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domingo, 25 de diciembre de 2022

Antes de navidad de Landis Everson


 Casi llegaba el primer reno

enviado al polo norte en un vagón

desde Laponia

pero un juguete de un reno

llegó primero. 


Un duende inventó el juguete por su cuenta. 

Era el favorito de Santa. No sabía que los renos

ya existían.


Desanimado, el duende estuvo

a punto de destruirlo

pero apareció Santa envuelto por la nieve.

Le dijo: "Usaré un reno real para mi carruaje

siempre bajo el yugo del que tú creaste". 


Esa noche los engranajes que hacían girar 

el Polo se detuvieron y dieron la vuelta al otro lado.

Y así sería. 


Mi amor es un juguete esperando

a que un reno me lleve consigo. 


Poema original en inglés: Landis Everson

Traducción: Arely Jiménez

Ilustración: Arely Jiménez

lunes, 30 de mayo de 2022

Diez años escribiendo poesía



Mi primera invitación para colaborar en Circulo de Poesía, revista de renombre a nivel nacional en el ámbito poético, la recibí alrededor del 2013 o 2014. En ese momento rehice varias veces la selección, hasta que, probablemente, agoté la paciencia de quién me había invitado a publicar. Estaba muy insegura de mi voz poética porque recién la había encontrado, yo que me había decantado casi toda mi vida por la narrativa y aún hoy es uno de mis géneros preferidos para transmitir emociones complejas, situaciones complejas, angulosas y apabullantes que solo la riqueza de un narrador y los elementos narratológicos me permitirían transmitir a través de sus máscaras. Han pasado diez años de que escribí mi primer poemario, en aquel primer semestre del 2012, poco después de que mi padre había sido diagnosticado con un cáncer letal en sus músculos. Me recuerdo llorando en la biblioteca de la universidad. Me recuerdo leyendo a Dolores Castro, a Sabines. 

Ese año fui seleccionada por la Fundación para las Letras Mexicanas en el género de cuento, y viajé a Xalapa dejando atrás a mi padre enfermo. En ese momento, él estaba orgulloso de mí, organizó mi viaje. Era la única persona de Aguascalientes que iba. Para ese entonces, solo tres personas habían ganado esa beca, contándome. Ahora me da gusto de ver a las nuevas generaciones de escritores en Aguascalientes asistiendo al curso nuevamente. 

Después de estar en Estridentopolis, y gracias a las maravillosas clases de poesía que recibí allí, y de escuchar a un lado mío a Xel-Ha López leer un poema; regresé con un montón de poemas escritos a mi padre y su enfermedad, también a su inminente muerte. Ese montón de poemas se convertirían en un poemario llamado La noche es otra sombra, y que después del entierro de mi padre, de quedarnos sin recursos económicos en la familia, me daría una remuneración económica. Luego vendría más poesía, hasta que en octubre de 2014, me enteré de que estaba enferma de algo mortal. Mis riñones ya no funcionaban, les quedaba solo un 15% de su función. 

Saberme enferma fue y es aún un proceso complicado. Las enfermedades crecen con nosotros y son nuestras compañeras. Siempre he sentido una conexión especial con mi padre desde que supe que también podía morir pronto, y al mismo tiempo me empapé de toda la poesía y literatura que encontré sobre el tema. Diez años de aprender y reaprender, de hacer la poesía mi proyecto espiritual, mi aliada para conversar con el mundo. Aprender a vivir sola, el primer gozo de la independencia, el dolor de perder catéteres y saberme cada día un poco más enferma, la primera vez que vi morir a mi lado a una paciente, mi máquina como una ballena, yo como una sirena dentro de la clinica, cada día reteniendo más agua o menos agua, domar mi sed. Han sido tantas cosas que he dejado plasmadas allí, la ruptura con mi actual expareja, la ruptura de mi primer novio de años, cosas que no pensé que fueran a darse en mi vida, en mi cuerpo, y a pesar del dolor que me provocaron, las agradezco. Tanta hermosa vida, a veces imagino que abro los clamps de mis catéteres y en vez de sangre solo saldrán palabras. 

Esta vez nadie me invitó a publicar, gracias a la ayuda de un amigo, mandé mis textos a valoración. La selección fue hilada: la muerte de mi padre, Xalapa como un lugar que siempre me ha servido de centro del mundo, así como cierta estación lo era para Dalí, allí me pienso fuera y dentro de mí misma. Hace unas semanas rechacé una oferta laboral allá, porque sé que me voy a trasplantar en Aguascalientes y desde Aguascalientes. Todavía tengo muchos pendientes aquí, quiero pasar de sirena a mariposa pero con paciencia. Y finalmente, mi enfermedad, mi certeza de que saldré adelante. 

Fue muy hermoso, estoy muy contenta. Les dejo el link por si gustan leer la selección. Gracias a la vida y a las personas en mi camino. Gracias a mi enfermedad, que ha sido y sigue siendo mi maestra. 


Poesía mexicana: Arely Jiménez – Circulo de Poesía (circulodepoesia.com)

miércoles, 25 de mayo de 2022

Tengo 23 años...

 

Damien Cuypers



Tengo veintitrés años y tengo canas.

Tengo veintitrés años y estoy a nada de la fase terminal.

Tengo insuficiencia renal,

tengo dos riñones que decidieron ser colibríes

algo en mi sangre tiembla

y está herido

amenazan con volar.

Tengo veintitrés años y aún sueño

con volar sobre ciudades de imposible arquitectura.

Tengo una dieta restrictiva.

Llevo meses sin saber lo que es la tersura de la leche

por la noche y la mañana.

Tengo veintitrés años y tengo el pelo largo

sucio y débil.

Se me deshace en las manos cuando lo peino.

Tengo veintitrés años y aún quiero ser mangaka

poeta y loca

Tengo veintitrés años y me emociono escribiendo

historias de mujeres solas, enamoradas

no correspondidas o borrachas en la madrugada

Tengo veintitrés años y les juro que amo mis canas.

 



sábado, 7 de mayo de 2022

Continuidad de los finales


Ilustración: María Conejo



Para W.

 

No sé cómo se construyen los finales.

Ayer volví noche a la casa

y encontré unas semillas que dejaste

aquellos días que estabas aquí fumando hierba

o cigarrillos.

Siempre en tu mano tan delgada y larga una cerveza,

algunos días, el agua de fruta que te preparaba.

Aunque yo no pudiera tomar agua

pero tomaba a tu lado, un poco.

Tomé un poco también de cerveza.

También fumé dos que tres cigarros.

Quisiera regar todas las semillas en mi cama

y formar tu cuerpo o traer el verde de tus ojos.

Ya no es posible, las tiro a la basura.

Esa foto tuya en la playa

con los pocos tótems donde deposité mi amor:

una pluma, un sol, una luna, una piedra preciosa,

me dejó cálido el corazón.

No sé cómo se construyen los finales,

pero una noche nos abrazamos

y no mentí al decirte

que te quería con todo y tus defectos.

 

 

 

domingo, 13 de junio de 2021

El espejo de Kamala Das

Elena Odriozola


Hacer que un hombre te ame es fácil. 

Solo sé honesta sobre tus deseos como mujer.

Párate desnuda con él frente al espejo.

Así podrá verse a sí mismo como el más fuerte

-eso cree él-

y a ti, mucho más suave, 

más joven, más adorable.

Acepta tu admiración. 

Nota la perfección de sus extremidades, 

sus ojos enrojeciendo bajo la regadera,

su caminar tímido por el piso del baño, 

tirando las toallas 

y la manera torpe en la que orina.


Todos los detalles de fondo que lo hacen

hombre y el único hombre para ti.

Obséquiale todo.

Regálale aquello que te hace mujer,

el aroma de una cabellera larga, 

el almizcle dulce entre los pechos, 

la tibia colisión de la sangre menstrual

y todas tus interminables hambres venusinas. 

Sí, conseguir que un hombre te ame es fácil, 

pero vivir después sin él debe ser enfrentado. 


Un vivir sin vida avanzando, conociendo extraños, 

con tus ojos que dejan de buscar,

con oídos que solo escuchan la última vez

que pronunció tu nombre

y un cuerpo que solo bajo su tacto 

brillaba como latón bruñido, 

ahora grisáceo y empobrecido.


Kamala Das (India, 1934-2009)

Traducción: Arely Jiménez (México, 1992).


domingo, 13 de septiembre de 2020

CARTA ABIERTA por Arely Jiménez

Caroline Mackintosh 


Para ORT

Dedicado a Cesar Cossio


Hace frío y es de noche.

No sé si ahora el insomnio amenaza
o se trata de ideas oscuras

que flotan en el ocio
y muerden como verdades.
Tal vez sea que alguien abrió una puerta.

Por eso hace frío. 
O tal vez sea esta necesidad de recortarnos    
partir el tiempo y decir hace frío, hace calor
por no decir: duele

por no decir: no lo sé.

No lo sé.

¿Recuerdas cuando soñaste que nadábamos?

En el papel hay agua, arena y una canción.  
Estás cantando algo y mientras cantas,

bailas como imitando las olas. 
Una tortuga que nada distraída a tus pies,

luego se pierde en una hondura que no comprendemos, pero nos cautiva. 
Lo que flota allá lejos son los dos hombres que vi ahogarse 
la primera vez que vine.

Entonces, el mundo fue una mirada larga

que diseccionaba un grito,

hasta obtener una respuesta groseramente obvia.

Pero, debo decírtelo, para eso sirve el mar

para sabernos obvios. 
El agua no nos permite comprender su mecanismo  
y nos reconocemos como fetos, protozoarios o un pañuelo, 
como algo pequeñito y ligero en el oleaje
porque sólo flotamos, ¿sabes?

No entramos con calma a la vida.

De algún modo, tú siempre lo has sabido.

Hace frío y también hace hambre.

Del papel brotó un árbol y escribo con ligereza

la palabra sombra para invocar la tarde.

Tal vez porque pronto anochecerá.

O porque se ha ido el mar.  
Por eso el hambre.

Porque se me acaban las palabras.

Ya no sé si el hambre es la forma más íntima del grito
o el grito lo es del hambre.

 

Ninguna palabra ha saciado un estómago.

Mucho menos palabras como éstas: 
palabras que hablan de palabras

que presentan palabras

que pretenden ser objetos

el mar, un árbol.

Ningún papel merece estos ecos.
Por eso no talaré el árbol que ha crecido en la hoja,

Por eso no invocaré ahora tu voz

pero sí tus manos

para abrir un surco en esta tierra blanca.

Vamos a sembrar flores y no haremos ramos con ellas.

¿Recuerdas cuando fuimos al mercado y me regañaste

por haber comprado ese crisantemo?

Dijiste: Si la flor recién cortada pudiera mirarse

no sabría si llorar conmovida por su belleza

o por su muerte.

He dibujado, sin darme cuenta,

la ciudad en la que vivimos juntos un tiempo.

Aquella ciudad en la que la nube

y la lluvia germinaban míticas arquitecturas de niebla,

donde una poeta vio suspirar a dios.

Escucha. Ahora llueve. 
La lluvia disimula nuestra tristeza,

nos mira tristemente: 
en el fondo quiere ser abrazada,

tener en el vientre árboles y niños que salpican la acera.

Pero apenas soporta el movimiento de hombres grises y sabios. 
Es necesario decirlo: de nada vale saber esto.

Saber que hay un minotauro escondido en mi cuerpo, 
escondido en la ciudad;

buscarlo es encontrarse:

Yo también he embarrado  mi mano con la sangre de otros
y me he calentado con ella el corazón.
He sido una piedra: 
he dejado estallar a los que amo sin reunir sus partes.
He pasado impunemente frente a las mujeres que gritan

y el niño que llora.

También he sido una larga mirada sin voz, 
una soledad ciega y azul que camina por las calles,
celosa de su llanto

hambrienta de ternura.
Me he salvado, lo confieso.

Pero sé que en el fondo
conjuramos la dulzura como un amuleto
y no tenemos a quien preguntarle

pero aun así preguntamos
en silencio:

¿Soy bueno?

Te digo esto con la boca partida

Te digo esto a ladridos.

Porque es necesario.
Pero no sólo será rabia.

No todo será inyectar de anquilosado odio.
No, señalar la luz, no.       Tampoco morder la luz, 
tampoco derramarla sobre las sombras. 
No iluminaremos a nadie.

Trabajaremos         con sangre       con pan     con tierra     con el otro:

con esa patria olvidada del prójimo.

En esta hoja la crueldad  palpita tiernamente 
y duerme la bondad como un niño que se arropa
con la manta de tus manos.
Dame tus manos, otra vez.

Aquí está oscuro. 
Es de noche y llueve.

Tal vez porque estoy llorando.

Porque sonrío.

Porque el papel ya se acaba

porque mis dedos están helados.

Miro las flores en la hoja: están brillando.
las personas congeladas en el mercado,

el crisantemo que compré sólo para admirar su muerte,

los callejones y la niebla de nuestra ciudad, 
incluso la espuma en la boca y los orificios nasales de los ahogados brilla.

Todo brilla pacíficamente.

Ser luz: brillar, apagarnos.

Nadie muere. Lo sabes. 
Morir es otra manera de estar vivos.


jueves, 8 de junio de 2017

sábado, 16 de enero de 2016

Double slit


¿Si el agua pudiera definirse, existirían los ríos?  Permanece callado, quién sabe que alquimia tense sus jarcias. Retiro mi pregunta al cajón donde los poemas laxan su aliento inscrito de coral.
Pablo es físico, creo. En realidad, no lo sé. Estoy más convencida de su adiestramiento para construir el silencio como una promesa de ola. 
Si el agua decidiera  fijar su forma y no fluir, ¿habría ríos? Toma mi pregunta, la destripa con parsimonia:
La forma es sólo un parámetro definible entre muchos.   Puedes definir algo tan inespecífico como quieras, decir: sea A un número entero y durante el proceso matemático, A referirá a un número entero cualquiera.  Pero, si todos los parámetros estuvieran perfectamente definidos, si A fuera un número entero entre 1 y 1… Entonces, no existirían los ríos.
Permanecí muda, él también. Discurrimos lentamente,  de orilla a orilla. Había, pese a todo, un cauce de salmones irisados por el deshielo, los tomamos con las manos, la luz pesaba oculta en sus cuerpos como una sentencia. Agradecimos la existencia de los ríos, llevaban al mar. Allí le preguntaría si  puede escuchar las olas distendidas en una caracola, quizá  entre una marejada de variables, se escondería  el canto aterido de una sirena.

Arely Jiménez

Poema publicado originalmente en la Gaceta Río Arriba sobre ciencia.