domingo, 18 de julio de 2021

Un poema de Tilsa Otta

Gemma Capdevila

 


Uno sabe dónde debe estar

             como el mar
estás aquí
                           y luego               allá
      te acercas                                              te alejas
                                                                                                      abrazas
             y sueltas
creces                                    como                                el                                  mar
                                                              que empezó
             como una persona
sola

 

 


Hojas en llamas de Louise Glück


Las hojas muertas atrapan el fuego rápidamente

y también así se queman, en poco tiempo

cambian de ser algo a ser nada.


Mediodía. El cielo impasible, azul,

bajo el fuego, hay tierra gris. 


Qué pronto desaparece todo, qué rápido

el humo se aclara. 

Y donde había una pila de hojas,

surge un vacío que de pronto parece vasto. 


Cruzando el camino, un chico está mirando.

Permanece largo rato viendo las hojas arder. 

Tal vez así es como descubres que la tierra está muerta,

al incendiarse.

domingo, 11 de julio de 2021

Un poema de Bob Hicok






Mi mano izquierda vivirá más tiempo que la derecha.
Los ríos de mis palmas me lo dicen.
Nunca discutas con ríos. 
Nunca esperes que sus vidas terminen juntas.
Pienso que rezando, aplaudiendo es como las manos lloran. 
Y pienso que esperar y quedarse  hasta que las pinturas suspiren es ciencia.  
En otra dimensión esto es exactamente lo que está pasando.
Es sobre lo que escriben las subvenciones: la cromodinámica de los silbadores tristes, 
la audible pena y la decadencia beta del Viejo Puente de Battersea. 
Me gusta la idea de lo diferente
allí y en otros lugares, un Idaho conocido por su pasto azul, un Bronx donde las personas
hablan con perfume a violetas. 
Tal vez, estoy en un lugar paciente, de alguna manera
amable, tal vez en el rincón
de un universo paralelo donde nunca profané ni traicioné a alguien. 
Aquí tengo dos manos y están desapareciendo
el hueco de tu espalda contra el cual descansa mi barbilla,
tu voz y un poco más que mi asiduo miedo a acariciar.
Mis manos están enredadas como una telaraña deshecha por el viento,
como si apretaran algo en el útero pero no pueden aguantar. 
Uno de esos otros mundos o una vida que sentí
pasar a través de la mía, o el océano al interior del vientre de mi madre
que extrajo en un grito. Aquí cuando digo "No quiero estar sin ti nunca"
en algún otro lugar también digo "No quiero estar contigo otra vez". 
Y cuando te toco en cada uno de los lugares que conocemos,
en todas las vidas que somos, son con manos que están muriendo y resucitan.
Cuando no te toco es un error en alguna vida, en alguna parte y por siempre. 

domingo, 27 de junio de 2021

Palabras de Kamala Das

 

Sueño en otro idioma, Ernesto Contreras.



                                 

Todo a mi alrededor son palabras, palabras y más palabras, 

crecen en mí como hojas,

no parecen detener nunca su lento crecimiento

desde muy adentro...

Pero me digo a mí misma que las palabras son peligrosas,

que hay que tener cuidado con ellas,

pueden ser tantísimas cosas:

un abismo donde los pies que corren deben detenerse,

mirar un océano con olas hipnóticas, 

una explosión de aire caliente, 

o un cuchillo dispuesto a cortar la garganta de tu mejor amigo.

Las palabras son un peligro pero crecen en mí

como en un árbol,

no dejan de llegar del silencio,

de un lugar muy profundo 

muy adentro. 


Poema: Kamala Das

Traducción: Arely Jiménez




miércoles, 16 de junio de 2021

Combate de Clementina Suárez




Yo soy un poeta,
un ejército de poetas.
Y hoy quiero escribir un poema,
un poema silbatos,
un poema fusiles
para pegarlos en las puertas,
en la celda de las prisiones,
en los muros de las escuelas.
Hoy quiero construir y destruir,
levantar en andamios la esperanza.
Despertar al niño
arcángel de las espadas,
ser relámpago, trueno,
con estatura de héroe
para talar, arrasar
las podridas raíces de mi pueblo.

domingo, 13 de junio de 2021

El espejo de Kamala Das

Elena Odriozola


Hacer que un hombre te ame es fácil. 

Solo sé honesta sobre tus deseos como mujer.

Párate desnuda con él frente al espejo.

Así podrá verse a sí mismo como el más fuerte

-eso cree él-

y a ti, mucho más suave, 

más joven, más adorable.

Acepta tu admiración. 

Nota la perfección de sus extremidades, 

sus ojos enrojeciendo bajo la regadera,

su caminar tímido por el piso del baño, 

tirando las toallas 

y la manera torpe en la que orina.


Todos los detalles de fondo que lo hacen

hombre y el único hombre para ti.

Obséquiale todo.

Regálale aquello que te hace mujer,

el aroma de una cabellera larga, 

el almizcle dulce entre los pechos, 

la tibia colisión de la sangre menstrual

y todas tus interminables hambres venusinas. 

Sí, conseguir que un hombre te ame es fácil, 

pero vivir después sin él debe ser enfrentado. 


Un vivir sin vida avanzando, conociendo extraños, 

con tus ojos que dejan de buscar,

con oídos que solo escuchan la última vez

que pronunció tu nombre

y un cuerpo que solo bajo su tacto 

brillaba como latón bruñido, 

ahora grisáceo y empobrecido.


Kamala Das (India, 1934-2009)

Traducción: Arely Jiménez (México, 1992).


miércoles, 9 de junio de 2021

Tres poemas de Nizar Qabbani

Ana Jarén


LENGUAJE


 Cuando un hombre está enamorado

¿Cómo puede usar palabras viejas?

¿Debería una mujer que desea a su amante

acostarse con gramáticos y lingüistas?


No dije nada a la mujer que amaba

pero guardé en una maleta 

los adjetivos del amor

y hui de todos los lenguajes. 



LA LUZ ES MÁS IMPORTANTE QUE LA LINTERNA


La luz es más importante que la linterna,

el poema es más importante que el cuaderno,

y el beso es más importante que los labios. 

Mis cartas para ti

son más grandes e importantes que nosotros.

Son los únicos documentos

donde el mundo descubrirá

tu belleza

y mi locura.


NO TENGO EL PODER


No tengo el poder de cambiarte

o explicar tus maneras

Nunca creas que un hombre podrá cambiar a una mujer

Esos hombres son solo charlatanes

que piensan

que ellos crearon a la mujer

de una de sus costillas.

Las mujeres no salen de la costilla de un hombre, nunca.

Es él quien sale de su útero

como un pez elevándose de las profundidades del agua

como arroyos que echan raíz del río

Es él quien forma círculos  bajo el sol de sus ojos

e imagina que está fijo en un lugar.


No tengo poder para domarte

o domesticarte

o mitigar tus instintos fundamentales.

Es una misión imposible.

He probado mi inteligencia contigo

también mi estupidez

nada funcionó contigo, no hay una guía. 


Traducción del inglés: Arely Jiménez

domingo, 2 de mayo de 2021

La máscara (fragmento) de Jorie Graham


Al morir, Papá quería protector solar. Todo el tiempo. Se ponía frenético si paraba. 
Podía decir "protector", y nosotros le poníamos. Él sabia que estaba muriendo. 
Estaba molesto. En las últimas semanas, usó una máscara roja para dormir sobre 
sus ojos día y noche. La ponía sobre su frente por breves intervalos, luego la bajaba, con la mano que aún podía moverse. Un poco. A veces temblaba demasiado entonces gritaba ojos. Gritaba ahora, ahora. Una vez gritó luz, parecía más un silbido, estaba allí para eso. Lo tiré rápidamente. Lo necesitaba terriblemente, el vendaje, el

mundo es un pequeño lugar, quería que la imagen de él desapareciera, no ver, 
no quería afuera. Pero estoy adivinando. Los viñedos cuesta abajo, cada brote latente comienza a crecer. A la distancia, montañas. Más allá, el océano.
Todo eso una distracción, pero de qué. Un desperdicio de qué. La máscara roja.
La debí haber quemado con todo lo demás pero la guardé. El panel hizo que los árboles parecieran pintados. Sedoso. No tan sedoso. Una vez en el siguiente valle, martilleo. Pensé que era humano al inicio. Los pájaros carpinteros continuaron

por días. Un carnaval en busca del vacío. Qué tan lleno está el vacío. Diminutos mechones de pasto creciendo para que pueda hacer un registro. Echar raíces no es una forma fácil de encontrar un lugar donde permanecer. Tal vez nada había pasado después de todo. El hueco vacío ahora agrega grillos. Arañas construyendo caminos en el cielo. Yo miro. Veo hacia, después a través. ¿Qué parte está vacía? Dónde. No encuentro nada que esté vacío. Parece que debería, y pronto, a dónde habrá ido, o a dónde el lugar sanguinolento sobre la cama donde

él había sido. Estar lleno de. Él era un habitante en esa carne, eso es lo que pude ver. No muy lejos de levantar el campamento. Envolviendo cada órgano en partes — la piel enrollada, los ojos enrollados en otro lugar, los dedos echados de lado —ceniza, ceniza —todo él como una moneda en el aire, a quién amo, qué parte, qué está en el quién, qué en el después, en verdad existe un después, porque si es así no puedo percibirlo.

domingo, 13 de septiembre de 2020

CARTA ABIERTA por Arely Jiménez

Caroline Mackintosh 


Para ORT

Dedicado a Cesar Cossio


Hace frío y es de noche.

No sé si ahora el insomnio amenaza
o se trata de ideas oscuras

que flotan en el ocio
y muerden como verdades.
Tal vez sea que alguien abrió una puerta.

Por eso hace frío. 
O tal vez sea esta necesidad de recortarnos    
partir el tiempo y decir hace frío, hace calor
por no decir: duele

por no decir: no lo sé.

No lo sé.

¿Recuerdas cuando soñaste que nadábamos?

En el papel hay agua, arena y una canción.  
Estás cantando algo y mientras cantas,

bailas como imitando las olas. 
Una tortuga que nada distraída a tus pies,

luego se pierde en una hondura que no comprendemos, pero nos cautiva. 
Lo que flota allá lejos son los dos hombres que vi ahogarse 
la primera vez que vine.

Entonces, el mundo fue una mirada larga

que diseccionaba un grito,

hasta obtener una respuesta groseramente obvia.

Pero, debo decírtelo, para eso sirve el mar

para sabernos obvios. 
El agua no nos permite comprender su mecanismo  
y nos reconocemos como fetos, protozoarios o un pañuelo, 
como algo pequeñito y ligero en el oleaje
porque sólo flotamos, ¿sabes?

No entramos con calma a la vida.

De algún modo, tú siempre lo has sabido.

Hace frío y también hace hambre.

Del papel brotó un árbol y escribo con ligereza

la palabra sombra para invocar la tarde.

Tal vez porque pronto anochecerá.

O porque se ha ido el mar.  
Por eso el hambre.

Porque se me acaban las palabras.

Ya no sé si el hambre es la forma más íntima del grito
o el grito lo es del hambre.

 

Ninguna palabra ha saciado un estómago.

Mucho menos palabras como éstas: 
palabras que hablan de palabras

que presentan palabras

que pretenden ser objetos

el mar, un árbol.

Ningún papel merece estos ecos.
Por eso no talaré el árbol que ha crecido en la hoja,

Por eso no invocaré ahora tu voz

pero sí tus manos

para abrir un surco en esta tierra blanca.

Vamos a sembrar flores y no haremos ramos con ellas.

¿Recuerdas cuando fuimos al mercado y me regañaste

por haber comprado ese crisantemo?

Dijiste: Si la flor recién cortada pudiera mirarse

no sabría si llorar conmovida por su belleza

o por su muerte.

He dibujado, sin darme cuenta,

la ciudad en la que vivimos juntos un tiempo.

Aquella ciudad en la que la nube

y la lluvia germinaban míticas arquitecturas de niebla,

donde una poeta vio suspirar a dios.

Escucha. Ahora llueve. 
La lluvia disimula nuestra tristeza,

nos mira tristemente: 
en el fondo quiere ser abrazada,

tener en el vientre árboles y niños que salpican la acera.

Pero apenas soporta el movimiento de hombres grises y sabios. 
Es necesario decirlo: de nada vale saber esto.

Saber que hay un minotauro escondido en mi cuerpo, 
escondido en la ciudad;

buscarlo es encontrarse:

Yo también he embarrado  mi mano con la sangre de otros
y me he calentado con ella el corazón.
He sido una piedra: 
he dejado estallar a los que amo sin reunir sus partes.
He pasado impunemente frente a las mujeres que gritan

y el niño que llora.

También he sido una larga mirada sin voz, 
una soledad ciega y azul que camina por las calles,
celosa de su llanto

hambrienta de ternura.
Me he salvado, lo confieso.

Pero sé que en el fondo
conjuramos la dulzura como un amuleto
y no tenemos a quien preguntarle

pero aun así preguntamos
en silencio:

¿Soy bueno?

Te digo esto con la boca partida

Te digo esto a ladridos.

Porque es necesario.
Pero no sólo será rabia.

No todo será inyectar de anquilosado odio.
No, señalar la luz, no.       Tampoco morder la luz, 
tampoco derramarla sobre las sombras. 
No iluminaremos a nadie.

Trabajaremos         con sangre       con pan     con tierra     con el otro:

con esa patria olvidada del prójimo.

En esta hoja la crueldad  palpita tiernamente 
y duerme la bondad como un niño que se arropa
con la manta de tus manos.
Dame tus manos, otra vez.

Aquí está oscuro. 
Es de noche y llueve.

Tal vez porque estoy llorando.

Porque sonrío.

Porque el papel ya se acaba

porque mis dedos están helados.

Miro las flores en la hoja: están brillando.
las personas congeladas en el mercado,

el crisantemo que compré sólo para admirar su muerte,

los callejones y la niebla de nuestra ciudad, 
incluso la espuma en la boca y los orificios nasales de los ahogados brilla.

Todo brilla pacíficamente.

Ser luz: brillar, apagarnos.

Nadie muere. Lo sabes. 
Morir es otra manera de estar vivos.


domingo, 5 de julio de 2020

El vacío brilla






Siempre me pregunté cómo sería este día

Acaricié con las yemas de mis dedos los nervios de tus manos

Me gustaba pensarte como un árbol

Ahora te veré en cada uno de ellos y tal vez sonría

En el vacío está la luz, pienso

Vuelvo a la soledad como quien alquila una casa nueva 

El piso refleja la luz del sol

El vacío brilla

Y una se emociona 

Y piensa en las plantas, los muebles, algún cuadro

Quiero guardar en este poema tu mano

La que tomé tantas veces en una camilla de hospital

Quiero guardar en este poema

Tus ojos 

Pero sobre todo tu mano

A la que me aferré cuando el líquido dializante

Se abría paso por mi cuerpo 

Tibia y dolorosamente

La mano que tomé antes de entrar al quirófano

Creo que quisiste llorar, dijiste muchas cosas

Pero no adiós

No tenemos lenguaje para los finales

El final no necesita palabras

Porque las palabras son puentes

Son excusas

Te sostienen cuando tienes un pie dentro de la muerte

Si no lo sabré yo

Y porque yo lo sabía perfectamente

Solo te besé

Y te dije gracias.