sábado, 11 de junio de 2016
Dolores de parto de Akiko Yosano
Ahora estoy enferma.
Estoy en mi cuerpo enfermo.
Silenciosa y con los ojos abiertos,
yazgo en el lecho de parto.
¿Por qué yo, tan habituada
a la cercanía de la muerte,
al dolor y la sangre
y el grito;
tiemblo ahora con temor,
incontrolablemente?
Un doctor joven y amable
trató de calmarme,
me habló de la alegría de dar a luz.
Pero, mientras yo domine esta materia,
¿de qué sirve su parloteo?
El conocimiento no es la realidad.
La experiencia pertenece al pasado.
Quienes carezcan de inmediatez,
guarden silencio.
Quienes observen,
se contenten con observar.
Estoy a solas.
Total y enteramente sola,
mordiéndome los labios,
con el cuerpo rígido,
esperando lo inexorable.
Hay sólo una verdad.
Debo dar a luz a un niño.
La verdad proviene de mi interior.
No es buena ni mala, solamente real.
No hay falsedad en ella.
Con la primera contracción,
el sol palidece repentinamente.
El mundo tan indiferente
se torna extrañamente tranquilo.
Estoy sola.
Estoy en la soledad.
Nota: Intenté traducir este poema de una raquítica traducción en inglés que encontré. Hay traducciones más bellas pero de las que sólo publican pedazos en internet, ojalá alguien que tenga una traducción de Alberto Girri, comparta este poema que también se titula "Primeros dolores de parto".
viernes, 13 de mayo de 2016
Un poema de María Wine
Abandonada por su pie
queda la huella sola
con su vacío interrogante.
Tú puedes verla en todas partes:
En el bosque
en los caminos rurales
en los senderos nevados
o congelada en el hielo.
En todas partes llama tu atención
Se te presenta con su leve profundidad
De oscuridad y vacío.
Me da pena de la huella
que añora su pie
porque ningún pie añora
volver a su huella.
Tomado de la antología de poesía Emma Gunst.
martes, 10 de mayo de 2016
La medida de mi madre de Begoña Abad
escribe sus memorias
y yo pienso que cuando falte
no querré leerlas
por si acaso descubro
que no nos hemos conocido nunca.
No sé si te lo he dicho:
mi madre es pequeña
y tiene que ponerse de puntillas
para besarme.
Hace años yo me empinaba,
supongo, para robarle un beso.
Nos hemos pasado la vida
estirándonos y agachándonos
para buscar la medida exacta
donde poder querernos.
Mi madre no recuerda el nombre de su madre.
Ha olvidado el camino de regreso a la vida,
no sabe usar el peine, ni la cuchara,
se pone, casi siempre, la chaqueta al revés
y revuelve los cajones en su memoria,
pero siempre sonríe al escuchar mi nombre.
Mi madre no recuerda si tuvo algún amante,
si ha viajado muy lejos, si ha perdido algún tren,
dónde están sus anillos, si alguna vez fue guapa,
que le gustaba tanto el Chinchón y el café,
que las letras unidas tienen significado
y que el perro que amaba nos dejó ya hace un mes.
Mi madre me recuerda, sin amargura,
lo que yo he olvidado tan tontamente,
la oración de su abuela que me dormía
las canciones de cuna que me cantaba,
y unas romanzas moras que, en letanía,
desgrana mirando por la ventana.
Mi madre y yo sujetamos recuerdos olvidados
como podemos, a veces con dolor,
otras con risas, siempre con esperanza.
Sin acto de amor que me conciba,
sin madre que me espere,
sin saber para qué,
sigo empeñada en nacer
a cualquier hora,
de cualquier manera,
por olvidarme de los días
en los que nacía muerta
o en los que me moría
de a poquitos silenciosos.
Nacerme a cada paso
aunque sea de nalgas
y con dos vueltas de cordón
enrollado en el alma,
nacerme y respirarte...
Quiero que me comprendas,
abro el baúl de las palabras,
busco las que aprendiste de niño,
las más sencillas, las de diario,
¿recuerdas? "Mi mamá me ama".
La mano hábil desbroza,
sabia con los años
se mueve con destreza.
Arranca sin remisión
las peores hierbas.
Vuelve a repasar,
surco a surco,
titubea, se detiene, duda,
pero vuelve a desbrozar.
Teme haber arrancado,
en alguna ocasión,
un brote delicado que no vio,
que no reconoció,
porque el cansancio ciega.
Regresa, cada día más sabia,
al surco que conoce,
camina por él,
observa más despacio
y a la destreza,
a la sabiduría,
añade ahora la piedad.
Me preñaste de palabras
ojalá los hijos que nazcan
tengan tus ojos, tu mirada.
El abultado vientre se parece
a un globo terráqueo
en el que habitarán
los poemas que tú me escribiste.
Continuo caminando,
he decidido seguirte,
me transformo en tu sombra,
una sombra de abultado vientre
que rompa las leyes de la física.
He decidido que el hijo que nazca
compita sólo en el arte de amar
y le pondré tu nombre
y he decidido que inventaré un mundo,
un lugar con sol y agua,
sonde reine el silencio,
donde pueda llevarte conmigo
sin que nadie nos mire.
Cuando nazca lo hará entre dos luces,
la tuya y la mía,
entre dos brazos,
entre líneas,
intercalado,
entre besos
y versos.
Preñada de palabras me tienes.
lunes, 9 de mayo de 2016
Crónica de mí misma de Matilde Alba Swann
Y querer merecerme; de veras merecerme.
Revisar mis dispersas escrituras,
mi palabra, revisarme el sollozo,
la garganta,
auscultarme el latido, desollarme,
revisarme las venas, las arterias.
todo el complejo existencial
que asumo.
Revisar mi conducta, mis proyectos,
lo soñado, ensoñado,
lo vivido,
conformarme de nuevo, aun no inscripta,
sin visión, sin recuerdo, sin mentiras,
sin verdades ocultas, temerosas,
sin impulsos,
sin deserción, sin este yo
impreciso.
Revisar mis dispersas escrituras,
mi palabra, revisarme el sollozo,
la garganta,
auscultarme el latido, desollarme,
revisarme las venas, las arterias.
todo el complejo existencial
que asumo.
Revisar mi conducta, mis proyectos,
lo soñado, ensoñado,
lo vivido,
conformarme de nuevo, aun no inscripta,
sin visión, sin recuerdo, sin mentiras,
sin verdades ocultas, temerosas,
sin impulsos,
sin deserción, sin este yo
impreciso.
Revisarme hasta el fondo, descifrarme,
prenderme, saberme, perdonarme,
tanto pude y no hice,
tanto hice febril
a manotazos,
en apremio suicida, lograr algo, dejar
algo, quedarme allí incrustada,
en la trama inicial, impenetrable,
indestructible, quedar, estar,
ser siempre,
y vencer de la muerte,
y de la vida.
prenderme, saberme, perdonarme,
tanto pude y no hice,
tanto hice febril
a manotazos,
en apremio suicida, lograr algo, dejar
algo, quedarme allí incrustada,
en la trama inicial, impenetrable,
indestructible, quedar, estar,
ser siempre,
y vencer de la muerte,
y de la vida.
Permanecer y ser, por solo acto
de ingerencia en un sino
de criatura.
de ingerencia en un sino
de criatura.
Despedacé mi carne, carne mía, fatigada
de esfuerzo y sinsabores, me derramé, me di,
me hice guiñapo; al costado de holgura,
fui miseria.
Quise tanto y a tantos, y la tierra,
ese soplo de polvo que me aguarda,
y mi aventura batalladora hecha
de timidez, de inermidad
y miedo.
Estos árboles rudos que me vencen
la mirada, cada vez menos útil, y esta noche
que circunda mis noches y me azuza y me manda
no dormir, y pensar, y sentir frío,
y volver al dolor que hice a un costado.
Yo debo revisarme desde el antes,
descubrir el motivo, causa, impulso, la razón,
el por qué, y el hacia adónde, y el por qué
del por qué de la pregunta.
Ascender la montaña hacia la cima,
y mirarme, un abismo,
en el abismo, y elevarme al azul
por propio esfuerzo apoyándome en mí,
envolviéndome en mí,
desde mí misma,
tirar de mí hacia arriba; tocar siquiera
una sola estrella, una sola, o su fulgor
siquiera, o siquiera seguirla
desnudando
mi vergüenza a su luz. Esta corteza,
que resquebraja
cada vez que pienso,
y estas raíces que me petrifican
bajo la inercia de un planeta
muerto.
Quiero salir maleza a herir caminos,
y punzarme de heridas, ser, de pronto,
este mundo y un próximo intuido,
y recordar, de pronto, un otro antiguo
mundo en seres golpeados que lloraron
mucho antes de mí, y que derramaron
en mi llanto de hoy, su sal y acíbar.
de esfuerzo y sinsabores, me derramé, me di,
me hice guiñapo; al costado de holgura,
fui miseria.
Quise tanto y a tantos, y la tierra,
ese soplo de polvo que me aguarda,
y mi aventura batalladora hecha
de timidez, de inermidad
y miedo.
Estos árboles rudos que me vencen
la mirada, cada vez menos útil, y esta noche
que circunda mis noches y me azuza y me manda
no dormir, y pensar, y sentir frío,
y volver al dolor que hice a un costado.
Yo debo revisarme desde el antes,
descubrir el motivo, causa, impulso, la razón,
el por qué, y el hacia adónde, y el por qué
del por qué de la pregunta.
Ascender la montaña hacia la cima,
y mirarme, un abismo,
en el abismo, y elevarme al azul
por propio esfuerzo apoyándome en mí,
envolviéndome en mí,
desde mí misma,
tirar de mí hacia arriba; tocar siquiera
una sola estrella, una sola, o su fulgor
siquiera, o siquiera seguirla
desnudando
mi vergüenza a su luz. Esta corteza,
que resquebraja
cada vez que pienso,
y estas raíces que me petrifican
bajo la inercia de un planeta
muerto.
Quiero salir maleza a herir caminos,
y punzarme de heridas, ser, de pronto,
este mundo y un próximo intuido,
y recordar, de pronto, un otro antiguo
mundo en seres golpeados que lloraron
mucho antes de mí, y que derramaron
en mi llanto de hoy, su sal y acíbar.
Ser el ánfora quieta de una ignota,
milenaria mansión
sin nada dentro,
y esperando.
milenaria mansión
sin nada dentro,
y esperando.
Un océano en peces y vitrales, y en suicidas
y barcos milenarios; ser la orilla, el camino
sobre el agua, ser la brújula, el sol rojo
de noche y el marinero que perdió la novia,
la llegada y el puerto, abigarradas
multitudes ruidosas,
y en mí, nadie.
y barcos milenarios; ser la orilla, el camino
sobre el agua, ser la brújula, el sol rojo
de noche y el marinero que perdió la novia,
la llegada y el puerto, abigarradas
multitudes ruidosas,
y en mí, nadie.
Asomarme a la ardiente boca ígnea
de un volcán que despierta en el incendio,
y saber que soy fuego y quemadura,
que la lava soy yo,
descascarando;
desnudada, sentirme leña al rojo, derramado
mineral,
embistiendo la ladera, burbujeante y hervida.
de un volcán que despierta en el incendio,
y saber que soy fuego y quemadura,
que la lava soy yo,
descascarando;
desnudada, sentirme leña al rojo, derramado
mineral,
embistiendo la ladera, burbujeante y hervida.
Merecerme, de veras merecerme;
en cuclillas orar, sin darme cuenta,
porque quiera la entraña de mi madre,
exhalarme a la luz, y ser pequeña,
respirar, prometer, ser la esperanza
para alguien, sin nada más que el hilo,
que amenaza romper de una esperanza.
en cuclillas orar, sin darme cuenta,
porque quiera la entraña de mi madre,
exhalarme a la luz, y ser pequeña,
respirar, prometer, ser la esperanza
para alguien, sin nada más que el hilo,
que amenaza romper de una esperanza.
Merecerme de veras; ya retorno
del altar y del lodo, del sollozo,
del gemido y del canto, de mi propio
funeral, y me escucho como corro
anhelante y jadeante
a mi bautismo.
del altar y del lodo, del sollozo,
del gemido y del canto, de mi propio
funeral, y me escucho como corro
anhelante y jadeante
a mi bautismo.
sábado, 7 de mayo de 2016
La mazorca de Rubén Bonifaz Nuño
Eclipse prenatal, escudo
contra el ojo del sol, herrumbre amarga
comedora de labios.
Y frente a rente, mi palabra
bien dada, mis maneras de pelado,
aunque me hagan sufrir, y mi agua fría
para bebérmela de madrugada.
Pues en verdad bien poco que tenemos:
nos calentamos apenas, nuestra cara
hacemos un momento, y nos lo vuelan
todo: la casa pobre, la morada
polvorienta del pobre; la cazuela.
Perdido su gobierno, su nobleza,
su oficio de señor, queda extranjero
el pobre, y sin paredes. Mi costado,
mi fraterna mazorca, mi familia.
Y entonces, ¿por qué lado,
a qué nopal me acojo, con qué espinas
me coso el alma al hueso, y en qué chile
me curto el corazón para mañana?
Prueba mi espejo su raíz, y calla
su máscara, y se mira desde el fondo,
en una calavera, la enjoyada
sal llameante en gotas, la lujuria
y el ademán metido de los ojos.
Y digo: mundo, cueva, mi agua firme;
mundo de gemas rojas, fruta roja
en capullo de agujas, mi biznaga.
Yo digo: lengua, piel de olor, alegradora,
o muslos rojos, cómplice, adyacente,
o mundo boqueando; fuego
para achicar la noche cuando aprieta.
Y frente a frente, desde el esqueleto
medular de los huesos, resollando,
mi condición de macho. Al fin que andamos
en lugar peligroso, y nadie olvida.
Donde empieza el que canta, y bien conocen
todos el canto. Bien lo saben.
miércoles, 4 de mayo de 2016
Retrato del artista decrépito de Ramón Rodríguez
Damas y caballeros
me considero
sin pruritos de falaz modestia
el máximo matador de cucarachas
que opera en el centro de Veracruz
pero oíd bien por favor
no afirmo de ninguna manera
que yo sea el eminente matador de cucarachas
de todo Veracruz
pues no soportaría
que me saliera al paso alguno por allí
aclarándome no sin malsano regocijo
que por ejemplo en Tuxpan o en las Choapas
o peor aún que en algún pueblo furris
alejado muchos kilómetros de Xalapa
mas nunca de su corazón
existe un habitante
que ha validado con creces mis hazañas.
Mi modalidad o técnica es sencilla
no se trata por supuesto de aplastar
dejando un rastro de sustancias viscosas
regadas por doquier
ni de andar dando zapatazos
ni de usar diarios mundos crónicas
soles gráficos políticas o dictámenes enrollados
ni mucho menos efluvios tóxicos
que deterioran al ambiente
basta un certero y vertiginoso golpe con el índice
en el lugar preciso
en donde localizaríamos
el cerebelo de la cucaracha
si ésta lo tuviere
Sin embargo
reconozco que el pulso y la vista
me irán fallando imperceptible pero fatalmente
cuando llegue un amanecer cualquiera
y la guitarra esté tendida
en silencio sobre la mesa
me iré solo por un camino de alguna estación
haciendo sonar con mis botines
el pedregullo a la orilla de un río
dirán entonces
le tenemos mucho cariño a este hombre
por ejemplo más que a un billete de veinte dólares
vaya inclusive
más que a un compacto cochecillo japonés
era el mejor de todos
era el mejor de todos
por supuesto
por supuesto
aunque fuera sólo en el centro
de Veracruz.
miércoles, 20 de abril de 2016
Algún día de Ana Istarú
Algún día
algún misterioso día húmedo
me volcaré en mí misma para siempre,
y no podrá nadie llamarme
por mi nombre,
porque seré un encierro de paz,
único y eterno.
Algún día húmedo,
con el sello infinito de dos palabras:
no volveré.
Y la vida abierta y dolorosa
bajará rodando por las gradas.
martes, 19 de abril de 2016
Escrito en el polvo de Luis Alberto Arellano
![]() |
| Victoria Clare Gray |
Caminamos oscuros por el bosque
Atrás quedó el campamento donde
todos bailan y ríen junto al fuego.
En un claro encontramos un grupo grande de luciérnagas.
Sus cuerpos encienden y apagan un ritmo
pausado que parece un mensaje a los cielos.
Mi hijo grita y señala el abrasarse,
como teas al viento, de los bichos.
Parece que los cuerpos interrogan a las estrellas
por el paradero de Dios.
Algo urge que le comuniquen.
La noche nada responde.
Sólo el croar de algunas ranas
y el parloteo inútil de las aves en la enramada.
El aire sabe a sal como una lágrima.
Amenaza lluvia y la inminencia todo lo cubre.
La mano de mi hijo en mi mano
me salva del mudo abandono de las estrellas.
Material tomado de Poesía Mexa Archivo de poesía (1940-2016).
domingo, 17 de abril de 2016
Memoria de la noche de Juan Carlos Mestre
voy a empezar a vivir
es que ha pasado un hombre alto como un eucalipto
y no soy yo
cuando pregunta por el dueño de las carnicerías
y entonces entra y clausura todas las sangres
y los clamores del mundo mugen tan gozosos
ya de la vida toda y de la muerte ninguna.
Esta noche y no en otra noche más doliente o profunda
voy a empezar a nacer
es que ha pasado un niño con más fusiles que risas
y no soy yo
cuando pregunta por el dueño del hambre
y la esperanza general de la tierra se conmueve
ya de venganza o de ira.
Esta noche y no en otra noche más triste y obscura
voy a empezar a creer
es que ha pasado una mujer parecida a mi madre
y yo también soy
cuando pregunta por mí y yo me reconozco
ya de dolor o vergüenza.
Esta noche y no en otra noche más cruel o suicida
voy a empezar a morir
es que me ha saludado el que me odia
y no soy yo
cuando pregunta mi oficio terrible de dulzura
y ya una bala me sueña.
Esta noche y no en otra noche más deseada y querida
voy a empezar a cantar
es que el silencio recorre mis cosas
y no soy yo
cuando se callan en el miedo las estrellas
ya sentencia o castigo.
Esta noche y no en otra noche más ciega y oculta
voy a aparecer de repente
es que a tantos han ido reduciendo a la sombra
que ni soy yo
cuando estábamos todos y ahora no existes
ya desolación y miseria.
Esta noche y no en otra noche más bella y sentida
voy a preguntar por el pan
es que ha pasado la muerte toda encendida de trigo
y no soy yo
cuando responde la lluvia cayendo en la nada
ya paciencia o trabajo.
Esta noche y no en otra noche más incierta o mentira
voy a confesarme del miedo
es que han encendido una hoguera
y soy también en la llama
cuando arde el deseo prohibido
ya diferencia o pecado.
Esta noche y no en otra noche más confiada y amiga
voy a rendirme con pena
es que una caricia me acusa
y no soy yo
cuando apuntan mi nombre en el aire
ya condenado o alegre.
Esta noche y no en otra noche más fría o ajena
voy a marcharme hacia siempre
es que nunca la muerte termina
y no soy yo
cuando maltratan el beso con ira
ya religión o fracaso.
Esta noche y no en otra noche más noche y eterna
voy a pensar que respiro
es que una palabra se ahoga en un libro
y no soy yo
cuando aplauden lo horrible del mundo
ya consagración o veneno.
Esta noche y no en otra noche más desolada y perdida
voy a escribir al tirano
es que pasa mi abuela con flores, con vida
y no soy yo
cuando llora vacía ante el cielo
ya letanía o milagro.
Esta noche y no en otra noche más escondida y lejana
voy a quedarme contigo
es que ocurre un monstruo en las selvas del alma
y no soy yo
cuando claman heridas y heridas
ya gobiernos o leyes.
Esta noche y todas las noches del día
voy a decirte mi amiga culpable
es que está pasando la vida
y yo no soy
cuando un hombre se sienta y nos habla
ya destrucción o poesía.
jueves, 31 de marzo de 2016
Dormir y despertar
Como no era capaz de comprender
una cosa sin la otra, y tú tampoco,
pensé que hacíamos una buena pareja.
Nos confesamos
el uno al otro nuestro más oscuro
secreto: que existíamos...
Pero eso fue en la noche y oh, al alba,
qué visión tan terrible:
desperté, mi cabeza junto a ti,
tú, el rubio, el almiar, el trigo.
Y pensé: Señor,
yo qué clase de pan
voy a ser,
y quién lo comerá.
Nichita Stanescu
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