Esta noche y no en otra noche más cercana o desnuda
voy a empezar a vivir
es que ha pasado un hombre alto como un eucalipto
y no soy yo
cuando pregunta por el dueño de las carnicerías
y entonces entra y clausura todas las sangres
y los clamores del mundo mugen tan gozosos
ya de la vida toda y de la muerte ninguna.
Esta noche y no en otra noche más doliente o profunda
voy a empezar a nacer
es que ha pasado un niño con más fusiles que risas
y no soy yo
cuando pregunta por el dueño del hambre
y la esperanza general de la tierra se conmueve
ya de venganza o de ira.
Esta noche y no en otra noche más triste y obscura
voy a empezar a creer
es que ha pasado una mujer parecida a mi madre
y yo también soy
cuando pregunta por mí y yo me reconozco
ya de dolor o vergüenza.
Esta noche y no en otra noche más cruel o suicida
voy a empezar a morir
es que me ha saludado el que me odia
y no soy yo
cuando pregunta mi oficio terrible de dulzura
y ya una bala me sueña.

Esta noche y no en otra noche más deseada y querida
voy a empezar a cantar
es que el silencio recorre mis cosas
y no soy yo
cuando se callan en el miedo las estrellas
ya sentencia o castigo.
Esta noche y no en otra noche más ciega y oculta
voy a aparecer de repente
es que a tantos han ido reduciendo a la sombra
que ni soy yo
cuando estábamos todos y ahora no existes
ya desolación y miseria.
Esta noche y no en otra noche más bella y sentida
voy a preguntar por el pan
es que ha pasado la muerte toda encendida de trigo
y no soy yo
cuando responde la lluvia cayendo en la nada
ya paciencia o trabajo.
Esta noche y no en otra noche más incierta o mentira
voy a confesarme del miedo
es que han encendido una hoguera
y soy también en la llama
cuando arde el deseo prohibido
ya diferencia o pecado.
Esta noche y no en otra noche más confiada y amiga
voy a rendirme con pena
es que una caricia me acusa
y no soy yo
cuando apuntan mi nombre en el aire
ya condenado o alegre.
Esta noche y no en otra noche más fría o ajena
voy a marcharme hacia siempre
es que nunca la muerte termina
y no soy yo
cuando maltratan el beso con ira
ya religión o fracaso.

Esta noche y no en otra noche más noche y eterna
voy a pensar que respiro
es que una palabra se ahoga en un libro
y no soy yo
cuando aplauden lo horrible del mundo
ya consagración o veneno.
Esta noche y no en otra noche más desolada y perdida
voy a escribir al tirano
es que pasa mi abuela con flores, con vida
y no soy yo
cuando llora vacía ante el cielo
ya letanía o milagro.
Esta noche y no en otra noche más escondida y lejana
voy a quedarme contigo
es que ocurre un monstruo en las selvas del alma
y no soy yo
cuando claman heridas y heridas
ya gobiernos o leyes.
Esta noche y todas las noches del día
voy a decirte mi amiga culpable
es que está pasando la vida
y yo no soy
cuando un hombre se sienta y nos habla
ya destrucción o poesía.

jueves, 31 de marzo de 2016

Dormir y despertar





Como no era capaz de comprender
una cosa sin la otra, y tú tampoco,
pensé que hacíamos una buena pareja.
Nos confesamos
el uno al otro nuestro más oscuro
secreto: que existíamos...
Pero eso fue en la noche y oh, al alba,
qué visión tan terrible:
desperté, mi cabeza junto a ti,
tú, el rubio, el almiar, el trigo.
Y pensé: Señor,
yo qué clase de pan
voy a ser,
y quién lo comerá.

Nichita Stanescu

domingo, 27 de marzo de 2016

Dos poemas de Vera Pavlova

Ya sé
que la muerte no existe
todavía no sé
cómo
decirlo
a los muertos



***

Ojos míos
por qué están tristes
a pesar de que me siento alegre
palabras mías
por qué son tan ásperas
a pesar de que soy tierna
actos míos
por qué son tan estúpidos
a pesar de que soy inteligente
amigos míos
por qué están agotados
a pesar de que soy fuerte

sábado, 5 de marzo de 2016

Un poema de Wallace Stevens




VII

Siempre puede haber un tiempo de inocencia.
Nunca existe un lugar. O si no existe un tiempo,
Si no es cosa de tiempo, ni de espacio,

Existiendo, a solas, en su idea,
En el sentido contra la calamidad, no es por ello
Menos real. Para el filósofo más frío y más anciano

Hay o debe de haber un tiempo de inocencia
Como puro principio. Su naturaleza es su fin,
Que debería ser y no ser a un tiempo, una cosa

Que estimula la piedad de un hombre piadoso,
Como un libro al atardecer, hermoso pero falso.
Como un libro al alba, hermoso y verdadero.

Es como una cosa de éter que existe
Casi como predicado. Pero existe,
Existe, y es visible, existe, es.

Así, entonces, estas luces, no son un hechizo de luz,
Un refrán caído de una nube, sino inocencia.
Inocencia de la tierra y no un signo falso

O un símbolo de malicia. Que participamos
De eso mismo, yacemos como niños en esta santidad,
Como si, despiertos, yaciésemos en la quietud del sueño,

Como si la madre inocente cantase en la oscuridad
De la habitación y en un acordeón ¡ apenas oído,
Crease el tiempo y el espacio en el que respirábamos...

martes, 1 de marzo de 2016

Ulises y otros poemas de Silvia Sigüenza



DIOS, UN LEVENTE

Cómo se puede hablar desde esta arista
al páramo que todo lo disfraza
de un hálito divino
y puede en cambio no dolernos
este barco sin rumbo que es la muerte
siendo tan real la muerte como el barco
y tan invento insomne lo divino.



ULISES

Perpetuo movimiento
Concédeme el reposo
dame agua de la inercia
mis poros se dilatan aspirando al misterio
Gran río de los eternos qué profunda
tu voz cuando me llamas.
Pero yo estoy aquí...aquí...sin barco
encallada en el mar eternamente

El fuego me calcina derritiendo la cera
y habito en el insomnio.
Ulises ya no pasa. ¿Quién me dará la cera?
Soy una pasajera con extraño destino
Y aquí en el imposible
tu voz es ya la mía.
Sólo existe una línea de río a mar
de calma a movimiento.
Pero no tengo barco no conozco la línea
y estoy aquí...encallada.
Mi corazón no me conoce
Soy toda movimiento y le resulto ajena
Olvido que hay paredes
muros, agua salada.

Soy olvido total olvido eterno
Se me olvida que ya no tengo barco.
Se me olvida que ya no tengo Ulises.




TANTO MIRARA A DIARIO la soga y el cuchillo
extranjeros amor, piedad, consuelo;
bordeándonos el alma
                                    desolación y angustia,
el cielo por las calles
                                quebrado en mil pedazos
estrellas encerradas en focos y faroles
océanos en botellas adornando mansiones y burdeles;
peces de cien colores en acuarios caseros,
el aire se caliente o se enfría a nuestro antojo.
Cine, alcohol, la eterna juventud y hasta un buen mozo
se anuncian y se venden.
Después de cada compra, la vida
se me revela en sueños
como una acorralada fiera
o algún esclavo nubio.