jueves, 26 de mayo de 2022

En la tierra de nadie de Carmen Conde


En la tierra de nadie, sobre el polvo

que pisan los que van y los que vienen,

he plantado mi tienda sin amparo

y contemplo si van como si vuelven.

Unos dicen que soy de los que van,

aunque estoy descansando del camino.

Otros “saben” que vuelvo, aunque

me calle;

y mi ruta más cierta yo no digo.

Intenté demostrar que a donde voy

es a mí, sólo a mí, para tenerme.

Y sonríen al oír, porque ellos todos

son la gente que va, pero que vuelve.

Escuchadme una vez: ya no me importan

los caminos de aquí, que tanto valen.

Porque anduve una vez, ya me he parado

para ahincarme en la tierra que es de

 nadie.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Que tanto y tanto amor se pudra...

Lamento el sensible fallecimiento del poeta Eduardo Lizalde, quien habrá dado voz a los sentimientos más intensos y complejos. Desde la furia, el despecho, el dolor convertido en ángel furioso, que antes era amor, agradezco tus palabras que abrigan mis íntimas desdichas. 

AJ





Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses;
que se pierda
tanto increíble amor.
Que nada quede, amigos,
de esos mares de amor,
de estas verduras pobres de las eras
que las vacas devoran
lamiendo el otro lado del césped,
lanzando a nuestros pastos
las manadas de hidras y langostas
de sus lenguas calientes.

Como si el verde pasto celestial,
el mismo océano, salado como arenque,
hirvieran.
Que tanto y tanto amor
y tanto vuelo entre unos cuerpos
al abordaje apenas de su lecho se desplome.

Que una sola munición de estaño luminoso,
una bala pequeña,
un perdigón inocuo para un pato,
derrumbe al mismo tiempo todas las bandadas
y desgarre el cielo con sus plumas.

Que el oro mismo estalle sin motivo.
Que un amor capaz de convertir al sapo en rosa
se destroce.

Que tanto y tanto amor, una vez más, y tanto,
tanto imposible amor inexpresable,
nos vuelva tontos, monos sin sentido.

Que tanto amor queme sus naves
antes de llegar a tierra.

Es esto, dioses, poderosos amigos, perros,
niños, animales domésticos, señores,
lo que duele.


Eduardo Lizalde

Tengo 23 años...

 

Damien Cuypers



Tengo veintitrés años y tengo canas.

Tengo veintitrés años y estoy a nada de la fase terminal.

Tengo insuficiencia renal,

tengo dos riñones que decidieron ser colibríes

algo en mi sangre tiembla

y está herido

amenazan con volar.

Tengo veintitrés años y aún sueño

con volar sobre ciudades de imposible arquitectura.

Tengo una dieta restrictiva.

Llevo meses sin saber lo que es la tersura de la leche

por la noche y la mañana.

Tengo veintitrés años y tengo el pelo largo

sucio y débil.

Se me deshace en las manos cuando lo peino.

Tengo veintitrés años y aún quiero ser mangaka

poeta y loca

Tengo veintitrés años y me emociono escribiendo

historias de mujeres solas, enamoradas

no correspondidas o borrachas en la madrugada

Tengo veintitrés años y les juro que amo mis canas.

 



sábado, 7 de mayo de 2022

Continuidad de los finales


Ilustración: María Conejo



Para W.

 

No sé cómo se construyen los finales.

Ayer volví noche a la casa

y encontré unas semillas que dejaste

aquellos días que estabas aquí fumando hierba

o cigarrillos.

Siempre en tu mano tan delgada y larga una cerveza,

algunos días, el agua de fruta que te preparaba.

Aunque yo no pudiera tomar agua

pero tomaba a tu lado, un poco.

Tomé un poco también de cerveza.

También fumé dos que tres cigarros.

Quisiera regar todas las semillas en mi cama

y formar tu cuerpo o traer el verde de tus ojos.

Ya no es posible, las tiro a la basura.

Esa foto tuya en la playa

con los pocos tótems donde deposité mi amor:

una pluma, un sol, una luna, una piedra preciosa,

me dejó cálido el corazón.

No sé cómo se construyen los finales,

pero una noche nos abrazamos

y no mentí al decirte

que te quería con todo y tus defectos.

 

 

 

viernes, 8 de abril de 2022

En este sentido, el siglo XX ha muerto de risa...

La risa se ha vuelto la respiración y la sangre de la sociedad humorística que es la nuestra. No hay manera de escapar de ella: la risa es obligatoria, los espíritus quejumbrosos son puestos en cuarentena, la fiesta se quiere permanente. Desde el mundo político a los medios de comunicación y desde el colegio al club de la tercera edad, el traje de cómico es de rigor. El humor universal, estandarizada, mediatizado, comercializado, globalizado, conduce al planeta. ¡Pero esta risa es otra cosa que un rictus obligado? Cuando ya no hay lo serio, ¡puede haber todavía risa? El mundo debe reír para camuflar la pérdida de sentido. No sabe adónde va, pero va riendo. Ríe para disimular. Esta risa no es una risa de alegría, el a risa forzada del niño que quiere tranquilizarse en la oscuridad. Habiendo agotado todas las certezas, el mundo tiene miedo, y no quiere que se lo digan; entonces fanfarronea, se pretende cool y soft, ríe tontamente de cualquier cosa, sólo para escuchar el sonido de su propia voz. Es en este sentido que el siglo XX murió de risa, y que al mismo tiempo anuncia la muerte de la risa.

El Siglo XX muerto de risa, la era de la burla universal, George Minois, traducción de José Miguel Barajas García

jueves, 24 de febrero de 2022

Peregrino de Luis Cernuda

 




¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

Luis Cernuda

jueves, 22 de julio de 2021

Canción de amor y pena de Yehuda Amichai

Mariana Motoko



Mientras estuvimos juntos

fuimos un par de tijeras provechoso.


Después de separarnos

éramos nuevamente un par de cuchillas afiladas

clavadas en el cuerpo del mundo

cada una en su propio lugar. 

domingo, 18 de julio de 2021

Un poema de Tilsa Otta

Gemma Capdevila

 


Uno sabe dónde debe estar

             como el mar
estás aquí
                           y luego               allá
      te acercas                                              te alejas
                                                                                                      abrazas
             y sueltas
creces                                    como                                el                                  mar
                                                              que empezó
             como una persona
sola

 

 


Hojas en llamas de Louise Glück


Las hojas muertas atrapan el fuego rápidamente

y también así se queman, en poco tiempo

cambian de ser algo a ser nada.


Mediodía. El cielo impasible, azul,

bajo el fuego, hay tierra gris. 


Qué pronto desaparece todo, qué rápido

el humo se aclara. 

Y donde había una pila de hojas,

surge un vacío que de pronto parece vasto. 


Cruzando el camino, un chico está mirando.

Permanece largo rato viendo las hojas arder. 

Tal vez así es como descubres que la tierra está muerta,

al incendiarse.

domingo, 11 de julio de 2021

Un poema de Bob Hicok






Mi mano izquierda vivirá más tiempo que la derecha.
Los ríos de mis palmas me lo dicen.
Nunca discutas con ríos. 
Nunca esperes que sus vidas terminen juntas.
Pienso que rezando, aplaudiendo es como las manos lloran. 
Y pienso que esperar y quedarse  hasta que las pinturas suspiren es ciencia.  
En otra dimensión esto es exactamente lo que está pasando.
Es sobre lo que escriben las subvenciones: la cromodinámica de los silbadores tristes, 
la audible pena y la decadencia beta del Viejo Puente de Battersea. 
Me gusta la idea de lo diferente
allí y en otros lugares, un Idaho conocido por su pasto azul, un Bronx donde las personas
hablan con perfume a violetas. 
Tal vez, estoy en un lugar paciente, de alguna manera
amable, tal vez en el rincón
de un universo paralelo donde nunca profané ni traicioné a alguien. 
Aquí tengo dos manos y están desapareciendo
el hueco de tu espalda contra el cual descansa mi barbilla,
tu voz y un poco más que mi asiduo miedo a acariciar.
Mis manos están enredadas como una telaraña deshecha por el viento,
como si apretaran algo en el útero pero no pueden aguantar. 
Uno de esos otros mundos o una vida que sentí
pasar a través de la mía, o el océano al interior del vientre de mi madre
que extrajo en un grito. Aquí cuando digo "No quiero estar sin ti nunca"
en algún otro lugar también digo "No quiero estar contigo otra vez". 
Y cuando te toco en cada uno de los lugares que conocemos,
en todas las vidas que somos, son con manos que están muriendo y resucitan.
Cuando no te toco es un error en alguna vida, en alguna parte y por siempre.