sábado, 24 de mayo de 2014

Diálogo

Él abre la boca 
es roja por dentro 
ella abre los ojos 
su córnea es blanca 
como la luna


se está quieta 
la córnea luna 
iluminando apenas 
la bienamada encía


adentro 
con silencio 
a boca cerrada 
a oscuras 
habitan ambos 


Blanca Varela

domingo, 18 de mayo de 2014

Chequeo médico

Si ignoras el horror,
si quieres olvidarte de la vida
un rato, entra al hospital más próximo.
Y busca la zona de corta estancia.

Prohibido equivocarse, fumar, llorar a gritos.
Intérnate. El horror estará cerca.
Enférmate, y entonces
arrancarán tu ropa de colores
pesarán tus desmanes y tus dudas.

Escucharán, extraños seres, tu corazón.
Pincharán, sin piedad, todas tus venas.
Querrán de tu dulzura saber todo.

Contarán tus huesos a contraluz
Matarán tu pudor herido y gris

Recibirán completos tus deshechos.
Pondrán anestesia en tu memoria.
Despertarás en blanco
frente a un ramo de minutos muertos.


Todo bien, dirán en algún instante.
Si te puedes ir, no olvidarás nunca.

Lucía Rivadeneyra

sábado, 17 de mayo de 2014

Where is my man?

Nunca te tengo tanto como cuando te busco
sabiendo de antemano que no puedo encontrarte.
Sólo entonces consiento estar enamorada.
Sólo entonces me pierdo en la esmaltada jungla
de coches o tiovivos, cafés abarrotados,
lunas de escaparates, laberintos de parques
o de espejos, pues corro tras de todo
lo que se te parece.
De continuo te acecho.
El alquitrán derrite su azabache,
es la calle movible taracea
de camisas y niquis, sus colores comparo
con el azul celeste o el verde malaquita
que por tu pecho yo desabrochaba.
Deliciosa congoja si creo reconocerte
me hace desfallecer: toda mi piel nombrándote,
toda mi piel alerta, pendiente de mis ojos.
Indaga mi pupila, todo atisbo comprueba,
todo indicio que me conduzca a ti,
que te introduzca al ámbito donde sólo tu imagen
prevalece y te coincida y funda,
te acerque, te inaugure y para siempre estés.

Ana Rosetti

Seamus Heaney

I
Esta noche, un primer movimiento, un pulso,
como si la lluvia se acumulase en el pantano
hasta romper y desbordarse: una presa que estalla,
un tajo abriendo la cama de helechos.
Tu espalda es una firme línea de costa del este
y brazos y piernas se prolongan
más allá de tus colinas graduales. Acaricio
la palpitante provincia donde creció nuestro pasado.
Soy el reino elevado por encima de tus hombros
al que no halagarías ni puedes ignorar.
La conquista es mentira. Envejezco
tolerando tu orilla semi-independiente
dentro de cuyos límites ahora mi legado
culmina inexorable.

II
Imperialmente soy varón todavía,
dejando para ti todo el dolor,
el proceso de rendición en la colonia,
el ariete, la barrera que explota desde dentro.
El acta germinó en una obstinada quinta columna
cuya postura crece de forma unilateral.
Su corazón bajo tu corazón es un tambor de guerra
que llama a filas a la fuerza. Sus parasitarios
e ignorantes puños pequeños
ya golpearon tus fronteras y sé que apuntan hacia mí
por encima del agua. No veo ningún tratado
que ponga a salvo por completo
tu cuerpo hollado y estirado, el gran dolor
que, como campo abierto, te deja en carne viva, una vez más.

De "Norte" 1975
Versión de Vicente Forés y Jenaro Talens

viernes, 16 de mayo de 2014

42

Desde la tristeza que se desploma,
desde mi dolor que me cansa,
desde mi oficina, desde mi cuarto revuelto,
desde mis cobijas de hombre solo,
desde este papel, tiendo la mano.

Ya no puedo ser solamente
el que dice adiós, el que vive
de separaciones tan desnudas
que ya ni siquiera la esperanza
dejan de un regreso: el que en un libro
desviste y aprende y enseña
la misma pobreza, hoja por hoja.

Estoy escribiendo para que todos
puedan conocer mi domicilio,
por si alguno quiere contestarme.

Escribo mi carta para decirles
que esto es lo que pasa: estamos enfermos
del tiempo, del aire mismo,
de la pesadumbre que respiramos,
de la soledad que se nos impone.

Yo sólo pretendo hablar con alguien,
decir y escuchar. No es gran cosa.
Con gentes distintas en apariencia
camino, trabajo todos los días;
y no me saludo con nadie: temo.

Entiendo que no debe ser, que acaso
hay quien, sin saberlo, me necesita.
Yo lo necesito también. Ahora
lo digo en voz alta, simplemente.

Escribí al principio: tiendo la mano.
Espero que alguno lo comprenda.


Rubén Bonifaz Nuño

lunes, 12 de mayo de 2014

Entre la soledad ruidosa de las gentes


para Wenceslao Rodríguez 


Busco un hombre y no sé si sea para amarlo
o para castrarlo con mi angustia.
Tengo hambre de ser
y me siento frente a la ventana
a masticar estrellas
para que este dolor de estómago sea cierto.
La verdad es que duele en los nervios
todo el cuerpo, esta noche, hasta los tuétanos.

En la casa contigua
grita una mujer las glorias de la Biblia
y no conoce a Dios.
Su voz huele a vinagre, a aceite de ricino,
y Dios no huele a eso.
Entre mil olores reconocería el suyo.
Algo que no digiero me ha hecho daño esta tarde.

He visto a otros más humildes que yo.
No quiero reconocerme en ellos.
De tanto huir se me han caído las palabras
hasta el fondo del miedo:
no salen, rebotan dentro como canicas, suenan sordas.
Sin querer, me doy cuenta que me he quedado en la ruina.
Me falta lo mejor antes de irme: el Amor.
Y es tarde para alcanzarlo,
y me resulta falso decir:
—Señor, apóyame en tu corazón
que tengo ganas de morir madura.
Nadie madura sin el fruto.
El fruto es lo vivido y no lo tengo:
lo busco ya tarde,
entre la soledad ruidosa de las gentes
o en el amor que intento, y doy, y espero,
y que no llega.


Enriqueta Ochoa

sábado, 26 de abril de 2014

Destino

Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es anima de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo del tigre.

El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.

Damos la vida sólo a lo que odiamos.

Rosario Castellanos

domingo, 16 de marzo de 2014

La palabra

Quiero bien a la palabra viva:
alegremente por aquí brinca;
saluda con gentil reverencia,
es graciosa incluso en la torpeza.
Tiene casta, resopla denodada,
pues al oído del sordo se arrastra;
se ensortija y revolotea,
y todo cuanto hace deleita.
Pero la palabra es criatura tierna,
unos ratos sana, otros enferma.
Si quieres que su corta vida guarde,
has de ser con ella grácil y suave,
no manosearla ni maltratarla,
pues muere a veces por malas miradas.

Y entonces yace tan deforme,
tan exangüe, tan frío y pobre
su cadáver cambiado gravemente,
vejado por la agonía y la muerte.
Una palabra muerta es algo feo,
es un esquelético tintineo.
¡Qué asco de todas las artes mezquinas
que matan palabras y palabritas!

Esto no es un libro: ¿qué importan ellos,
qué importan esas mortajas y féretros?
Esto es una voluntad, una promesa,
una última rotura de pasarelas,
es un viento marino, un dejar anclajes,
un guiar el timón, un rugir de engranajes;
brama el cañón, blanco humea su fuego,
ríe el mar, lo monstruosamente inmenso.

Friedrich Nietzsche

miércoles, 12 de marzo de 2014

PERFECTO MÍO, SEÑOR DE LOS POTREROS



























Para Félix Todd Cámara

Me anega esa sazón oscura y cálida de cafetal,
los muros de agua resbalando obstinados
en menudas cortinas
y esa marea exótica, penetrante,
de verde alcohólico en tus montes.
Todo quedó allá.
Mi nervio, mi tenso músculo
enraizados en tu tronco voraz.
¡Ah!, implacable e impecable jinete,
señor de los potreros,
dueño de mi verano apocalíptico,
añoranza radiante en mi septiembre.
Yo no quiero
que pase sobre ti
su lengua el tiempo.
Que no se desdibuje esa plenitud escultural,
que la preserven de todo mal los dioses,
que no desbande tu maciza voz
el viento.
Perfecto mío, adéntrate en mi seno.
Escóndete en la gruta de mi lengua.
Súbete en mi palabra:
salta entero al papel.
Ojalá yo pudiera eternizarte
en la más alta catedral del viento.

Enriqueta Ochoa

sábado, 1 de marzo de 2014

Poemas de Ángel José Fernández

LOS FANTASMAS
(fragmento)
A Pancho Salmerón

1
Los fantasmas del patio de mi casa

son sábanas tendidas

                                  en lo oscuro,

huecos del ser
               
                   y augurios malhabidos

y son también, constatación de luna. 

Mueve el viento

                     sus títeres nocturnos,

se ensaña con mis miedos,

                                            aletea

su especie en extinción

                                 y me habla cosas

como un embajador

                                         del más allá

contándome sus penas.


                                   Es decir

de trasnochado Dios eso que dicen,

y me consuelo a tientas,

                                            me espejeo

con mis sombras doy lectura de fe

de que me siguen.

   
                                  Y soy yo sin Dios,

y soy el mismo viento por el patio.

De "Algo así", 1981.






10

El azar es azul, así lo expresa
la música del mar
de arenas movedizas, tropezón
de este ser
que apaga su caída
con su temple motor.

La pesadilla es irse acostumbrando
a cruzarse de manos y doblar aspavientos,
escuchar a la muerte
como en un caracol
con sus palabras huecas y acercarse
hasta ser,
puro en su tumba, sólo el torpe
que uno mismo se erige en el abajo.

Vaya pancarta silenciosa,
calamidad de viva roca sorda
y roca viva a golpe y sangre.
Vaya.


De Tempestad en la lumbre, en "Nocturno al amanecer", 1984.