miércoles, 9 de julio de 2014

Elegías del amado fantasma







PRIMERA ELEGÍA


I

Inclinada, en tu orilla, siento como te alejas.
Trémula como un sauce contemplo tu corriente
formada de cristales transparentes y fríos.
Huyen contigo todas las nítidas imágenes,
el hondo y alto cielo,
los astros inventados, la vehemencia
ingrávida del canto.

Con un afán inútil mis ramas se despliegan,
se tienden como brazos en el aire
y quieren prolongarse en bandadas de pájaros
para seguirte adonde va tu cauce.

Eres lo que se mueve, el ansia que camina,
la luz desenvolviéndose, la voz que se desata.

Yo soy sólo la asfixia quieta de las raíces
hundidas en la tierra tenebrosa y compacta.


II

Allá está el mar que no reposa nunca.

Allá el barco y la vela infatigable,
los breves edificios de la espuma,
las olas retumbando y persiguiéndose.
Allá, en los arrecifes, las sirenas
con el cabello y la canción flotantes
en lúcidos pendones musicales.


III

Yo quedaré dormida como el árbol
al que no abrazan hiedras de amorosa frescura,
ni corona los nidos
ni rasgan su corteza verdes retoños tiernos.
Y estaré ciega, ciega para siempre
frente al escombro de un espejo roto.

Si alguna vez me inclino como ahora
con un además trémulo de sauce
habrá de ser para asomarme en vano
al opaco arenal que abandonaste.




SEGUNDA ELEGÍA

I

Convaleciente de tu amor y débil
como el que ha aposentado largamente en sí mismo
agonías y fiebres,
salgo, purificada y tambaleante,
al reclamo de calles y de patios.
¡Qué algarabía de ruidos confusos y de olores
mezclado! ¡Qué agresivo
desorden de colores esparcidos!

Con los cinco sentidos sellados yo recibo
en mansedumbre el sol sobre mi espalda.

Las hormigas circulan a mis plantas.

Si alguien me sacudiera despertara
en un extraño mundo, frágil y húmedo,
como bañado en lágrimas.


II

No es en el costado la herida, ni en las sienes.
Las manos palparían sin hallarla
y el que escuche las quejas atiende señas falsas
y confía en palabras inexactas.
No es siquiera una herida. Es el cimiento
roído de gusanos, la escalera
incompleta y las aguas estancadas.


III

Arrullo mi dolor como una madre a su hijo
o me refugio en él como el hijo en su madre
alternativamente poseedora y poseída.
No supe aquella tarde
que cuando yo decía adiós tú decías muerte.

Ahora no es posible saber nada.

Para dejar caer, rendida, mi cabeza
busco una piedra lisa por almohada.
No pido más que un limbo de soledad y hastío
que albergue mi ternura derrotada.



TERCERA ELEGÍA



I

Como la cera blanda, consumida
por una llama pálida, mis días
se consumen ardiendo en tu recuerdo.
Apenas iluminas el túnel de silencio
y el espanto impreciso
hacia el que paso a paso voy entrando.

Algo vibra en mi ser que aún protesta
contra el alud de olvido
que arrastra en pos de sí a todas las cosas.
¡Ah, si pudiera entonces crecer y levantarme,
alumbrar como lámpara
alimentada de tu vivo aceite
en una hoguera poderosa y clara!

Pero ya nada alcanza a rescatarme
de la tristeza inerte que me apaga.

Grandes espacios ciernen finas nieblas
entre tu rostro y los que aquí te borran.
Tu voz es casi un eco
y lejos resplandece tu mirada.


II

Como queriendo sorprender tu ausencia
desnuda, abro las puertas de improviso
y acecho las ventanas entornadas.

Encuentro las estancias desiertas y sombrías
donde el vacío congela sus perfiles
ciñéndose a la línea de tu cuerpo.

Es como una profunda y simple copa
para beber la integridad del llanto.


III

Tal vez no estés aquí dominando mis ojos,
dirigiendo mi sangre, trabajando en mis células,
galvanizando el pulso de tinieblas.

Tal vez no sea mi pecho la cripta que te guarda.

Pero yo no sería si no fuera
este castillo en ruinas que ronda tus fantasmas.


viernes, 13 de junio de 2014

Canción de amor para tiempos difíciles

Difícil escribir te quiero con locura.
Hasta la misma médula. ¿Qué será de mis manos
si les roban la magia sonora de tu cuerpo?
Difícil. Muy difícil un poema de amor en estos tiempos.
Resulta que tú estás. Feroz en tu evidencia.
Resulta que yo estoy. Contrahecha. Acechante.
Y resulta que estamos.
La ley de gravedad no nos perdona.
Difícil es decir te quiero en estos tiempos.
Te quiero con urgencia.
Quiero hacer un aparte. Sin dudas y sin trampas.
Para decir te quiero. Así. Sencillamente.
Y que tu amor me salva del aullido nocturno
cuando loba demente la fiebre me arrebata.
No quiero que me duela la falta de ternura.
Pero amor. Qué difícil escribir que te quiero. Así.
Entre tanto gris. Tanta corcova junta.
Cómo puedo aspirar la transparencia.
Retomar esta voz tan desgastada.
Esta costumbre antigua para decir te quiero.
Así. Sencillamente. Antiguamente. Digo.
Si todo es tan difícil. Si duele tanto todo.

Si un hombre. Y otro hombre. Y luego otro. Y otro.
Destrozan los espacios donde el amor se guarda.
Si no fuera difícil. Difícil y tremendo.
Si no fuera imposible olvidar esta rabia.
Mi reloj. Su tic-tac. La ruta hacia el cadalso.
Mi sentencia ridícula con esta cuerda falsa.
Si no fuera difícil. Difícil y tremendo.
Plasmaría este verso con su cadencia cursi.
Si fuera así de simple escribir que te quiero.


María Elena Cruz Varela

viernes, 6 de junio de 2014

Adán y Eva



VII


-¿Qué es el canto de los pájaros, Adán?

-Son los pájaros mismos que se hacen aire. Cantar es derramarse en gotas de aire, en hilos de aire, temblar.

-Entonces los pájaros están maduros y se les cae la garganta en hojas, y sus hojas son suaves, penetrantes, a veces rápidas. ¿Por qué?, ¿por qué no estoy madura yo?

-Cuando estés madura te vas a desprender de ti misma, y lo que seas de fruta se alegrará, y lo que seas de rama quedará temblando. Entonces lo sabrás. El sol no te ha penetrado como al día, estás amaneciendo.

-Yo quiero cantar. Tengo un aire apretado, un aire de pájaro y de mí. Yo voy a cantar.

-Tú estás cantando siempre sin darte cuenta. Eres igual que el agua. Tampoco las piedras se dan cuenta, y su cal silenciosa se reúne y canta silenciosamente.




VIII


-Hace tres días salió Adán y no ha vuelto. Ay, yo era feliz, yo era feliz.

He tenido miedo, no he podido dormir.

Estoy sola, ¿por qué no regresa? Salí a buscarlo pero él no estaba, lo llamé. Me asusta la noche, ¿qué puedo hacer sin él? Todo es muy grande, muy largo, sin rumbo. Estoy perdida, rodeada de cosas extrañas. ¿Qué vas a encontrar?


Y Eva se ha quedado dormida. Y estaba dormida cuando llegó Adán.

Adán llegó cansado pero no descansó. Se puso a mirarla, y la estuvo mirando por primera vez.




Jaime Sabines

lunes, 2 de junio de 2014

2


De arpa y jaranas precedido,
hoy quiero vestirte de colores;
en paz porque te miro, y pienso
en tus ojos cuando me nombras
y en qué bonitas piernas tienes.

La boca me sabe como a flores
sólo con pensar en recordarte.

Y a procurarte vengo, amándote
sin presumirte de valiente
ni de joven; por el puro gusto
de consentirte, a saludarte.

Todo brilla como de milagro;
es como volar de madrugada,
ay mamá, y hallarte de repente
pintada de rosas y de estrellas.

Porque estoy bien del corazón;
porque me has dado de la copa
de quemadas mieles de tus ojos,
me acusan de borracho; porque
no puedo andar derecho, y canto
por sentirme a gusto, y a huapangueo.

Soy capitán, aunque me digan
marinero. Cierto: estoy borracho
de ti. Me he ganado que me acusen.

Lo que volando viene, dicen,
volando se va; como volando
te hallé; tal vez te irás mañana.
Hoy estás aquí. Mañana, acaso,
me afligiré. Será otro día.

Ya te saludé; me voy ahora
seguido del arpa y las jaranas.
Tu mano dame, te lo pido;
dame tu mano, me despido.

Trovas del Mar Unido, Rubén Bonifaz Nuño

domingo, 1 de junio de 2014

Su mirada hacía tierna la luz

Él sabía amar a la naturaleza. "Ansío -dijo- conocer lugares remotos", y empezó a caminar haciendo malabarismos afortunados con la vida.

Su corazón hablaba una lengua que entendían los sabios y los niños, y cuando lloraba o reía era sin el brillo de la malicia; por eso su mirada hacía tierna la luz de los pueblos donde pasaba.


Enriqueta Ochoa

jueves, 29 de mayo de 2014

Poemas a Cris de Julio Cortázar

1

Ahora escribo pájaros.
No los veo venir, no los elijo,
de golpe están ahí, son esto,
una bandada de palabras
posándose
una
a
una
en los alambres de la página,
chirriando, picoteando, lluvia de alas
y yo sin pan que darles, solamente
dejándolos venir. Tal vez
sea eso un árbol

o tal vez
el amor.

Julio Cortázar

miércoles, 28 de mayo de 2014

PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa.
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás.
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caída la fuga.
Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


Luz y sombra, Juan Rulfo.


Julio Cortázar

domingo, 25 de mayo de 2014

El sauce y el río: Amante y amado




Sauce, mírate en mí. Me pondré quieta
para servir de espejo a tu ramaje.
Sauce, ¿no tienes sed? ¿Te gusta el traje
que el sol me ha puesto? ¿Qué ansiedad secreta

te hace inclinar los gajos pensativos?
¡Eres tan claro, sauce, y tan hermoso!
Susúrrame tu pena. Ve: yo vivo
pendiente de tu angustia o de tu gozo.

Grano por grano roeré la tierra
que tus raíces avarienta encierra
impidiendo que te hundan en mis ondas.

Cuando te alces en medio de mi río,
¿qué suprema embriaguez sentirte mío
y circular bajo tus verdes frondas!

¿Dónde?, Juana de Ibarbourou


:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::



Inclinada en tu orilla, siento como te alejas
trémula como un sauce contemplo tu corriente
formada de cristales transparentes y finos.

Huyen contigo todas las nítidas imágenes
el hondo y alto cielo
los astros imantados, la vehemencia
ingrávida del canto.


Con un afán inútil mis ramas se despliegan,
se extienden como brazos en el aire
y quieren prolongar en bandadas de pájaros
para seguirles a donde va tu cauce.

Eres lo que se mueve, el ansia que camina,
la luz desenvolviéndose, la voz que se desata.
Yo soy solo la asfixia quieta de las raíces
hundidas en la tierra tenebrosa y compacta.

Allá está el mar que no reposa nunca,
allá el barco y la vela infatigable,
los breves edificios de la espuma
las olas retumbando y persiguiéndose.
      

Allá, en los arrecifes, las sirenas
con el cabello y la canción flotantes
en lúcidos pendones musicales.

Yo quedaré dormida como el árbol
al que lo abrazan hiedras de amorosa frescura,
ni corona las vidas
ni rasga su corteza verdes retoños tiernos.

Y estaré ciega, ciega para siempre
frente al asombro de mi espejo roto.

Si alguna vez me inclino como ahora
con un ademán trémulo de sauce
habrá de ser para asomarse en vano
al opaco arenal que abandonaste.

Primera Elegía, Rosario Castellanos

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

2

Aquí tienes mi mano, la que se levantó
de la tierra, colmada como espiga en agosto.
Aquí están mis sentidos
de red afortunada,
mi corazón, lugar de las hogueras,
y mi cuerpo que siempre me acompaña.

He venido, feliz como los ríos,
cantando bajo un cielo de sauces y de álamos
hasta este mar de amor hermoso y grande.

Yo ya no espero, vivo.




11

Me quedo en las palabras
igual que en un remanso, contemplando
cielos altos, profundos y tranquilos.

Por nada cambiaría
mi destino de sauce solitario
extasiado en la orilla.

Si alguna vez me voy me iré llevando
una mirada limpia
donde los otros beban el resplandor ausente.


12

El que buscó mi mano
para cortar racimos,
deje mi mano suelta
sin fruto y sin anillo.

El que llamó a mi cuerpo
para nacer, se calle.
No ponga en mi cintura
la guirnalda de madre.

Adiós, adiós los nombres,
las máscaras, la casa.
Yo no soy, yo no soy
más que un pequeño cauce amoroso del agua.


Misterios Gozosos, Rosario Castellanos



::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::


¿Ustedes creen que las márgenes de un río sufren por dejarlo correr?


Frida Kahlo

sábado, 24 de mayo de 2014

Ya no será

Ya no será
ya no
no viviré contigo
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.

Idea Vilariño

Al amor

Amor, si me miraras, Amor, deidad huraña, 
dios de las madrigueras, dios de las espaldas; 

si cayera sobre mí tu "clara pesadumbre"
revelando tus rasgos, amasador de sombra; 

si una vez me miraras en los ojos
y no me prefirieras siempre ese yo que es otro, 
infiel en contubernio con mi doble, 
tú, refugio sellado y puerto insituable; 

si me dijeras basta, Amor, deidad sin rostro;
si me riera, y tú también, de pronto,
renunciando a tu gesto de dudosos martirios,
tú también, pobre ídolo, tú también te rieras

-¡y rasgando ¿verdad? tus velos y tus máscaras
desnudarías con soberbia hilaridad la ficción vana
de esta comedia sórdida de espectros y de infiernos!
(Basta ya ¿quieres? Basta. Ríete y vamos a encontrarnos...)

Tomás Segovia