Caminamos oscuros por el bosque Atrás quedó el campamento donde todos bailan y ríen junto al fuego. En un claro encontramos un grupo grande de luciérnagas. Sus cuerpos encienden y apagan un ritmo pausado que parece un mensaje a los cielos. Mi hijo grita y señala el abrasarse, como teas al viento, de los bichos. Parece que los cuerpos interrogan a las estrellas por el paradero de Dios. Algo urge que le comuniquen. La noche nada responde. Sólo el croar de algunas ranas y el parloteo inútil de las aves en la enramada. El aire sabe a sal como una lágrima. Amenaza lluvia y la inminencia todo lo cubre. La mano de mi hijo en mi mano me salva del mudo abandono de las estrellas.
Esta noche y no en otra noche más cercana o desnuda voy a empezar a vivir es que ha pasado un hombre alto como un eucalipto y no soy yo cuando pregunta por el dueño de las carnicerías y entonces entra y clausura todas las sangres y los clamores del mundo mugen tan gozosos ya de la vida toda y de la muerte ninguna. Esta noche y no en otra noche más doliente o profunda voy a empezar a nacer es que ha pasado un niño con más fusiles que risas y no soy yo cuando pregunta por el dueño del hambre y la esperanza general de la tierra se conmueve ya de venganza o de ira. Esta noche y no en otra noche más triste y obscura voy a empezar a creer es que ha pasado una mujer parecida a mi madre y yo también soy cuando pregunta por mí y yo me reconozco ya de dolor o vergüenza. Esta noche y no en otra noche más cruel o suicida voy a empezar a morir es que me ha saludado el que me odia y no soy yo cuando pregunta mi oficio terrible de dulzura y ya una bala me sueña.
Esta noche y no en otra noche más deseada y querida voy a empezar a cantar es que el silencio recorre mis cosas y no soy yo cuando se callan en el miedo las estrellas ya sentencia o castigo. Esta noche y no en otra noche más ciega y oculta voy a aparecer de repente es que a tantos han ido reduciendo a la sombra que ni soy yo cuando estábamos todos y ahora no existes ya desolación y miseria. Esta noche y no en otra noche más bella y sentida voy a preguntar por el pan es que ha pasado la muerte toda encendida de trigo y no soy yo cuando responde la lluvia cayendo en la nada ya paciencia o trabajo. Esta noche y no en otra noche más incierta o mentira voy a confesarme del miedo es que han encendido una hoguera y soy también en la llama cuando arde el deseo prohibido ya diferencia o pecado. Esta noche y no en otra noche más confiada y amiga voy a rendirme con pena es que una caricia me acusa y no soy yo cuando apuntan mi nombre en el aire ya condenado o alegre. Esta noche y no en otra noche más fría o ajena voy a marcharme hacia siempre es que nunca la muerte termina y no soy yo cuando maltratan el beso con ira ya religión o fracaso.
Esta noche y no en otra noche más noche y eterna voy a pensar que respiro es que una palabra se ahoga en un libro y no soy yo cuando aplauden lo horrible del mundo ya consagración o veneno. Esta noche y no en otra noche más desolada y perdida voy a escribir al tirano es que pasa mi abuela con flores, con vida y no soy yo cuando llora vacía ante el cielo ya letanía o milagro. Esta noche y no en otra noche más escondida y lejana voy a quedarme contigo es que ocurre un monstruo en las selvas del alma y no soy yo cuando claman heridas y heridas ya gobiernos o leyes. Esta noche y todas las noches del día voy a decirte mi amiga culpable es que está pasando la vida y yo no soy cuando un hombre se sienta y nos habla ya destrucción o poesía.
Como no era capaz de comprender una cosa sin la otra, y tú tampoco, pensé que hacíamos una buena pareja. Nos confesamos el uno al otro nuestro más oscuro secreto: que existíamos... Pero eso fue en la noche y oh, al alba, qué visión tan terrible: desperté, mi cabeza junto a ti, tú, el rubio, el almiar, el trigo. Y pensé: Señor, yo qué clase de pan voy a ser, y quién lo comerá.
Ya sé que la muerte no existe todavía no sé cómo decirlo a los muertos
***
Ojos míos por qué están tristes a pesar de que me siento alegre palabras mías por qué son tan ásperas a pesar de que soy tierna actos míos por qué son tan estúpidos a pesar de que soy inteligente amigos míos por qué están agotados a pesar de que soy fuerte
Siempre puede haber un tiempo de inocencia. Nunca existe un lugar. O si no existe un tiempo, Si no es cosa de tiempo, ni de espacio,
Existiendo, a solas, en su idea, En el sentido contra la calamidad, no es por ello Menos real. Para el filósofo más frío y más anciano
Hay o debe de haber un tiempo de inocencia Como puro principio. Su naturaleza es su fin, Que debería ser y no ser a un tiempo, una cosa
Que estimula la piedad de un hombre piadoso, Como un libro al atardecer, hermoso pero falso. Como un libro al alba, hermoso y verdadero.
Es como una cosa de éter que existe Casi como predicado. Pero existe, Existe, y es visible, existe, es.
Así, entonces, estas luces, no son un hechizo de luz, Un refrán caído de una nube, sino inocencia. Inocencia de la tierra y no un signo falso
O un símbolo de malicia. Que participamos De eso mismo, yacemos como niños en esta santidad, Como si, despiertos, yaciésemos en la quietud del sueño,
Como si la madre inocente cantase en la oscuridad De la habitación y en un acordeón ¡ apenas oído, Crease el tiempo y el espacio en el que respirábamos...
Cómo se puede hablar desde esta arista al páramo que todo lo disfraza de un hálito divino y puede en cambio no dolernos este barco sin rumbo que es la muerte siendo tan real la muerte como el barco y tan invento insomne lo divino.
ULISES
Perpetuo movimiento Concédeme el reposo dame agua de la inercia mis poros se dilatan aspirando al misterio Gran río de los eternos qué profunda tu voz cuando me llamas. Pero yo estoy aquí...aquí...sin barco encallada en el mar eternamente
El fuego me calcina derritiendo la cera
y habito en el insomnio. Ulises ya no pasa. ¿Quién me dará la cera?
Soy una pasajera con extraño destino Y aquí en el imposible
tu voz es ya la mía.
Sólo existe una línea de río a mar de calma a movimiento.
Pero no tengo barco no conozco la línea
y estoy aquí...encallada.
Mi corazón no me conoce
Soy toda movimiento y le resulto ajena Olvido que hay paredes
muros, agua salada.
Soy olvido total olvido eterno
Se me olvida que ya no tengo barco.
Se me olvida que ya no tengo Ulises.
TANTO MIRARA A DIARIO la soga y el cuchillo extranjeros amor, piedad, consuelo; bordeándonos el alma desolación y angustia, el cielo por las calles quebrado en mil pedazos
estrellas encerradas en focos y faroles océanos en botellas adornando mansiones y burdeles;
peces de cien colores en acuarios caseros,
el aire se caliente o se enfría a nuestro antojo.
Cine, alcohol, la eterna juventud y hasta un buen mozo
se anuncian y se venden.
Después de cada compra, la vida
se me revela en sueños
como una acorralada fiera
o algún esclavo nubio.
Polvo somos, y en polvo convertirnos
debemos, sí, sin duda: pero...¿cuándo?
¿cuál será la señal?, ¿qué va a decirnos
que ya esa conversión se está operando?
Nuestras venas, quizás, van a advertirnos;
son como ríos que se irán secando,
volviéndose de lodo; sin pedirnos
la venia, en torno todo irán matando.
Todavía están verdes estos sauces
que alimentan sus lágrimas serenas
bebiendo en la corriente de mis venas;
todavía va sangre por sus cauces,
y mientras van ganando las arenas,
más en su fondo, se las ve más llenas.
POR SU BELLEZA, por su sombra,
por mirara el color de su presencia
y apoyarme en su alterna permanencia
de vede techo y dorada alfombra,
el árbol cultivé que no se nombra;
se transformó su cuerpo en transparencia,
sus hojas y sus frutos, en ausencia.,
en un charco de luz su fresca sombra.
Su tronco convirtióse en luz del día,
su copa se volvió el azul del cielo
y el aire devoró todas sus flores;
fue pura nada, pura poesía
lo que cuidé y regué con mi desvelo.
Recoge sueños el que siembra amores.
ARGEL, MAYO DE 1939
A Octavio Paz
La arquitectura de la noche es ciega
y perfecta, por amplia y por dispersa.
Todo es ella, y en ella, y a ella corre todo,
y ella es siempre la misma, con los brazos abiertos.
Cada boca madura una manzana,
en cada muslo hay un faisán dormido,
todas las manos tienen seda y nardos
y un callado aceite de olor corre por todas las
[cabelleras.
La noche se levanta gigantesca,
muda, redonda, sensualmente ataviada.
Cada rosa declara una promesa
y cada estrella confiesa una palabra,
los ojos se desnudan de secretos
y las manos se irisan de inminentes duraznos.
Quien levanta los ojos
sólo encuentra consejos en la noche estrellada;
quien se lleve las manos al pecho
sorprenderá de pájaros la sangre alborozada.
Pero la noche se repite siempre
y es cada vez más clara,
y aunque nos falten pecho, manos, boca,
siempre hay un cesto lleno de manzanas,
y hay un jardín de pájaros cantores,
y hay un vuelo de música en el aire
y en las fuentes un cauce de palabras,
y en las rosas un rubor insatisfecho...
Siempre hay un beso más, que no hemos dado,
y hay una estrella más, cuyo nombre no conocemos.
para curar en la carne abierta en el dolor de todos en esa muerte que mana en mí y es la de todos
escribir
para ahuyentar la angustia que describe sus círculos de cóndor sobre la presa
aunque en el alma no
en el alma la estimación del tiempo que concluye y es arriba algo más que un silencio con ojos semiabiertos
escribir
como condescendencia y como rebeldía sin elección sin pausa porque se va la luz, las fuerzas se le acaban y el ser se va de vuelo en las garras de un ave carroñera
escribir
para decir el grito para arrancarlo para convertirlo para transformarlo para desmenuzarlo para eliminarlo escribir el dolor para proyectarlo para actuar sobre él con la palabra
escribir
para descansar (escribir que el sol, en invierno, es hermoso)
por no llorar tan dentro tan a escondidas
escribir
hacia la extenuación para que se derrame el dolor contenido desde el inicio del mundo
escribir para rebelarse sin provecho
a pesar de la derrota ya prevista
porque no hay rebeldía que no esté justificada ni violencia que no sea, en el fondo, inocente, escribir
con derecho al llanto
escribir para curar escribir para guarecerse escribir como si cerrase los ojos para no cerrarlos para mover la mano y seguir su curso para sentirse viva AÚN para aplazar la angustia como simulación para guiar la mente y que no se desboque para controlar lo controlable
escribir
como quien deja la luz encendida y duerme de pie sobre sí mismo para saldar las cuentas con el miedo
escribir para reorganizar
escribir sin hacer concesiones
escribir como quien des-espera para cauterizar para tomarle las medidas al miedo para conjurar para morder de nuevo el anzuelo de la vida para no claudicar
escribir para apuntar al blanco
escribir con palabras pequeñas palabras cotidianas palabras muy concretas palabrasojo palabras animales palabrasbocadegato áperas por dentro y por fuera suaves como “tal vez” palabraslatigazo como “demasiado” y “tarde”
escribir para no mentir para dejar de mentir con palabras abstractas para poder decir tan sólo lo que cuenta
decir que a las once de la noche de hoy mientras la luz calienta el lado izquierdo de mi almohada y la sábana verde se desdobla en el espejo del armario estoy en mí en el lugar en que acostumbro a encontrarme en este aquí hecho de extraña duración en lo mismo repitiéndome la carne dolorida los huesos lastimados los nervios, la piel tirante, amoratada el pelo encanecido el grito sólo postergado y hoy a las once de la noche de hoy mientras la luz calienta el lado izquierdo de mi almohada
muere un niño o dos o no sé cuántos mueren y una anciana dice sus últimas palabras o no las dice y muere y es otra la que habla pero no habla, dice apenas dice y muere sin decir apenas nada y algo se me atraganta tal vez un alarido largo como las once horas de esta noche o tal vez la conciencia que duerme encendida como una lumbre la conciencia de todos los que mueren como una fogata un espantoso incendio que prende en las ventanas de la ciudad y en el mar no se apaga una conciencia absurda una antorchahorizonte la conciencia de todos los que saben que se están acabando en sus huesos de antorcha hoy, mañana, siempre
escribir todas las muertes son mi muerte mi grito es el de todos y no hay consentimiento escribir
¿para consentir? ¡escribir para rebelarse! no hay lugar para plegarias no hay lugar para el sosiego el ajuste de las almas se hace en rebeldía
Estamos solas y nos pertenecemos. En nosotras está el poder Somos un pueblo de almas en rebeldía ¡Despertad! Lo que escribo aquí se traza en el aire el dolor es la senda el dolor es el medio por el dolor la fuerza que combate el dolor y lo transforma por el dolor deshago mi dolor en lo ajeno y el ajeno en el mío
escribir
para des-esperar por todos los que están por todos los que fueron los desaparecidos escribir para cuidar sus des apariciones para alimentarlas para que no se enturbien no tan pronto no tan siempre pronto
escribir
para desestructurar para vencer las estructuras para contra decir lo dicho para demoler
escribir
para desestimar para aprender la delgadez del trazo su vacío habituarse a él a su insignificancia
escribir para insignificar
escribir
inútilmente para ejercer lo inútil para abrazar lo inútil para hacer de la inutilidad un manantial
escritura como sortilegio
- volé esta madrugada más alto que ninguna otra vez
Cada noche, en la duración de un grito viene una sombra nueva
Cada noche, en la duración de un grito, un alma acude a mí. La acojo. En el grito. Ella no dura. Sólo se abre. Y hay que entrar. Suavizar. No hay que recordar. Tan sólo entrar. Respirando. –
escribir luego para reforzar los frágiles puentes los conductos sutiles con temor de que se borren en el espacio leve entre lo presentido y lo sentido
Escribir para desescribir para desdecir para reorganizar las consciencias y que cada una cumpla su ceguera El espacio de las almas ha de guardarse oculto En la palabra está el engaño
escribir pues para confundir para emborronar y, luego, volver a escribir en el orden que conviene el mundo que hemos aprendido
escribir
como quien cuenta los pasos que da por no oír el silencio como quien cuenta pasos – uno, dos - y se salta el tercero -cuatro, cinco- para ver si se ha ido para comprobar pero no: sigue estando y ya no dejará de andar para contar los pasos hasta caer exhausto en el silencio enorme que se ensancha entre sus piernas como un charco de sangre
escribir
porque el héroe se hace con el miedo sobre todo su miedo a partir de su miedo se hace héroe el héroe ahuecando el miedo y llenándolo de acción para entumecerlo haciendo tiempo en lo hermoso haciendo tiempo en lo vivo
yo no soy ningún héroe yo sólo escribo para colmar la distancia entre mi miedo y yo
escribir “Se pone un abrigo de cuero.” escribir “Un hombre joven se levanta del asiento. Se pone un abrigo de cuero. Lleva gafas oscuras. Se vuelve. Su espalda es ancha. Se dirige a la puerta. No sé qué hará mañana. No le conozco. Ha cruzado la vía. El cristal me devuelve mis ojos y esa tristeza que se mide en mis labios. El hombre joven tal vez camina hacia una casa. Tal vez sea su casa.”
escribir “En mi rostro el paisaje - atravesándolo - el paisaje.”
escribir “Tiene las uñas recortadas.” escribir “Se desprende, muy lenta, de una frase, la desliza en el cuaderno y espera. Tiene las uñas recortadas y una blusa de encaje. Lleva una bolsa de color violeta en las rodillas. Cuando respira hace juego con los versos de Sylvia Plath. Hay un desfiladero en su mirada y no termina de cruzarlo.”
escribir para confundir las palabras y que las cosas aparezcan
(Campos de limoneros cargados con sus frutos. Y cañizales separando sembrados. Y vinagreras cubriendo de oro las taludes…)
que las cosas presionen que un mundo se abra paso (Es invierno, y ya crecen el trigo y la alfalfa. Aún hay campos entre ciudades y hermosos pueblos y una anciana se sienta en un portal con un rayo de sol en su regazo. La tierra arada humea bajo el sol y los olivos jóvenes tensan sus cuerpos retorcidos hacia el cielo. Creciendo. Crecer es ascender. Crecer es ensancharse. Crecer es romper límites. Crecer es invadir…)
que estallen los cristales de mis manos que abran ojos en las letras
(Hileras de olivos. Sus sombras paralelas…)
escribir para rastrear
escribir
para perdonar para ser perdonado
¿Dónde hallaré al sacerdote, al mediador, aquel que tenga conocimiento de los límites y el poder de traspasarlos? ¿dónde hallaré a aquel capaz de arder sin consumirse y, entre los muertos y los vivos, ecualizar transformar, ¡bendecir!?
escribir
para hallar la paz después de haber hablado con los muertos
escribir
para sellar la paz para conciliar en mí para perdonar en mí
escribir
la culpa misma que golpea y se licúa en el pecho y surte y es agua que mana con fuerza y que nos une agua que forma remolino de amor irradiando
todas las culpas son el mismo sufrimiento el de existir queriendo queriendo serlo todo queriéndolo todo y todo está en mis manos en esta encrucijada donde permanecemos el tiempo suficiente para sufrirlo todo
en mi interior barrunto el gran estruendo: todo el dolor del mundo me pesa entre los muslos
abrid los ojos: ¡ved! es tan terrible vivir ¡quien sobrevive saluda! morituri somos todos
toda la historia de tu estirpe está presente y te reclama como crisol eres la mediadora operas en ti misma el milagro de la conciliación
y de repente soportas el peso del mundo y su dolor lo bebes todo entero. Agradecida.
escribir
porque crujen las rodillas y hay como un sueño esperando ser soñado justo detrás del dolor.
- Hoy observé las gaviotas.
He de volar muy alto esta noche. He de volar sin lastre. Hasta que amanezca.-
escribir “otoño” para recordar cómo uníamos castañas con palillos de dientes y surgían princesas y perros y dragones y mi madre era hermosa y ¿quién sabe? tal vez fue feliz, también ella, ese día.
escribir
para arquear el espinazo de las letras a imagen del dolor para trazar las líneas de la vida líneas que se encogen líneas retráctiles como nervios apresados en la carne como venas quebradizas venenos infiltrados en las arterias, líneas que merodean en torno al corazón calado por la angustia y el cansancio líneas como cables tendidos entre una vida y otra menos vida líneas ultracortas líneas entrecortadas líneas respiradero líneas túnel para desembocar en el horizonte recuperar allí las fuerzas del principio pero líneas quebradas presionadas oprimidas, líneas de vuelta atrás combadas sobre el tiempo que queda el tiempo que nos queda termitero o volcán vaciado por los seres (los insectos, la lava) que operan desde dentro
líneas de retroceso ¡si fuesen sólo al sueño! pero no: más abajo.
escribir como quien muerde un rayo con los brazos en cruz
escribir que sus pulmones se cerraron como las alas de una mariposa. Dejó un rastro de polvo azul en los dedos de quienes fueron a tocarla
escribir como aquel que se fuga de un hospital y arrastra tras de sí las sondas, el goteo, la máscara de oxígeno y corre sobre agujas envenedadas
¡Despertad! ¡nadie podrá evitarlo! sólo es cuestión de tiempo contad los gritos que dais en el fondo del agua ¡Contad los gritos!
cada cual con su dolor a solas el mismo dolor de todos
- Alguien disimula. Sonríe, devuelvo la sonrisa. Sé que para él ya oscureció. También él lo sabe. Pero se esfuerza. Todos nos esforzamos. Gritar es esforzarse. Gritar es rebelarse. -
escribir porque alguien olvidó gritar y hay un espacio en blanco ahora, que lo habita
escribir porque es la forma más veloz que tengo de moverme
escribir
¿y no hacer literatura? … ¡y qué más da!
hay demasiado dolor en el pozo de este cuerpo para que me resulte importante una cuestión de este tipo. Escribo
para que el agua envenenada pueda beberse.
CHANTAL MAILLARD En Matar a platón (Tusquets, 2004)
Es muy consciente de que su fracaso como escritor y su fracaso como amante van tan estrechamente ligados que muy bien podrían ser la misma cosa. Es el hombre, el poeta, el hacedor, el principio activo, y se supone que el hombre no debe esperar a que la mujer se le aproxime. Al contrario, es la mujer la que se supone que debe esperar al hombre. La mujer es la que duerme hasta que el beso del príncipe la despierta; la mujer es el capullo que se abre bajo la caricia de los rayos solares. A menos que se disponga a actuar, nunca ocurrirá nada, ni en el amor ni en el arte. Pero no confía en su fuerza de voluntad. Igual que no puede empujarse a escribir sino que debe esperar la ayuda de alguna fuerza del exterior, una fuerza que solía llamarse musa, tampoco puede obligarse a aproximarse a alguna mujer sin algún indicio (¿de dónde?, ¿de ella?, ¿de él?, ¿de arriba?) de que ella es su destino. Si se acerca a una mujer con otro ánimo, el resultado es un enredo como la desastrosa aventura con Astrid, un enredo del que trató escapar casi antes de que empezara.
Hay otra manera más brutal de decir lo mismo. De hecho, hay mil maneras: podría pasarse la vida escribiendo una lista. Pero la más brutal es decir que tiene miedo: miedo de escribir, miedo de las mujeres. Tal vez ponga mala cara a los poemas que lee en Ambit y Agenda, pero al menos están impresos, están en el mundo. ¿Cómo va a saber si los hombres que los escribieron se pasaron años debatiéndose con las mismas exigencias que él ante la página en blanco? Se debatieron, pero al final recuperaron la compostura y escribieron lo mejor que pudieron lo que tenían que escribir, y lo enviaron por correo y sufrieron la humillación del rechazo o la humillación equivalente de ver sus efusiones en fría impresión, en toda su pobreza. Del mismo modo, estos hombres habrían encontrado una excusa, por pobre que fuera, para hablar con alguna chica guapa en el metro, y si ella girase la cabeza o dejase caer algún comentario mordaz en italiano a alguna amiga, bueno, habrían encontrado el modo de sufrir el revés en silencio y al día siguiente lo habrían vuelto a intentar con otra chica. Así es como se hace, así es como funciona el mundo. Y un día, estos hombres, estos poetas, estos amantes, tendrán suerte: la chica, no importa la excelencia de su belleza, les responderá, y una cosa llevará a la otra y sus vidas se transformarán, las de ambos, y punto. ¿Qué más hace falta sino una especie de obstinación estúpida e insensata como amante y escritor unida a la buena disposición de fracasar una y otra vez?
Su problema es que no está preparado para el fracaso. Quiere una A, un alfa, o un cien por cien en cada intento, con un gran "¡Excelente!" al margen. ¡Ridículo! ¡Infantil! No tienen que decírselo: lo ve él solito. No obstante, no puede hacerlo. Hoy no. Tal vez mañana. Tal vez mañana estará de humor, tendrá valor.
A mitad del frío de febrero, con una esperanza de viento cálido me alcanzó un primer anuncio, un fantasma de la primavera concupiscente.
Ya de nuevo todas las cosas habrán de empezar a buscarse unas a las otras. Vendrán las noches breves, los latidos bajo la tierra, y los vegetales brazos, y el agua.
Y también nosotros nos abriremos esta soledad, porque nos duele, y perseguiremos nuestra ventura a golpes de ciegos enfurecidos.
Qué triste resulta que no sepamos, solos entre todo, la palabra capaz de acercar lo que no tenemos.
Es cierto: sin duda se progresa: apenas se está empezando, y se pueden armar infiernitos que en una sola llama precipiten al otro mundo cuatrocientos mil infelices; encender lucientes, perfectas máquinas o quitar mejor las enfermedades.
¿Pero en dónde está lo que se ha ganado
para estar tranquilos, para vernos para conseguir nuestra compañía?
Incompletos somos, mutilados horribles que nos deshacemos buscando a tientas, en otros, los miembros que hemos perdido.
En espejos rotos nos reflejamos, en mustias imágenes fragmentadas, y por las rendijas del reflejo escurre, se pierde trágicamente nuestra vida más preciosa y despierta.
Y es para sentarse a llorar de envidia ver que en torno nuestro las pierdas, la tierra, las plantas, los animales, armoniosamente se consuman, se juntan tranquilamente, relucen de tan firmes, cantan de tan seguros, mientras nos quebramos nosotros.