LA CANCIÓN INTRASCENDENTE
Tonadilla de viajero:
del corazón a la boca,
y de la boca, al sendero.
Siembra en los rumbos del viento
y quién sabe
si vayas a hacer granero
en la garganta de un ave.
Por los valles y los montes
anda a probar tu fortuna:
los cabellos de los pinos
huelen a viento y a luna.
El río tiene su flauta
y la fuente sus espejos:
quédate y canta con ellos,
nosotros vamos más lejos.
Tu padre no quiere oírte
después de haberte engendrado:
no eres más que una canción
que el viento se habrá llevado.
Viajeros somos, viajeros
que andamos nuestro camino:
una y monte, monte y luna,
manta y silbo, pan y vino.
Y como es recio el camino,
llevamos por equipaje:
en el pecho, el corazón,
y en la boca una canción
para el viaje.
viernes, 20 de diciembre de 2013
lunes, 2 de diciembre de 2013
Eleazar León
Ningún camino me pertenece
ni yo soy suyo para nada. ¿Quién atesora
migraciones de nubes a la orilla del viento?
Abro los días por la puerta del mar
y en las corrientes planto mi casa, bebo
los torbellinos.
La luna me comprende con estaciones de intimidad
y luego vamos cada quien, ella creciendo
con mi lumbre por dentro, yo con la capa
de los jinetes a pleno sueño.
Ondulaciones en la hierba, sé sus andanzas
de lluvia o sol, y el vencimiento de los árboles
muertos por hacha, y el corazón
abierto de las piedras.
Nada retiene bajo su luz, y así mi abrazo
rodea las cinturas de las espumas
y cuando nazco de raíz pienso en el aire
y el horizonte sobre mi mano.
Se me vuelve un tesoro
los días del universo.
Sus regalos destellan
por el instante de mi voz
y pronuncio la fuga de las arenas en mi puño
con júbilo las estrellas
y hago silencio.
ni yo soy suyo para nada. ¿Quién atesora
migraciones de nubes a la orilla del viento?
Abro los días por la puerta del mar
y en las corrientes planto mi casa, bebo
los torbellinos.
La luna me comprende con estaciones de intimidad
y luego vamos cada quien, ella creciendo
con mi lumbre por dentro, yo con la capa
de los jinetes a pleno sueño.
Ondulaciones en la hierba, sé sus andanzas
de lluvia o sol, y el vencimiento de los árboles
muertos por hacha, y el corazón
abierto de las piedras.
Nada retiene bajo su luz, y así mi abrazo
rodea las cinturas de las espumas
y cuando nazco de raíz pienso en el aire
y el horizonte sobre mi mano.
Se me vuelve un tesoro
los días del universo.
Sus regalos destellan
por el instante de mi voz
y pronuncio la fuga de las arenas en mi puño
con júbilo las estrellas
y hago silencio.
sábado, 19 de octubre de 2013
María Mercedes Carranza
Jugando a las escondidas
Al comienzo la llorarán mucho.
Habrá novena, misas cantadas
con diáconos y cuatro curas.
El luto adornará a los parientes
que entre lágrimas verán su vida como una hazaña.
Será gran señora, incomparable esposa,
dilecta amiga, pozo de gracia
de virtudes y dones.
El vacío que dejará en la sociedad
no podrá llenarse aunque lo intenten.
Se conservarán igual que reliquias
cadejos de pelo.
Y hasta habrá manos
que echen de menos otras manos.
Con los años será la abuela
que hay que pasar a un osario
y luego la foto en cualquier rincón de la casa
que nadie sino de lejos sabe
a quien retrata. Finalmente nada.
****
Esta mano nerviosa y pequeña que todos ven,
esta mano de uñas pintadas y piel frágil
ha cometido sin temblar
oscuros asesinatos fracasados
y algún suicidio rencoroso
en el abandono de la almohada y las lágrimas.
Esta mano ha mentido en salones y calles
con ceremonias usadas y ajenas.
En habitaciones oscuras, esta mano
ha huido de la ternura,
pero lenta como ola de aceite
ha dado placer a los cuerpos.
Esta mano ha ordenado en fila las palabras
para llevarlas al abismo
y hacerlas decir ya sin aliento
del esplendor de las pobres emociones,
del desplome de las ruinas aún en pie,
de la sal viva en las pestañas.
Esta mano ha robado en duermevela
cosas que nunca se atrevió a hacer suyas
y ahora en su palma sólo tiene roces
y el vacío en el que estuvo otra mano.
Esta mano tiene atravesadas las líneas
de una vida que se perdió
porque no supo, no comprendió, no quiso.
Al comienzo la llorarán mucho.
Habrá novena, misas cantadas
con diáconos y cuatro curas.
El luto adornará a los parientes
que entre lágrimas verán su vida como una hazaña.
Será gran señora, incomparable esposa,
dilecta amiga, pozo de gracia
de virtudes y dones.
El vacío que dejará en la sociedad
no podrá llenarse aunque lo intenten.
Se conservarán igual que reliquias
cadejos de pelo.
Y hasta habrá manos
que echen de menos otras manos.
Con los años será la abuela
que hay que pasar a un osario
y luego la foto en cualquier rincón de la casa
que nadie sino de lejos sabe
a quien retrata. Finalmente nada.
****
Esta mano nerviosa y pequeña que todos ven,
esta mano de uñas pintadas y piel frágil
ha cometido sin temblar
oscuros asesinatos fracasados
y algún suicidio rencoroso
en el abandono de la almohada y las lágrimas.
Esta mano ha mentido en salones y calles
con ceremonias usadas y ajenas.
En habitaciones oscuras, esta mano
ha huido de la ternura,
pero lenta como ola de aceite
ha dado placer a los cuerpos.
Esta mano ha ordenado en fila las palabras
para llevarlas al abismo
y hacerlas decir ya sin aliento
del esplendor de las pobres emociones,
del desplome de las ruinas aún en pie,
de la sal viva en las pestañas.
Esta mano ha robado en duermevela
cosas que nunca se atrevió a hacer suyas
y ahora en su palma sólo tiene roces
y el vacío en el que estuvo otra mano.
Esta mano tiene atravesadas las líneas
de una vida que se perdió
porque no supo, no comprendió, no quiso.
sábado, 5 de octubre de 2013
Un poema de Jean Portante
Nada está destruido
ni el viejo reloj suspendido en el cielo,
ni las horas que llueven arriba de los techos.
El tiempo como todo lo demás
se evapora y se condensa,
y los animales negros que a golpes
![]() |
| Reloj blando, Dalí, 1954. |
ni las horas que llueven arriba de los techos.
El tiempo como todo lo demás
se evapora y se condensa,
y los animales negros que a golpes
se posan sobre los muros
no han ido en vano al laboratorio.
Hoy es un día irreparable.
Vamos al mercado como vamos a la iglesia.
Nos veo aburridos frente a la eternidad.
Lloramos un poco para hacer penitencia,
mentimos también y todo retoma su curso.
¿Por qué caminar sobre el agua
cuando podemos hacerlo allí?
¿Y por qué decir no,
cuando sí es una bola de cristal?
Vamos al mercado como vamos a la iglesia.
Nos veo aburridos frente a la eternidad.
Lloramos un poco para hacer penitencia,
mentimos también y todo retoma su curso.
¿Por qué caminar sobre el agua
cuando podemos hacerlo allí?
¿Y por qué decir no,
cuando sí es una bola de cristal?
Point, Jean Portante
domingo, 29 de septiembre de 2013
Como a un muerto de sed
Hablo como quien habla
delante de sí mismo consumido.
Algo ya de mi muerte está aquí ahora.
Ya no me pertenece
la voz que está cantando a mis espaldas
y mi puro planeta está llegando
a ponerse debajo de mi planta
porque ande mi memoria entre su nieve.
Cierto es que llama fui, muy combatida
entre contrarios vientos
y no sé cuál de todos me ha apagado.
Más desasida estoy. Y aunque me duele
el sitio en que moraba
tan dulce oscuridad, voy asomando
un paso ya del cerco de mi sombra.
Cuando me inclino a recoger mi nombre,
nombre de soledad, cetro sombrío
y célibe corona,
sé que arrebato su laurel a un muerto
y me ciño la flor que no se mira,
que a otra le estoy hablando en estas voces.
Muerta la tengo en medio de mi brazos,
mi más honda, mi más amada víctima.
Me abandono a mí misma como a un muerto de sed.
Aquí me dejo. Y ya me estoy mirando sin ternura.
La casa donde amé.
La vista oscura y engañada de objeto.
Las guirnaldas de la fiesta extinguida.
Todo cuanto no era descendido
de mi más alto ramo,
de las aguas secretas y desnudas
y de la sola estrella, suavísima y cruel,
que me gobiernan,
aquí lo dejo, dulce y destruido.
Detrás quedan mis pasos derrocados.
Mi propia tierna y fútil estatura.
Es que me he deparado
la terrible alegría
de contemplar mi amor del dulce mundo
hecho ceniza
y de mirar mi cuerpo abandonado
como un jardín trivial, porque una noche,
oh ángel de pavor y de hermosura,
al abrirme el misterio
grave y resplandeciente de tus alas,
se me cayó del rostro la sonrisa.
Margarita Michelena
delante de sí mismo consumido.
Algo ya de mi muerte está aquí ahora.
Ya no me pertenece
la voz que está cantando a mis espaldas
y mi puro planeta está llegando
a ponerse debajo de mi planta
porque ande mi memoria entre su nieve.
Cierto es que llama fui, muy combatida
entre contrarios vientos
y no sé cuál de todos me ha apagado.
Más desasida estoy. Y aunque me duele
el sitio en que moraba
tan dulce oscuridad, voy asomando
un paso ya del cerco de mi sombra.
Cuando me inclino a recoger mi nombre,
nombre de soledad, cetro sombrío
y célibe corona,
sé que arrebato su laurel a un muerto
y me ciño la flor que no se mira,
que a otra le estoy hablando en estas voces.
Muerta la tengo en medio de mi brazos,
mi más honda, mi más amada víctima.
Me abandono a mí misma como a un muerto de sed.
Aquí me dejo. Y ya me estoy mirando sin ternura.
La casa donde amé.
La vista oscura y engañada de objeto.
Las guirnaldas de la fiesta extinguida.
Todo cuanto no era descendido
de mi más alto ramo,
de las aguas secretas y desnudas
y de la sola estrella, suavísima y cruel,
que me gobiernan,
aquí lo dejo, dulce y destruido.
Detrás quedan mis pasos derrocados.
Mi propia tierna y fútil estatura.
Es que me he deparado
la terrible alegría
de contemplar mi amor del dulce mundo
hecho ceniza
y de mirar mi cuerpo abandonado
como un jardín trivial, porque una noche,
oh ángel de pavor y de hermosura,
al abrirme el misterio
grave y resplandeciente de tus alas,
se me cayó del rostro la sonrisa.
Margarita Michelena
viernes, 12 de julio de 2013
Simplemente Luz, Hugo de Sanctis y Mercedes Sosa
Luego de buscar esta canción por todas partes, la encontré y no puedo resistir no compartirla :). Disfrútenla.
jueves, 11 de julio de 2013
Yo contemplo a veces el cielo de mi memoria (fragmento)
El tiempo borra todo como las olas borranlos trabajos de los niños en la arena.
Olvidaremos esas palabras precisas y vagas
detrás de las cuales sentimos el infinito.
El tiempo borra todo, en él no brillan los ojos
que sean de ópalo o de estrella o de agua clara,
bellos en el cielo azul o en un lapidario,
Los ojos quemarán para nosotros un fuego triste o alegre.
Algunas gemas hurtadas de su cofre viviente
tirarán en mi corazón sus crudos reflejos,
así como el día de su uso, selladas en el párpado,
brillaban con un destello precioso y decepcionante.
Otros fuegos dulces encantados por Prometeo
chispean el amor que brillaba en sus ojos,
para nuestro querido tormento los hemos llevado
iluminados, tan puros, o cristalizados, tan valiosos.
Marcel Proust
lunes, 27 de mayo de 2013
Delmira Agustini
Nous devons aussi
nous souvenir que la poesié appartient à l’âme et non à l’oreille et que nous
n’arriverons jamais au coeur de personne avec des vers bien rimés mais avec de
poésies bien senties et saturées de notre propre âme.*
La rima es el tirano empurpurado,
es el estigma del esclavo, el grillo
que acongoja la marcha de la Idea.
No aleguéis que es de oro! El Pensamiento
no se esclaviza a un vil cascabeleo!
Ha de ser libre de escalar las cumbres
Entero como un dios, la crin revuelta,
La frente al sol, al viento. Acaso importa
que adorne el ala lo que oprime el vuelo?
*Debemos recordar que la poesía pertenece también al alma y no al oído
y que no llegaremos jamás al corazón de una persona con versos bien rimados que con
poesías bien sentidas y saturadas de nuestra propia alma.
y que no llegaremos jamás al corazón de una persona con versos bien rimados que con
poesías bien sentidas y saturadas de nuestra propia alma.
La rima es el tirano empurpurado,
es el estigma del esclavo, el grillo
que acongoja la marcha de la Idea.
No aleguéis que es de oro! El Pensamiento
no se esclaviza a un vil cascabeleo!
Ha de ser libre de escalar las cumbres
Entero como un dios, la crin revuelta,
La frente al sol, al viento. Acaso importa
que adorne el ala lo que oprime el vuelo?
De Rebelión, fragmento.
viernes, 22 de marzo de 2013
El poeta...
“El poeta sirve al tiempo —¡efectivamente lo sirve!— de manera involuntaria, es decir, fatal: no puede no servirlo."
Marina Tsvietáieva
domingo, 17 de marzo de 2013
Qué lástima
Qué lástima que duermas
y se interrumpa el diálogo
y no sientas mi beso
en tus ojos cerrados.
Qué lástima tu infancia
así truncada,
ese tiempo sin tiempo
a medio abrir
por el que ya empezaba
a vislumbrarte.
Mañana todo habrá cambiado:
otra vez hablándonos
de lejos
desde nuestras esquivas
soledades.
Qué lástima
los signos de mi amor,
mis apretados círculos
de miedo
que no sé si entendiste.
Claribel Alegría
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