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sábado, 28 de mayo de 2022

Mujeres poetas de la generación del 27: Carmen Conde y su poesía amorosa


 HALLAZGO


Desnuda y adherida a tu desnudez.

Mis pechos como hielos recién cortados,

en el agua plana de tu pecho.

Mis hombros abiertos bajo tus hombros.

Y tú, flotante en mi desnudez.

Alzaré los brazos y sostendré tu aire.

Podrás desceñir mi sueño

porque el cielo descansará en mi frente.

Afluentes de tus ríos serán mis ríos.

Navegaremos juntos, tú serás mi vela,

y yo te llevaré por mares escondidos.

¡Qué suprema efusión de geografías!

Tus manos sobre mis manos.

Tus ojos, aves de mi árbol,

en la yerba de mi cabeza.



AMOR



Ofrecimiento.

Acércate.

Junto a la noche te espero.

Nádame.

Fuentes profundas y frías

avivan mi corriente.

Mira qué puras son mis charcas.

¡Qué gozo el de mi yelo!




ANTE TI

Porque siendo tú el mismo, eres distinto

y distante de todos los que miran

esa rosa de luz que viertes siempre

de tu cielo a tu mar, campo que amo.


Campo mío, de amor nunca confeso;

de un amor recatado y pudoroso,

como virgen antigua que perdura

en mi cuerpo contiguo al tuyo eterno.


He venido a quererte, a que me digas

tus palabras de mar y de palmeras;

tus molinos de lienzo que salobres

me refrescan la sed de tanto tiempo.


Me abandono en tu mar, me dejo tuya

como darse hay que hacerlo para serte.

Si cerrara los ojos quedaría

hecha un ser y una voz: ahogada viva.


¿He venido, y me fui; me iré mañana

y vendré como hoy...? ¿qué otra criatura

volverá para ti, para quedarse

o escaparse en tu luz hacia lo nunca?

domingo, 13 de septiembre de 2020

CARTA ABIERTA por Arely Jiménez

Caroline Mackintosh 


Para ORT

Dedicado a Cesar Cossio


Hace frío y es de noche.

No sé si ahora el insomnio amenaza
o se trata de ideas oscuras

que flotan en el ocio
y muerden como verdades.
Tal vez sea que alguien abrió una puerta.

Por eso hace frío. 
O tal vez sea esta necesidad de recortarnos    
partir el tiempo y decir hace frío, hace calor
por no decir: duele

por no decir: no lo sé.

No lo sé.

¿Recuerdas cuando soñaste que nadábamos?

En el papel hay agua, arena y una canción.  
Estás cantando algo y mientras cantas,

bailas como imitando las olas. 
Una tortuga que nada distraída a tus pies,

luego se pierde en una hondura que no comprendemos, pero nos cautiva. 
Lo que flota allá lejos son los dos hombres que vi ahogarse 
la primera vez que vine.

Entonces, el mundo fue una mirada larga

que diseccionaba un grito,

hasta obtener una respuesta groseramente obvia.

Pero, debo decírtelo, para eso sirve el mar

para sabernos obvios. 
El agua no nos permite comprender su mecanismo  
y nos reconocemos como fetos, protozoarios o un pañuelo, 
como algo pequeñito y ligero en el oleaje
porque sólo flotamos, ¿sabes?

No entramos con calma a la vida.

De algún modo, tú siempre lo has sabido.

Hace frío y también hace hambre.

Del papel brotó un árbol y escribo con ligereza

la palabra sombra para invocar la tarde.

Tal vez porque pronto anochecerá.

O porque se ha ido el mar.  
Por eso el hambre.

Porque se me acaban las palabras.

Ya no sé si el hambre es la forma más íntima del grito
o el grito lo es del hambre.

 

Ninguna palabra ha saciado un estómago.

Mucho menos palabras como éstas: 
palabras que hablan de palabras

que presentan palabras

que pretenden ser objetos

el mar, un árbol.

Ningún papel merece estos ecos.
Por eso no talaré el árbol que ha crecido en la hoja,

Por eso no invocaré ahora tu voz

pero sí tus manos

para abrir un surco en esta tierra blanca.

Vamos a sembrar flores y no haremos ramos con ellas.

¿Recuerdas cuando fuimos al mercado y me regañaste

por haber comprado ese crisantemo?

Dijiste: Si la flor recién cortada pudiera mirarse

no sabría si llorar conmovida por su belleza

o por su muerte.

He dibujado, sin darme cuenta,

la ciudad en la que vivimos juntos un tiempo.

Aquella ciudad en la que la nube

y la lluvia germinaban míticas arquitecturas de niebla,

donde una poeta vio suspirar a dios.

Escucha. Ahora llueve. 
La lluvia disimula nuestra tristeza,

nos mira tristemente: 
en el fondo quiere ser abrazada,

tener en el vientre árboles y niños que salpican la acera.

Pero apenas soporta el movimiento de hombres grises y sabios. 
Es necesario decirlo: de nada vale saber esto.

Saber que hay un minotauro escondido en mi cuerpo, 
escondido en la ciudad;

buscarlo es encontrarse:

Yo también he embarrado  mi mano con la sangre de otros
y me he calentado con ella el corazón.
He sido una piedra: 
he dejado estallar a los que amo sin reunir sus partes.
He pasado impunemente frente a las mujeres que gritan

y el niño que llora.

También he sido una larga mirada sin voz, 
una soledad ciega y azul que camina por las calles,
celosa de su llanto

hambrienta de ternura.
Me he salvado, lo confieso.

Pero sé que en el fondo
conjuramos la dulzura como un amuleto
y no tenemos a quien preguntarle

pero aun así preguntamos
en silencio:

¿Soy bueno?

Te digo esto con la boca partida

Te digo esto a ladridos.

Porque es necesario.
Pero no sólo será rabia.

No todo será inyectar de anquilosado odio.
No, señalar la luz, no.       Tampoco morder la luz, 
tampoco derramarla sobre las sombras. 
No iluminaremos a nadie.

Trabajaremos         con sangre       con pan     con tierra     con el otro:

con esa patria olvidada del prójimo.

En esta hoja la crueldad  palpita tiernamente 
y duerme la bondad como un niño que se arropa
con la manta de tus manos.
Dame tus manos, otra vez.

Aquí está oscuro. 
Es de noche y llueve.

Tal vez porque estoy llorando.

Porque sonrío.

Porque el papel ya se acaba

porque mis dedos están helados.

Miro las flores en la hoja: están brillando.
las personas congeladas en el mercado,

el crisantemo que compré sólo para admirar su muerte,

los callejones y la niebla de nuestra ciudad, 
incluso la espuma en la boca y los orificios nasales de los ahogados brilla.

Todo brilla pacíficamente.

Ser luz: brillar, apagarnos.

Nadie muere. Lo sabes. 
Morir es otra manera de estar vivos.


miércoles, 30 de mayo de 2018

Ser de Dorothea Lasky

Chrissy Lau

Ser el nombre pronunciado, pero sin la carga de ser
Ser el nombre dicho pero no escuchado
No respirar más, ser aquello
Ser aquello que se respira
No estar a punto de morir, estar ya muerta
No decepcionar
Sin la carga de llegar tarde
o ser puntual
No comer, no tener que comer 
No sentir nada
No ser aquella cuyo afecto es criticado
No recoger las cajas caídas 
Estar en todos lados sin cajas o platos
No romper los platos
No soportar la carga de no estar presente
No tener que sentir dolor o ser herida
Dejar ir el dolor 
Y que sea solo mi imaginación 
Y la imaginación está en todas partes, en todos los colores
No tener color, ser el color
No hacer sonidos, ser el sonido
No tener lenguaje, ser eco, proyectar el lenguaje
Ser la transmisión de palabras
No estar triste 
No tener por quiénes estar triste
No comer sola
No coger con quienes no creen que mi cuerpo es hermoso
No coger
O algo
Ser cenizas sin lugar
No estar sin lugar, pero tampoco estar en alguna parte
Entrar en el océano no por capricho, por un impulso 
Donde no haya centro 
Donde no haya seguridad
Allí nunca hay
Allí nunca hay ira
Nunca hay algo qué mirar
Nunca mire nada
Solo fui y caminé 
Traté de amar
Pero el amor no tiene esperanza
Y yo la he perdido toda, tan sombría que voy más allá
Estoy más allá de lo que podría considerarse bajo
Hay bajo o alto, espacio o tiempo,
Yo he ido más allá de aquello que es pronunciado
No tengo la obligación de hablar 
ni de hablar por mí
Croar eternamente al pantano
No digo una cosa
Existo
No, no lo hago
Nunca lo hice
Puede que tú lo hayas hecho
Pero yo ya me había ido
Y aún sigo allí
Aquello que pronuncias
Ya lo he pronunciado
En un mundo de cenizas y luces
Ellos llaman por mi nombre
Ellos me esperan
Y ahora sé que
Yo siempre estuve allí
con ellos.
Más de Dorothea Lasky: aquí.
Más de Chrissy Lau: aquí. 
Traducción del inglés: Arely Jiménez. 

lunes, 21 de mayo de 2018

Diario de una mujer de ojos grises de Atenea Cruz

Elena Pancorbo.

Los siguientes poemas pertenecen a la antología personal Diario de una mujer de ojos grises (2009, ICED), que se compone de cuatro poemarios distintos: "Canción contenida" (2008), "Diario de una mujer de ojos grises" (2007), "Metodología del olvido" (2004) y "Del amor y otras enfermedades venéreas" (2002). Los comparto al azar, conforme fui hojeando el libro, el cual está exquisitamente ilustrado, definitivamente es uno de esos libros que son hermosos no sólo por los poemas, sino por el manejo y acompañamiento que se les dio.


IV

Deberíamos recordar
esa canción
que nos reveló que teníamos alma.
Deberíamos llevar en la cartera
una foto
un papel
una carta
que nos identifique humanos.

Deberíamos llevar
en la punta de la lengua
la pregunta que pueda destruir
lo que sentimos cierto.

Habría que beber un poco,
chillar por los errores
que no podemos perdonarnos,
regresar al amor,
mirar con los ojos torcidos,
llorar como un niño,
apedrear a los que no sean como nosotros,
caminar hablando de lo que no tenemos,
de lo que por suerte no somos,
de los lugares donde no nos dejan entrar.

Deberíamos recordar
las estupideces que nos han enseñado
y caminar derechos
y decir buenas tardes.

Recordar,
porque la vida es corta.



Elena Pancorbo



DULCE

La gente me dice
¿por qué no puedes ser más tierna?
¿Por qué no intentas ser más dulce? 
¿Por qué no aprendes otras palabras
además de las negras? 

No es que no sepa hablar de ese modo,
es que no quiero hacerlo.

Dejen de molestarme. 

Si fueran tan buenos como dicen
se parecerían un poco menos a mí. 

Viviríamos en silencio
sin mirarnos a los ojos
pero al fin en paz. 






RESIGNACIÓN

Al final
sobra tiempo para contemplar las estelas de las mariposas.
Tender al solo los recuerdos que nos mantienen erguidos
para sacudir las cenizas.

Al final hay espejos que lastiman
y oscuros escondites donde la memoria juega al póker.

La vida es un ejercicio de resignación y olvido.
Una cuestión de fe.

Lo doloroso es ver pasar los años
el amor
las tragedias
el cuerpo
y al final descubrir
que todo era tan simple.

Lo importante fue siempre
estar tranquilo.
Intentar ser feliz
en caso de que Buda nos mintiera
por si acaso no existe el Paraíso
por si es cierto que aún no estamos muertos.

Acaso sea probable
que la vida no trata más que de eso:
aprender a estar vivos.



UNO PARA HENRY CHINASKY

Él dijo: 
"Anoche
soñé que te metía la verga
pero 
no pienses
que estoy dándote entrada
o que significa algo para mí".

Sonreí. 

Nunca fui más. 

Su nombre todavía me dolía hasta la carne.
Cada vez que cogimos
me hizo creer en la posibilidad del cielo. 
De un Dios.

Aún es mi única razón para existir. 

Pero sólo dije: 
"Pene se oye menos vulgar"
y salí. 



Elena Pancorbo



SRITA. BLUE

Señores, 
como última voluntad
quiero mostrarles mi radiografía: 
soy morena clara
como una noche remojada de agosto.
Me gusta el agua,
pero cuando viene del cielo
me entristece.

Le temo a los vampiros
a pesar de que duermo
con la ventana abierta.

Alguna vez,
probablemente de niña, 
creí que un vaso de esperanza
no se le niega a nadie;
ahora sé
que estar marchito
no necesariamente
implica que estés muerto.

A estas alturas
no sé diferenciar 
catorce atardeceres
de dos cuerpos.

Y mi capacidad de formar parte de un todo
decrece
en proporción directa al aumento
del azul en mis córneas.

La mayor parte del tiempo
preferiría dormir,
estar leyendo,
o hacer el amor con alguien
digno de quitarle a mi angustia
este olor a soledad. 

Pero 
para cualquiera de las tres
se requiere de tiempo y energía: 
olvidé mencionar
que estoy obscenamente enferma
de fastidio
frigidez en el habla,
y demás afecciones nerviosas 
que conlleva
dejar de tener diez años.

Señores, 
hay algo cuando río
que no me deja ser
completamente honesta. 

Todo lo dejo a medias.
Desde hace años cuando me acuestio
sueño sombras corriendo tras de mí. 

Los perros me dan lástima
por fieles, 
por estúpidos; 
a veces no me gustan los gatos
pero en mi casa han habido hasta doce.

Me siento fracasada
y el entusiasmo me dura lo mismo
que la erección de un hombre a los sesenta.

Aun así,
hay gente que me envidia
y lucha por destrozarme. 
No soy ninguna víctima
pero lo más ridículo
es 
que han logrado
acabar con la ración de fe
que el buen Dios me vendió
a cambio de mi silencio. 

Ya que hablamos de Él
déjenme confesar
que soy una traidora.
No creo en el infinito.
Por diecisiete años
he visto los milagros
como una transacción.
Me di un receso
y ahora busco la fe
plenamente consciente de mi incapacidad
para confiar.
Sólo por miedo a condenarme. 

Señores: 
es todo lo que puedo declarar en mi defensa. 
Como última voluntad
quiero venderles mi radiografía.

Vamos a imaginar 
que es el retrato
de la perfecta niña feliz
políticamente correcta,
y cuélguenla en la estancia 
de una casa
cualquiera. 


Más de Atenea Cruz: aquí.

Más de Elena Pancorbo: aquí. 

Canek (fragmento)




No basta la doctrina de Jacinto Canek
para entender por qué cuando miro las estrellas
siento que me hundo; 
como tampoco le basta el cielo a la poesía, 
ni la tristeza a la insistencia
ni el asombro a lo que muere.

No entiendo.
¿Por qué sigue siendo insuficiente 
el acto de voltear hacia arriba? 
¿Por qué amo al maya sobre el sendero, a oscuras,
descalzo, puesto en el libro? 
¿Para esto sirven los libros, Canek?

martes, 6 de marzo de 2018

Poemas de Rupi Kaur

By Ricardilus

Sobre la naturaleza del cuerpo de una mujer 

Al parecer es de mal gusto el mencionar mi período en público pues la biología de mi cuerpo es demasiado real. Está bien el vender lo que está entre las piernas de una mujer mucho más de lo que está bien el mencionar su funcionamiento interno. El uso recreativo de este cuerpo es visto como hermoso, mientras que su naturaleza es vista como algo feo.




Sobre la libertad de expresión

Así que dime que me calme porque mis opiniones me hacen menos hermosa, pero no fui hecha con un fuego en mi vientre para poder ser sofocado. No fui hecha con una claridad en mi lengua para que fuera fácil para mi el tragar. Fui hecha fuerte, mitad espada mitad seda, difícil de olvidar y no fácil de seguir por la mente.


Sobre el vello corporal 

La próxima vez que él señale que el vello de tus piernas esta creciendo nuevamente, recuérdale a ese chico que tu cuerpo no es su hogar, que él es un invitado, adviértele que no limite su bienvenida.


Sobre ser fuerte

Las palabras más amables que mi padre me dijo: mujeres como tú extinguen océanos.


sábado, 17 de febrero de 2018

La víbora de Silvia Madero

Fotografía: Yoliztli Ramos.

Mamá está enamorada
cuando baja los parpados como dos ventanitas
que ven caer las estrellas

Sus labios mecen la noche
mientras un vaso yace a la deriva

Blanca la piel, blancos sus pliegues
Un reptil merodea su sombra/Ella está distinta

Bifurca su cuello
y una parte de él se enreda como una serpiente
que pasa a tientas por el suelo
a través de los pies de las personas

Mamá está enamorada

Lo dice el aroma que desprenden las flores que ha puesto en su sostén
y su lengua sempiterna que lame las heridas de él
que la imagina en algún espacio de la tierra, él

Mamá es una mujer que guarda los años debajo de los ojos
A veces los muestra en una mirada o en un llanto
y en sus dientes que son puente a una sonrisa
y en sus manos que son la noche que guarda los escombros del hombre

Mamá está enamorada
y su corazón cuando cae no revienta
porque algo en el mundo lo sostiene.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Cuatro poemas de Martha Lizarzaburu

Fotografía por Yoliztli Ramos.




SOBRE EL BARRO DEL MUNDO

Mis pies caminan
sobre el barro del mundo.
Soy su misma dulzura que se enciende
en cada angustia con la misma verdad.

Ser terrestre,
ato la soledad a la esperanza.

Y me siento vivir en la vehemencia
del fruto amanecido.





VISIÓN RECOMENZADA EN EL SILENCIO

Me busco.
Me camino.

Una nueva verdad sobre mi tiempo me ahorra
la esperanza.

Cada día distinta,
desemboco en esta ardua soledad:
me reconozco en mi visión más íntima
y recobro mi sueño
desterrado de la lumbre frugal.

Aquí mi corazón es el comienzo
de todo canto
y de toda alegría pequeña.

Más allá,
las estrellas de siempre
y los mismos silencios acoderados en la niebla.





PEQUEÑA HISTORIA

Un día
mis iluminaciones se volvieron palabras
y me empezó a crecer sobre los pies la
tierra.

Nevé mi nieve oscura
para que en las alondras se me ahuyentara
el alba.

De tierra el dulce harapo suspendido del
alma.

Y el dolor de las manos sobre el
viento: curvatura sonámbula.

Liana de piel en tránsito
anudada al silencio de la página.

A la armazón insólita del tiempo
a la hora sin cenizas y sin lágrimas.

Entonces las alondras cruzaron ligaduras a
sus sombras delgadas, y me empezó a crecer
sobre la voz la nieble
y sobre el corazón
el camino hacia un cielo de paja.





MEMORIA DEL FUTURO SILENCIO 

Es así como tengo que madurar mi muerte:
a pasos desolados.

Entre el hueso y la piel,
el ascua negra desbordará cansancio,
y quedará en silencio la tersura
de mi cuenco de tierra.

La sed.
Esta llovizna inconmovible
sobre el rostro.

Y mi muerte en sigilo
inventando sonidos en los charcos.




Poemas tomados de la antología Ocho poetas tanáticas del Ecuador.